Entrevista a Claudia Piñeiro

“El que antes leía hoy mira series”

La exitosa novelista argentina se presenta hoy en la Feria Internacional del Libro

Carolina Piñeiro
Carolina Piñeiro. Foto: Francisco Flores

Sencilla, tranquila, nada altanera, Claudia Piñeiro parece estar lejos de los estereotipos del novelista. Sin embargo, cuando empieza a hablar de literatura se acelera, y allí se nota su pasión por una profesión en la que ha logrado conjugar calidad y popularidad. El sábado a las 20.30, en la Feria Internacional del Libro, habló con el público sobre su última novela, Las maldiciones (Alfaguara), que estará presentando junto a la periodista Déborah Friedmann.

El nuevo libro trata de un joven ingresa al mundo de la política casi por casualidad, también por las razones equivocadas, y deberá afrontar las consecuencias. Lo más difícil de esta novela fue tratar de hacer una historia de ficción, tratando que sus personajes o situaciones no sean tomadas como referencias de la política concreta, explica la autora. “Podrían ser todos pero no es ninguno”, subraya.

“La novela la empecé a escribir sin pensar en la política: arrancó de una imagen, que tiene que ver con los personajes, como me suele pasar. Y esa imagen tenía que ver con un jefe y un asistente, en la que el jefe le explica por qué lo tomó, dos años después de haberlo tomado. Y como era una situación un poco ambigua, con cierta perversión, busqué en qué mundo eso se podía dar de manera más natural. Y me pareció que el mundo de la política era ideal para una situación así. La política era un buen marco para ese conflicto”, adelanta la autora de Las viudas de los jueves y Betibú. Cómo se forma un partido político, o cómo se arma un discurso, son entretelones que van surgiendo al leer Las maldiciones. “El discurso político se fue degradando, al menos en la Argentina. Antes había oradores que sus discursos eran como piezas literarias. Y hoy lo único que tenés son frases de marketing”, reflexiona la notable escritora.

-Tú estudiaste y trabajaste en contabilidad. ¿Qué tiene la novelista de la contadora?

-La obsesividad. Cuando trabajás con los números, todo te tiene que cuadrar: las dos columnas tienen que sumar igual. Y en el policial, por ejemplo, hay algo de eso. Aunque en literatura tenés que aflojar un poco. La obsesión en literatura está bien para buscar la palabra correcta, por la perfección. Pero luego, te tenés que dejarte llevar por que las columnas no cuadren. En literatura está bien que no cuadren las columnas.

-¿Hoy se venden menos los libros que antes?

-Argentina está en el segundo año catastrófico en la industrial editorial. Ahora dice que el próximo semestre... nosotros en lugar de Reyes Magos tenemos semestres. Siempre estamos esperando el semestre siguiente. Es probable que a principios del año que viene la cosa empiece a mejorar un poco. Pero se necesita mucha cintura para pasar estos dos años, porque hubo una baja de un 20 % en la venta de libros. Unos la pueden resistir y otros no.

-Pero más allá de las crisis, ¿hay una recesión mundial en las ventas?

-Bajó, como también bajó el rating de la televisión. Cuando yo escribía para la televisión esperábamos hacer 25 puntos de rating. Hoy, con siete o diez puntos, están festejando todos. Lógicamente, hay cosas que fueron derivando a otros formatos que te cuentan cosas, como Netflix. El que antes leía, hoy mira series. Pero es cierto. Bajó la cantidad de libros que necesitás vender para estar entre los más vendidos. Yo, Las viudas de los jueves, que fue un fenómeno, vendió más de 500 mil ejemplares. Todos mis demás libros vendieron cerca de 30 mil ejemplares. Pero en Argentina, un autor que vende cinco mil ejemplares, es un autor muy exitoso. Una editorial grande, para autores conocidos, buenos, tiran de 1500 a tres mil ejemplares. Y las chicas tiran 500 ejemplares o menos. Y antes era impensado una tirada de menos de 10 mil.

-A ti te han traducido a muchos idiomas. ¿En qué países, fuera de los de habla hispana, tenés más lectores?

-Sí, en los dos países que tengo más libros traducidos vendidos son Italia y Alemania, y luego Francia. Eso tiene que ver con las idiosincrasias, pero también con las editoriales. Me han traducido al polaco, al turco, al griego, al esloveno, al sueco, pero me han traducido editoriales más pequeñas, con tiradas más chicas. Y en Italia me traduce Feltrinelli, una editorial gigante, con mucha historia, que tiene librerías. Esas cosas inciden.

