MAROSA

Una poeta que revive en escena

Dos montajes apelan a las diversas artes para escenificar la obra de la gran autora salteña.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Esta noche se estrena en el Solís "Rosa bailando", que llega a Argentina. Foto: archivo El País

Marosa di Giorgio (1932-2004) fue una persona muy teatral, y quien la vio la recordará con su maquillaje intenso, su pelo rojizo y sus muchos accesorios. Su literatura, hermosa, tuvo igual o más teatralidad que ella, con sus escenas cargadas de misterio, y sus personajes intensos. Por eso, sus libros vuelven una y otra vez a los escenarios, y cada vez con más frecuencia, aquí y en Buenos Aires.

En estos días, dos espectáculos se ocuparán de ella: hoy y mañana se presenta en la Sala Zavala Muniz Rosa brillando, que llega desde Argentina para dar dos funciones. "Este espectáculo toma textos de Marosa: fuimos armando una especie de cronología arbitraria, en relación a sus grandes temas. Buscamos llevar la poesía a escena, y a la vez trascender la palabra y ponerla en escena a través de imágenes y música", explicó a El País Vanesa Maja, actriz que ganó el Premio Trinidad Guevara por este trabajo, en el rubro Revelación.

Marosa es un mito del otro lado del Plata, y son muchos los artistas que la han hecho brillar en escena. "Allá resuena mucho, hay mucha gente que es bastante fan. No sé si su obra resuena en algo particularmente porteño: ella tiene un universo único y especial, que resuena con la sensibilidad de la gente. Porque en realidad, Buenos Aires no tiene nada que ver con los relatos que ella hace, algo tan natural, tan de las chacras. Aunque Marosa también tiene esa parte medio italiana, y eso tal vez sí conecte mucho con Argentina, donde hay tanta cosa italiana", agrega Maja, quien subirá a escena hoy y mañana a las 20.00, bajo dirección de Juan Parodi.

Un registro muy distinto transitará Andrés Stagnaro con Juana, Marosa y Delmira, donde conjuga a tres grandes de la literatura local. El domingo 10 de abril a las 19:30 en la Sala Balzo, el músico abordará el arte de estas referentes de la poesía uruguaya, en un espectáculo multidisciplinario.

"La obra de Marosa es la más difícil de musicalizar de las tres, porque es prosa. Incluso en algunos casos, sus textos los hago más dichos que cantados", señala Stagnaro, quien en el show alternará la obra de las tres creadoras. En escena estarán también Esteban Grille, Franco Grosso, Ismael Pardo, Luis Ravizza y Jorge Alastra, junto a la bailarina Romina Pérez, encargada de aportar danza a las palabras y las notas. Musicalmente el show será intimista y muy baladístico, por más que tengo tangueces y hasta algo de murguita.

Rosa brillando y Juana, Marosa y Delmira son dos de los muchos ejemplos sobre cómo la obra de la notable artista salteña admite mil formas en escena. Hacia fines del año pasado, el artista argentino Fernando Noy se presentaba en un boliche del Parque Rodó para ofrecer la poesía de Marosa desde un gesto performático. También José Arenas y Braulio Marchisio fueron a los textos de la gran salteña en Te quiero obsceno, que ofrecieron en Tractatus el pasado febrero. Y de hecho, la propia Marosa participó alguna vez de interesantes experiencias escénicas, como cuando trabajó en dupla con la artista plástica Teresa Puppo.

Hoy Marosa cobrará en escena otra nueva forma. "Rosa brillando cuenta con varias patas: la poética de Marosa, a quien admiramos y con quien nos deleitamos muchísimo, con sus palabras y sus imágenes. Por otro lado, hay un músico en vivo, Gonzalo Gamallo, que está todo el tiempo haciendo una especie de partitura, apoyando desde lo climático y desde lo sonoro. Y también trabajamos con un retroproyector, que nos permite armar unas imágenes, que yo misma voy desplegando en escena. Nos alejamos mucho del recitado: nos gusta pensar que es un espectáculo que apela a todos los sentidos. Hay una cosa muy importante con lo sonoro, con lo auditivo, lo olfativo, lo visual y lo táctil", describe Maja.

Rosa bailando fue estrenada en 2010, y el grupo la viene haciendo desde hace años, en diversas salas. "En el espacio que más la hicimos es en una casona en La Boca, en Buenos Aires, en una casa muy antigua, muy hermosa, con patios: nos gustaba pensar que también podría haber sido la casa de Marosa. También la hicimos en muchas provincias, ahora estuvimos en un festival en Bolivia, y nos vamos adaptando bastante a las salas. Esta sala, Zavala Muniz, es preciosa, así que creo que va a quedar muy bien allí", remata la actriz y cantante argentina.

Stagnaro, por su parte, es salteño y sus primeros contactos con Marosa se dieron en su infancia. "Somos coterráneos. La recuerdo como aquella mujer extravagante, de zapatos rojos, en Salto, cuando yo era chico. Luego supe quién era. Era alguien de otro mundo. Luego acá en Montevideo, cuando ya hablaba con ella, siempre me pareció completamente delicada, sensible. Yo tenía la sensación que uno tenía que cuidarse, al hablar con ella, para no quebrarla, como si fuera un cristal. Pero una cosa es cómo ella se expresaba como poeta, y otra era en la conversación. Ella hablaba, pero no demasiado. La recuerdo como bastante parca", evoca el autor de Juana, Marosa y Delmira.

EL CAMINO HACIA LA CREADORA SALTEÑA.

Actriz que canta para encontrar a Marosa di Giorgio.

No va a ser la primera vez que la actriz y cantante Vanesa Maja se presente ante el público uruguayo, aunque sí es la primera vez que lo hace en un solitario, desde un exigente protagónico. La artista ya había actuado en Montevideo en "Estado de ira", aquella impresionante puesta en escena de Ciro Zorzoli que se vio en El Galpón en 2011, volviendo luego con "Tirano Banderas", proyecto internacional que se dio en 2014 en el Solís.

"Yo soy más actriz, y canto. Este es el tercer espectáculo unipersonal que hago, y siempre canto en los espectáculos, más que nada en los unipersonales, en los que uno se da el gusto de hacer lo que quiere. Acá, en Rosa bailando, hay tres canciones cantadas", adelanta Vanesa Maja.

Junto a la música, otro elemento a tener el cuenta es ese retroproyector, que suma códigos escénicos a la voz y los sonidos. "Es un aparato mecánico, bastante antiguo, en donde nosotros proyectamos cosas muy simples, que podrían estar en una casa. Jarras, vidrios, cintas: pero tiene una cosa manual que es muy interesante. Uno va viendo cómo se van desplegando unos mundos que uno no esperaría ver. Y es en las antípodas de lo más moderno, de lo actual, que uno podría pensar", indica la artista, que puntualiza que la obra tiene humor, y momentos más hondos, y mucha empatía. "Hay mucha empatía con el público: el público, desde su mirada, está muy presente en la obra".

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