LEONARDO SBARAGLIA

"Voy a descansar un poco del cine"

Desde que Sbaraglia se presentó ante el público uruguayo, casi tres décadas atrás, con Clave de Sol, ha pasado por todo tipo de roles, en cine y teatro. "Desde Clave de Sol, en el año 87, 88, empecé a venir a Uruguay, y todo el público uruguayo siempre fue una cosa increíble", recuerda el actor.

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Leonardo Sbaraglia. Foto: Marcelo Bonjour

Y agrega: "Ahora yo veo a mi hija, que tiene 10 años y sigue ese tipo de programas, como Soy luna. Y me parece buenísimo haber formado parte de esa época: yo aprendí muchísimo haciéndolo. Y todo lo de la fama, que es otro cantar. Es un mundo en el que tenés que aprender a convivir con eso, a encontrar el equilibrio. La gente con eso se puede volver un poco loca, se puede creer que el que está produciendo ese éxito sos vos. Y vos no estás produciendo ese éxito. Hay un montón de personas que están produciéndolo: el problema es creer que uno solo lo hizo", reflexiona el actor con El País, de visita en Montevideo, para presentar El territorio del poder, que dará dos funciones en El Galpón, el viernes 29, ambas con localidades agotadas.

La carrera de Sbaraglia se inició con dos perfiles. Si en Clave de Sol fue galán adolescente, en La noche de los lápices se había involucrado muy joven, con 16 años, con el cine más comprometido. Desde entonces sus éxitos lo han convertido en una cara cada vez más conocida, y un actor crecientemente valorado. "Creo que hay una columna vertebral en las cosas que uno va eligiendo como actor, que tienen que ver con ir encontrando proyectos que me den la posibilidad de ir dando saltos. Saltos en tanto posibilidades de crecer, de divertirme, de trabajar con directores y personajes que siento que me aportan, que dan luz a un rincón nuevo de mi personalidad. Por ahí me gustaría seguir", sintetiza.

¿El territorio del poder tiene que ver en tu vida, con haber decidido volver a vivir en Argentina?

—Creo que sí. Eso no quiere decir que haya cerrado mi vínculo con España, un lugar que sigue siendo mi casa. Pero entiendo que El territorio del poder es un espectáculo que es mucho más posible hacerlo en estas regiones que quizá en España. Allá a la gente, no sé… este es un espectáculo más experimental. O más que experimental, yo siento que en España estos temas son todavía muy sensibles para la historia de ese país. Si bien Franco hace ya 40 años que no está en el poder, estuvo 40 años en el poder. De alguna manera recién las generaciones actuales, los jóvenes de hoy, empiezan a estar más liberados.

¿Cómo organizás El territorio del poder en tu agenda, con todo lo que estás haciendo en cine, que mueve a tanta gente?

—Tengo una agenda de locos. Y acá, en El territorio del poder, tengo un amigo y socio, más amigo que socio, con el cual lo fuimos armando: Fernando Tarrés. Y él es el que de alguna manera ayuda para que este espectáculo se logre. Ahora, por ejemplo, hice como cuatro películas seguidas, y entre rodaje y rodaje vamos metiendo alguna fecha, o una gira corta de tres o cuatro días, y allí yo me comprometo con el espectáculo.

—¿La gente del cine hace presión para que hagas más cine que este tipo de cosas?

—No, aparte del cine ahora tengo que descansar un poco, porque tengo cinco películas más la que se acaba de estrenar, Al final del túnel, y cinco películas más por estrenarse. Y son protagónicos, y una más interesante que la otra. Son todas de un trabajo original, de mucho esfuerzo. Entonces ahora viene una temporada en la cual tengo que ver bien qué voy a hacer. En hipótesis, voy a hacer otras cosas ahora en la tele. Voy a descansar un poquito del cine hasta el año que viene.

—Relatos salvajes marcó un mojón en tu carrera. ¿Por qué creés que pegó tan fuerte?

—Szifrón es un genio, lo que ha captado, su mirada. Supo captar con esa película algo animal del ser humano, la parte inhumana. Creo que a veces el animal es más humano. El ser humano no es eso de por sí: tenemos que aprender a ser seres humanos. Tenemos la posibilidad de aprender a serlo. El ser humano es el único animal que se mata a sí mismo, incluso en términos de explotación. El animal no mata por placer, lo hace por supervivencia, por territorio, por otro tipo de cosas. Hay algo de eso que estuvo muy bien captado en la película.

Tu episodio en la película, esa pelea brutal, en "El más fuerte", ¿qué sentís que expresa?

—Sí, son escenas que nadie se olvida. Creo que el disparador era la enajenación social. No es casual que los dos personajes sean de diferentes clases sociales. Hay como una lucha de poder entre esas dos personas, entre esas dos identidades. Una lucha por no ceder nada. Es impresionante lo que ha pegado ese relato, en todo el mundo. Ha quedado como una escena icónica, esa del auto.

¿Te dio pena que la película no ganara el Oscar?

—Por supuesto que hubiese sido un plus importantísimo para la película, importante a nivel estadístico. Pero Relatos salvajes ya había tenido, y siguió teniendo, éxito. El Oscar le hubiese sumado, pero no fue que el Oscar le hubiera hecho una carrera: la película ya la tenía. Para otras películas el Oscar sí hubiese sido más importante, películas menos exitosas.

