Crítica: La sospechosa puntualidad de la casualidad

Elenco oficial en universo avícola

La Comedia Nacional en una singular fábula musical

La sospechosa puntualidad de la casualidad
La sospechosa puntualidad de la casualidad. Foto: M. Fernández Russomagno

Un espectáculo poco común, afortunadamente, está ofreciendo la Comedia Nacional en la Zavala Muniz. El género es infrecuente, dado que se trata de una fábula, en la que un grupo de animales, pájaros casi todos, desarrollan por medio de la palabra y la acción, una historia de amores desencontrados. Y siempre es un gusto ver a los actores (y más a los del elenco oficial, siempre tan solventes) forzados a componer fuera de los cauces habituales. Interpretar animales les permite y les obliga a jugar con los movimientos inusuales, y a estilizar y hasta a imitar al mundo zoológico. Muy interesante de ver.

Tampoco es frecuente en estos tiempos ver y escuchar teatro en verso escrito por autores actuales, por más que es una tendencia que de a poco va cobrando más presencia, principalmente por lo que nos llega de la dramaturgia argentina. Y al respecto hay dos grandes ejemplos que han ofrecido mucho en desde esa modalidad: Mauricio Kartun, por ejemplo con El niño argentino, y más recientemente Tarascones, de Gonzalo Demaría, que la Comedia Nacional estrenó en marzo pasado, también en la Sala Zavala Muniz. No obstante, el poco teatro en verso que se presenta actualmente, suele ser más obra de dramaturgos que de grandes poetas.

Hay sin embargo un registro distinto en esta obra uruguaya, que no busca tanto una parodia del verso a través de él mismo, sino más bien explotar un tono más lírico. En ese sentido, Jimena Márquez plantea una fantasía escénica fuera de todo tiempo y geografía, hecho que es un mérito en sí mismo. Desde allí, la autora construye cinco criaturas (que van desde una lechuza a un murciélago), que desarrollan una trama sencilla en episodios, de duración no muy extensa, y linda de mirar y de oír. Principalmente por ser algo extraña, y por cierto aire como antiguo que parece tener.

Pero todo ese mundo fantástico, tan bien concebido (en sí mismo y para la escena) tiene sus limitaciones, que se dan tanto a nivel de la trama como de escritura. El argumento es simple, algo que por un lado quizá sea propio de la fábula como género. Fiel al código de la fábula tradicional, de cada animal se toman sus rasgos físicos para infundirles un temperamento, configurando unos cruces de amores y desplantes. A nivel del texto, Márquez no alcanza puntos de gran valor poético, tendiendo a la rima fácil y a la adjetivación previsible.

Estas debilidades son compensadas con el aporte de un pequeño grupo de músicos, que complementan el trabajo de los cinco actores, encajando muy bien con ellos. Porque este teatro en verso tiene un componente musical muy importante, con la presencia del canto, en canciones algo desparejas, unas más logradas que otras. Visualmente el escenario logra estar en consonancia con el clima del texto y la música, aunque sin grandes variaciones a lo largo del espectáculo. Musicalmente el recorrido es muy rico, en las partituras y en las ejecuciones. El vestuario aporta creatividad al conjunto, aunque una propuesta de esta naturaleza, tan especial, podría estar acompañada de mayor ajuste en el terreno coreográfico.

ficha

La sospechosa puntualidad de la casualidad [***]

Texto y dirección: Jimena Márquez. Compañía: Comedia Nacional. Elenco: Leandro Núñez, Andrea Davidovics, Luis Martínez, Alejandra Wolff, Lucía Sommer. Músicos: Pablo Machado, Mariana Porley, Virginia Rodríguez. Sala: Zavala Muniz. Funciones: viernes y sábados a las 21.00 y domingos a las 19.00. Tickantel, $ 150.

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