“Una vez me arrancaron la cartera en la calle y después me robaron dos veces en casa con una diferencia de cuatro meses. La primera vez no pudieron llevarse nada, la segunda volvieron con un auto y se llevaron todo lo que pudieron y más. A pesar de que hubo identikit, datos perfectamente dados, no apareció nada ni nadie”. Es el testimonio de Cristina Morán, una de las tantas víctimas que se cobra la inseguridad día tras día.Y es, además, una de las protagonistas de Hasta la vista, baby, una comedia que transita con humor los temas que más preocupan a la sociedad hoy: inseguridad, menores infractores, robos, copamientos, gente armada y violencia en la calle. Empezó a cranear el guión el invierno pasado mientras estaba de gira por España con Cartas de las golondrinas junto a María Filippi, quien también integra el elenco que se completa con Carmen Morán y Maximiliano Rodríguez. A Franklin Rodríguez le interesa tocar temas actuales en el teatro para convocar al público. “La inseguridad era un tema que me preocupaba y me gustaba manejar, sobre todo porque creo que era exagerado por los medios, era como una paranoia instalada que llevaba a un montón de confrontaciones, de errores”, comenta el autor y director. Tres amigas se juntan en la casa de una de ellas un día de verano para cumplir el último deseo del difunto esposo de la dueña de casa: esparcir sus cenizas en las plantas. El evento reúne a la viuda Luz (Cristina Morán), Carmen (Carmen Morán) y Amanda (María Filippi) una tarde de mucho calor, cortes de luz, agua, paro en el transporte y sin cajeros automáticos. En un descuido de Carmen, que deja la puerta abierta, irrumpe un ladrón armado (Maximiliano Rodríguez) que resulta ser menor de edad y alumno del liceo donde Carmen da clases. “Franklin nos decía, acá hay tres obras: desde que empieza hasta el copamiento. Ahí se transforma. ¿Qué pasa si estás reunida con tus amigas y de un segundo al otro tu vida cambia? Eso a la gente le pasa de verdad y es tremendo. Y la otra es cuando Luz empieza a descubrir las falencias de la gente que la rodea, de sus amigas” y salen a flote cantidad de miserias humanas a raíz de diversas confesiones. Con el copamiento invaden la escena una serie de asuntos: la baja de la edad de imputabilidad, el millón de uruguayos armados (legales e ilegales) y la educación. “Es una pintura de un hecho social que concierne a todos los uruguayos”, atribuye Carmen. “Yo creo que la verdadera historia de la cual nadie se aferra es la educación, ahí está el meollo de la cosa. Un ratero entra a robar a la casa de una señora, reducen al copador y ahí comienza la verdadera discusión filosófica: qué hacer con el menor infractor”, indica Franklin, que presta especial atención a la educación “que se cae a pedazos” y enfatiza que es el tema de fondo. Es preciso una solución de raíz y no un remiendo transitorio: “Otra preocupación que se plantea es qué estamos haciendo mal con los jóvenes. No es una cosa de arreglamos en el momento, mejoramos la seguridad, no, ya está lleno de niños que lo van a seguir haciendo. Hay que parar esto desde abajo, desde la educación, los valores en casa, que la gente tenga otras posibilidades para criar a sus hijos”, añade Carmen. Estos tópicos tan a flor de piel generan debates entre la gente y esa conducta se repitió en los ensayos. Las noticias diarias disparaban una seguidilla de discusiones en tono fuerte y convincente entre técnicos, director y actores donde cada uno aportaba su punto de vista. “Suceden tragedias espantosas a raíz de la inseguridad y ese millón de uruguayos armados que nosotros también denunciamos. Yo no estoy de acuerdo con estar armado, pero es una estimación personal porque el que tiene un arma tiene que disparar, sino el otro te mata”, opina Cristina sobre la justicia por mano propia. “¿Cómo puede ser que seamos 3 millones y haya un millón de personas armadas? Así como me defiendo también pasan horrores como el señor que confundió a su hija con un ladrón y la mató o el comerciante del Cerro que le pegó un tiro a la persona equivocada. La realidad es que no estamos preparados y yo no lo estoy para enfrentarme a un tipo con un arma, no sé hacerlo, y cuando llegue ese momento seguramente lleve las de perder”, agrega el autor. Esa primera semana de enero “fue trágica”, apunta la mayor de las Morán. Carmen sigue la idea:“Decíamos, la gente va a pensar que esto Franklin lo escribió una semana antes y lo largó como una bomba para tener taquilla.Y no fue así”. Se despertaban a diario con noticias terroríficas y al verse en el ensayo no podían evitar mencionar eso que estaba escrito en el guión pero cada vez era más real y cercano. “Nunca me había pasado de discutir el elenco entero en base a cosas que pasaban en el día.‘Che, ¿vieron lo que pasó?’ ‘No estoy de acuerdo, hay que cortarle los dedos como en China’ y aparecían cosas increíbles”, ejemplifica Franklin. Cristina y Carmen Morán se rencontraron en el escenario después de dos años (Veteranas 2). Están muy contentas de poder dejar de lado los lazos filiales para pararse en la escena como dos grandes profesionales. “Funcionamos bien porque logramos desprendernos del tema madre e hija, sino no podríamos laburar. Ahí somos dos actrices haciendo un trabajo”, dice la hija. Y la mamá contesta: “Me parece bárbaro que Carmen que esté haciendo un personaje que tiene que enfrentarse a mí como mujer peleando por un hombre”. Franklin fue el primero en juntarlas sobre las tablas (Hormonas) y las hizo marchar bien como equipo de trabajo, no sólo como familia. “Se respetan mucho pero funcionan de forma independiente. Son madre e hija en la historia pero en el escenario son dos actrices, ponen lo mejor de sí, se juegan lo mejor de sí y discuten a muerte”. Las Morán y Franklin Rodríguez hablaron con Sábado Show a propósito de este estreno de verano que da qué hablar y aproxima al público a la reflexión a través del humor de comedia. ESTIGMA. Franklin carga con una cruz: los actores que leen sus textos en un primer golpe de vista los tildan de livianos. “Parecería que es algo así nomás y no lo es.A medida que hacemos lecturas, desmenuzamos el tema, empiezan a decir, ah, mirá por dónde iba, es por este lado, no me había dado cuenta”, comenta el autor. Eso le pasó a Carmen. No se maravilló de entrada; se fue enamorando del personaje y de la obra a medida que Franklin hacía su tarea y desmenuzaba ideas. “Al principio me pareció que podíamos lograr un trabajo interesante pero no me volvió loca. Me convenció mucho Franklin en el sentido de que está dirigiendo estupendamente bien”. Trabajaron intensamente durante un mes. No hubo descanso: de lunes a lunes. Las veces que se tomaron los fines de semana libres, el lunes fue un fracaso. Llegaron perfecto al estreno. Estrenar en verano puede ser sinónimo de hacer algo falto de contenido porque el público con el calor no quiere usar mucho la cabeza. “Estamos hablando de un tema que supuestamente en verano no se debe tratar porque es comedia, calor y la gente quiere pensar en otra cosa”, dice Franklin. Sin embargo, la sala se agota y la gente la pasa bien porque no deja de ser una comedia para reírse pero que conlleva un trasfondo social detrás y se nota. Ese fue otro objetivo de Franklin al momento de dirigir a los actores: llegar a las entrañas del tema. Se aferró a la educación para llevarlos por ese camino.“No nos olvidemos que lo fundamental de un pueblo es la educación. Ésta empieza en casa y continúa en los centros educativos y ahí estamos fallando.Yo creo que esa lectura es un poco la profundidad de la obra y yo me metí a profundizar en eso para que entendieran lo que hay detrás de la comedia”. HUMOR GRIS. Franklin quiso probar la obra y llevó a un grupo de amigos a ver un ensayo. “Me decían, loco, esto no se puede plantear así, esto es tomar partido. Yo no quiero tomar partido ni voy a dar una receta. Si la tuviera sería el ministro del Interior y sabría cómo resolver esto”. En las butacas de Espacio Teatro aún no se sentó ningún político ni ninguna autoridad del INAU pero los esperan deseosos de que asistan porque “están todos reflejados en la obra”, según Cristina. La idea inicial era escribir una comedia y hacer reír pero a Franklin le escapó de las manos y se convirtió en algo “un poquito más oscuro”. Algo que Cristina identifica como “humor gris oscuro porque se tocan temas que sacuden a la sociedad, que no son nuevos pero se han ido acrecentando”. De la risa a la reflexión. La carcajada es una constante en esta obra dinámica, ágil y picada, pero cada chiste se intercala con un pensamiento que trasciende la simple comicidad. “La gente se ríe desde el comienzo al fin pero se va pensando, cambiando ideas”, subraya Cristina. “Como público salís comentando, pah pero esto nos pasa y qué hacemos como sociedad, como integrantes de todo este lío. Ese es el diferencial que tiene. No es una comedia de la cual te vas ja ja ja, qué gracioso ese chiste. No, te vas diciendo qué hacemos”, agrega Carmen. “Se ríen pero a la vez dicen, qué tema. Era una verdadera sorpresa qué podía pasar con la gente. No importa qué piense o no, sino que se vuelva un tema de discusión, de solución social más que política porque los políticos lo que están solucionando son sus futuros cargos, no les importa mucho cambiar esto. El hombre es el que tiene que resolver los problemas con la mano política claro porque es de consciencia”, dispara Franklin. Referirse a temas tan fuertes desde el humor es arriesgado pero a la vez resulta más fácil entrarle a la gente por ese costado porque se vuelve más digerible. “Plantás una semillita, por eso me parece súper original e interesante este espectáculo”, rescata Carmen. El director está contento y satisfecho porque por primera vez tocó un tópico que está “muy en la piel de la gente. Y eso es la función del teatro, poner en discusión, en tela de juicio temas que no se resuelven solo del lado político sino por el lado social”, finaliza Franklin Rodríguez.
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