crítica: otelo, por la comedia nacional

Un Otelo renovado que conserva su esencia

Dan Jemmett escenificó una audaz versión del texto de Shakespeare

Otelo
Otelo. Foto: María Fernández Russomagno

El lunes pasado se celebró el 70° aniversario de la Comedia Nacional con el estreno de Otelo, que a partir de mañana se brinda al público en general. Y el montaje pudo desconcertar a algún espectador conservador. La audacia del director londinense Dan Jemmett para llevar el texto a escena fue considerable, aunque más allá de las rarezas que se pueden ver sobre el escenario del Solís, se puede decir que la escenificación es fiel a la creación de Shakespeare.

Algunas bienvenidas sorpresas infundió el director a la puesta en escena. Empezando por un número de café concert que se alterna con el correr de las escenas más tradicionales, en el que se cuentan chistes, bastante buenos por cierto. También la escenografía, muy eficaz, y el vestuario, están lejos de la época del autor. Pero todo ese ropaje no impide que el texto corra en escena felizmente. Más aun, ese marco le actualiza el sentido sin ir en contra del original. Ese es uno de los grandes aportes del director.

La buena mano de Jemmett como director se nota en el ágil fluir de las acciones, que hace que las dos horas 40 minutos de representación pasen sin peso y con placer. Pero más que nada, el aporte de este artista, que por primera vez trabaja en Uruguay, tiene que ver con el tono de las acciones, que en general transcurre arrebatadamente, y sin solemnidad. Y despojar de atildamientos una obra de Shakespeare implica representarla más próximo al espíritu de su época.

En el manejo de los elementos escénicos hay otro acierto significativo. El espectáculo tiene un decorado base, que recrea el entorno de una fiesta. De hecho, también los actores pasan discos, en esos intermedios que son como guiños a una fiesta juvenil. A partir de allí, algunos paneles bajan desde la tramoya, para recrear dos ambientes más: una cocina y un baño. Porque muchas de las conversaciones sustanciales pueden suceder en los baños.

Quizá le faltó a la resolución escenográfica algo de mayor dinamismo visual para un espectáculo tan largo, pero su eficacia están fuera de discusión. También es una gran idea que sea Yago (quizá el verdadero protagonista de la obra), el que maneje elementos de tramoya, en un juego entre los distintos niveles de representación. Sin excederse en guiños a la platea, el director agregó una humorada, un juego de confusiones que estuvo acertadísimo.

En todo ese marco, otro acierto fue la conformación del elenco, es decir, la asignación de los papeles según las características y posibilidades de cada actor. En ese sentido, el comentario unánime fue el trabajo de Diego Arbelo, quien acaparó la atención con un Yago lleno de matices y energía. El actor ya había demostrado en distintas ocasiones una gran capacidad para no repetirse de un papel a otro, que es uno de los grandes riesgos de los artistas de la actuación. En ese caso, además, se echó sobre los hombros un papel extenso y de mucho texto. Esa fue otro mérito del espectáculo: lo bien que corrió el texto, prácticamente sin tropiezos.

Apoyando al Yago de Arbelo, otros intérpretes aportaron desde distintos lugares. La formalidad de Fernando Dianesi encajó en la composición de su Casio, mientras Lucio Hernández brindó un Otelo algo envarado pero bastante ajustado al personaje. Quizá se esperaba más de Florencia Zabaleta, una actriz carismática que quedó un poco limitada por la transparencia de Desdémona.

La belleza de la palabra (incluso traducción mediante) es otro de los valores de este espectáculo, que invita a escuchar con atención un texto lleno de sentencias y frases ingeniosas. Mercedes Rein había traducido este texto para la versión que la Comedia hizo en 1976, y ahora la traducción de Sergio Albano le dio nueva vida.

Otelo es una historia magnífica, con gran capacidad para entretener (y hasta para hacer reír), y en este caso eso quedó probado. Y los trasfondos de sentidos que tiene son enormes, tanto a nivel de psicología de los personajes, como su discurso sobre el racismo o las cuestiones de género. Y el director invitado logró conjugar todo eso, con un montaje que tiene innovaciones formales, pero que conserva su esencia.

ficha

Otelo [****]

Autor : William Shakespeare. Dirección: Dan Jemmett. Traducción: Sergio Albano. Escenografía: Adán Torres. Vestuario: Paula Villalba. Con: Lucio Hernández, Fernando Dianesi, Diego Arbelo, Daniel Espino Lara, Florencia Zabaleta, Juan Antonio Saraví, Juan Worobiov. Sala: Teatro Solís. Funciones: viernes y sábados a las 20.00, domingos a las 18.00. Tickantel, $ 150.

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