Compromiso: Leonardo Sbaraglia en un formato personal. Foto: Difusión
Compromiso: Leonardo Sbaraglia en un formato personal. Foto: Difusión

En España hiciste una gran carrera, ¿pero extrañaste Argentina?

—Extrañé, pero no tanto los primeros años. Una vez que me había instalado en España, sí. Primero fue el gran entusiasmo de estar en España, y la cantidad de cosas lindísimas que pude hacer allá. Después sí empecé a extrañar la identidad propia en el país de uno. Creo que es muy difícil entender profundamente la identidad de otro país. En algún punto, hay lugares que siempre te van a ser ajenos. Eso creo que fue lo que más echaba de menos.

¿Y en la sociabilidad, qué diferencia notás entre argentinos y españoles?

—Lo más llamativo para mí tiene que ver con el encuentro de la palabra. Al argentino (creo que al uruguayo también, esa cosa rioplatense), somos más de hablar, de juntarnos a hablar, de la mesa, del café. Y allá se resuelve de otra manera: se habla más en los bares, más a la noche, más copeteados. Se les suelta la lengua más con la fiesta. A nosotros se nos suelta con la melancolía.

¿Y de los actores argentinos, qué te parece que valoran los españoles?

—Creo que valoran mucho eso que acá a los actores se les da mucho poder desde el proceso creativo. En España la relación productor-director-actor es más piramidal. El actor es un elemento más. En Argentina es un actor que desde el primer momento empieza a formar parte de lo que se va a hacer, del todo. Y creo que eso ha llamado la atención: que el actor está muy vivo en ese proceso. Lógicamente hay grandísimos actores españoles, como Javier Bardem, que hoy es un ícono en el mundo.

—Tu padre es psicoanalista, ¿hay alguna relación entre su profesión y la tuya?

—Sí, yo muchas veces hablo con mi papá sobre las bases psicoanalíticas de la actuación. A mí me gusta mucho abrir el juego, no sólo hacia la actuación sino a otras ramas, como la psicología o la sociología: son herramientas importantísimas para un actor, que de pronto te hacen observar mejor el trabajo de la actuación.

El territorio del poder habla del sometimiento del cuerpo, ¿el actor tiene que ser obediente en su trabajo?

—El actor, y toda persona que se dedica a una actividad creativa, es alguien que tiene la posibilidad de desobedecer. Porque el hecho creativo es un hecho original, único, que desobedece el ordenamiento. La poesía desobedece el ordenamiento. En general todas las personas que se dedican al arte no son fáciles de domesticar.

Hoy el cuerpo está más liberado que cuando Michel Foucault escribió sus obras, sobre todo en Argentina…

—Una vez fui a ver a Eric Hobsbauwn, maravilloso historiador británico, cuando dio una conferencia en Argentina, y allí le preguntaron si el mundo estaba mejor ahora que hace 100 años. Y él lo pensó, y no tardó mucho en responder: dijo que el mundo estaba mejor, sin lugar a dudas, aunque eso no significaba que no ocurrierran hoy cosas de una tremenda injusticia e inhumanidad. Pero hoy hay más consciencia de lo que es inhumano, dijo. Se han hecho avances sobre todo a nivel legal, y de conciencia moral: hay una autocrítica. Aunque el sistema atroz en el que seguimos viviendo siga cometiendo tremendas injusticias. El ser humano está todavía encerrado, pero eso no quiere decir que no tenga posibilidades de liberarse.

Un juego de la palabra con la música y la luz.

Sbaraglia compartirá el escenario principal de El Galpón con el músico y compositor Fernando Tarrés, para transitar un recorrido por distintos hitos de la historia que buscan desnudar la naturaleza de la condición humana. Dada la demanda del público, a la primera función (de las 20:30), se agregó una segunda, a las 22:30. Ambas están agotadas.

"A nivel de formato es un juego entre la palabra y la música. Lo hicimos en la Zitarrosa en 2014, y nos fue muy bien, a tal punto que nos quedamos con ganas de volver. El espectáculo trata sobre que hemos hecho una construcción, que tiene que ver con el orden. Damos cuenta de esas situaciones de encierro, y también vamos hablando de las posibilidades de ser libres, a partir de la desobediencia. El principio de la desobediencia es un poco también de lo que habla el espectáculo".

"Aprendí a hacer un mate como dios manda".

Sbaraglia repasa su historia con Uruguay, que incluye Plata quemada, que Marcelo Piñeyro estrenó en 2001. "Se hizo acá, con todo lo mítico que tiene, esa historia y esa película".

Los nombres de China Zorrilla y Besos en la frente no tardan en aparecer. "China fue bárbara. La quise mucho, y la quiero mucho todavía adentro mío".

"Y últimamente, desde hace dos años, prácticamente me hice uruguayo. Porque estuve casi seis meses viviendo acá, trabajando en El hipnotizador, la serie de HBO, con gente uruguaya. Me hice fanático del mate, de la mezcla de La Armiño y la Canarias. Acá me enseñaron a hacer un mate como Dios manda, cebándolo bien, dándolo vuelta. Que allá en Argentina no se hace tanto eso. La relación con el mate es otra", comenta el actor.

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