crítica: Ocho mujeres

Descubrir al asesino viendo buenas actrices

El clásico de Robert Thomas en una versión de Gerardo Begérez en Teatro Circular

Ocho mujeres
Ocho mujeres. Foto: Alejandro Persichetti

Es un placer ver actrices solventes, sobre todo a las más veteranas, que tienen algo de la buena vieja escuela, con voces atrapantes, dicción limpia, y gran presencia escénica. Eso sucede en Ocho mujeres, donde el espectador se encontrará con Alma Claudio, Myriam Gleijer y Cecilia Baranda, entre otras intérpretes.

Desde su estreno en 1961 en París, este clásico de Robert Thomas ha sido llevado mil veces a las tablas, hecho que habla de su eficacia. Y aun hoy, más de medio siglo después, la obra sigue conservando el interés del primer día. En parte eso se debe a su género: el teatro de suspenso, una modalidad no siempre transitada en la cartelera local, lleva al escenario uno de los asuntos más atrapantes del mundo de la ficción: descubrir al asesino.

La televisión y el cine también han sabido aprovechar la mecánica perfecta de este gran guión, y al respecto alcanza con recordar la película francesa dirigida por François Ozon, que contó con un reparto con varias divas del cine francés (entre ellas Catherine Deneuve, Isabelle Huppert y Fanny Ardant), y que además de excelentes críticas, recaudó más de 40 millones de euros en la taquilla mundial. La película recuperaba en cierta manera la estética colorista de los musicales de Hollywood de los años 1950, y el dato es importante, dado que en esta obra el color, y el color de época, es fundamental.

Y el montaje que ahora está ofreciendo Teatro Circular, bajo dirección (y en versión) de Gerardo Begérez, tiene como primer logro la puesta en escena, con su color de época, sepia, amarronado, que ayuda a sumir al espectador en el asunto. El mobiliario antiguo, las alfombras, los detalles de la vida cotidiana de décadas atrás, colaboran en conformar ese universo cerrado, donde se darán las acciones.

La acción se desarrolla en una mansión burguesa, en los años 50, en Francia y en vísperas de Navidad. La noticia de un muerto con un cuchillo en la espalda, dispara una trama (por momentos algo alocada) en la que cualquier de las ocho mujeres podría ser la asesina. Lo notable de esta obra es cómo el autor va administrando la trama, que si bien no tiene grandes variantes, no para de crecer.

Y con ella se van perfilando los temperamentos (y las rivalidades) de ese grupo de mujeres, con sus celos, sus manías, sus bajezas y sus ingenuidades. Y esta es una obra que, por sus características, demanda actrices de mucho carácter, y en esta versión el elenco está bien elegido y funciona de modo compacto.

Fue un gusto encontrar a Myriam Gleijer en escena, y también a Alma Claudio. Pero en general todo el elenco se maneja con soltura y entrega, en esta obra que necesita que todos los intérpretes trabajen mancomunadamente.

Claro que no se trata de un montaje de gran riesgo artístico, en tanto que la obra suele obligar a una representación de corte tradicional. Sin embargo el director la adorna con efectos de sonido y otros elementos que la hacen fácil y divertida de seguir, pese a su mediana extensión. También están muy bien explotados los aspectos cómicos, puesto que por momentos la dinámica adquiere ribetes de comedia. Las escenas en torno al café están entre las más festejadas por el público.

La escena uruguaya conoció este clásico medio siglo atrás, y hace cinco años, el coreógrafo y bailarín Martín Inthamoussú había ofrecido una versión singular, que remarcaba los aspectos histéricos de los personajes. Ahora el Circular vuelve sobre esta preciosa pieza, para brindar un buen rato de teatro, con muy buenas actuaciones. Y ofrecer un género dentro del teatro que no conviene que se deje de hacer, porque es un tipo de teatro tradicional que conserva interés y hasta frescura.

ficha

Ocho mujeres [****]

Autor: Robert Thomas. Versión y dirección: Gerardo Begérez. Elenco: Alma Claudio, Dulce Elina Marighetti, Cecilia Baranda, Denise Daragnés, Valeria Dos Santos, Paola Venditto, Julieta Lucena, Myriam Gleijer. Escenografía: Rodolfo da Costa. Vestuario: Nelson Mancebo. Luces: Martín Blanchet. Sala: Teatro Circular. Funciones: viernes y sábados a las 21.00 y domingos a las 19.00. $ 350.

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