-¿Esos lectores, sentís que buscan como una ventana para acercarse más a Argentina?

-Sí, probablemente el tipo de literatura que yo hago tiene para el lector una connotación en la que enseguida está Argentina. Hay obras de otros autores que podrían transcurrir en cualquier otro lugar, que no tienen una relación tan directa. Incluso en Alemania me invitaron una vez a un festival que era sobre libros relacionados con ciudades, por Las grietas de Jara. Y en La Sorbona sé que hay un ensayo que vincula Las viudas de los jueves con la crisis del 2001. En esos casos hay una relación muy directa entre país y literatura. Pero por otra parte, los escritores tratamos que eso no se sobreexplote. Tengo colegas a los que, por ejemplo, el libro se llamaba Mi mamá y su angustia, y les ponen de título El tango que bailaba mi mamá. Siempre tratan de ponerte la palabra “tango” en el título, porque supuestamente vende más. Hay que cuidarse de eso. Porque hay un consumo de nuestras novelas como exóticas, para ver qué les pasa a los sudamericanos. El boom de eso fue más atrás. Ahora lo busca por el Este.

-¿De tus libros que han sido llevados al cine, cuál te dejó más satisfecha?

-Hasta ahora hay tres adaptaciones, y el 18 de enero se estrena una cuarta, Las grietas de Jara, que protagonizan Joaquín Furriel y Oscar Martínez. Yo vi las cuatro, y son adaptaciones muy diferentes, pero están bien, porque los directores tienen lógicamente que cambiar cosas para llevarlas al cine. Pero las dos que son más parecidas al libro son Tuya y Las grietas de Jara. Como esas son novelas más chicas, con menos historias secundarias, es más fácil contarlas en cine. Pero las otras dos necesitaban más cambios poder pasarlas a película. Marcelo Piñeyro, en Las viudas de los jueves, se apoya más en los personajes, y deja más de lado la parte policial. Y Miguel Cohan en Betibú hizo lo contrario. Se apoyó en el policial y dejó más de lado los personajes.

-¿Te pasa que te cuentan algo, y enseguida te piden que no lo incluyas en tu próxima novela?

-Pero también pasa al revés, que te dicen que tengo que contar algo, para que lo escribas. Eso es tremendo. Y todo el mundo cree que su historia es absolutamente excepcional. Y creen que con eso vas a hacer una gran novela. Y la novela tiene que ver con otras cosas.

-¿Cómo ve tu círculo de amistades que vos seas escritora?

-Con mis amigos que no tienen que ver con la escritura, yo siempre fui en todos los lugares, un poco rara, por decirte. Tengo una vida normal, pero me venían siempre como rara. Y cuando aparecí como escritora, es como que se tranquilizaron. Era rara porque era escritora

hitos

Tres mojones de una carrera

Las maldiciones, 2017
La historia de un joven que entra en el mundo de la política sirve de espejo para describir las debilidades del mundo político, donde desde el doble discurso hasta la magia o el crimen, todo parece valer.
Las viudas de los jueves. 2005
El libro más vendido de Piñeiro y uno de los que mejor describe a esa Argentina de la crisis del 2001. El lado oscuro de una grupo social que creyó haber alcanzado la vida perfecta, pero no fue así.
Las grietas de Jara, 2009
Una reflexión acerca del matrimonio y la crisis de la mediana edad. El libro pasó al cine bajo dirección de Nicolás Gil Lavedra, y con Oscar Martínez, Joaquín Furriel y Soledad Villamil en el reparto.

clave

Novelas tomadas de las formas del policial

Claudia Piñeiro tiene novelas más intimistas (unas más dramáticas, otras del orden del humor), y otras de corte más sociológico. “Yo me siento a escribir una novela sin pensar a qué género pertenece. Busco contar una historia, encontrar su lenguaje, los personajes, el suspenso para contar esa historia. Pero en algunas de ellas, no me senté a escribir un policial, pero en algún momento apareció la muerte, y con ella el enigma y la búsqueda de la verdad. Y eso te lleva hacia el policial. No creo que en ellas la trama principal sea lo policial, sino que es una segunda línea. Pero la trama se suele ir para ese lado. Porque necesariamente tenés que contestar esa pregunta, de quién lo mató y por qué”, afirma Piñeiro.

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