MÚSICA PARA EL FIN DE SEMANA

Con una valija llena de magia y de grandes hits

El argentino Coti, mañana por primera vez en Montevideo

Coti Sorokin
Mano a mano con Coti

En su mano sobresale un anillo de calavera idéntico al de Keith Richards. Sobre su brazo se ordenan en fila los nombres de sus hijos (tiene dos pares de mellizos) tatuados en cursiva. La remera tiene un diseño de Jean-Michel Basquiat y los lentes oscuros disimulan una mirada cansada después de un día largo.

Pero a pesar del cansancio, Coti Sorokin está entusiasmado por el que curiosamente será su primer show en Montevideo. Tiene unos 20 años de carrera y un arsenal de éxitos envidiable —es autor de “Nada de esto fue un error”, “Color esperanza” y hasta de “Me muero de amor”, el hit de Natalia Oreiro—, pero el haber vivido durante años en España fue un obstáculo significativo que le impidió tocar en Uruguay. Ahora que su vida se divide entre su Argentina natal y el otro lado del océano, un objetivo a cumplir era encontrarse con su público charrúa.

El rosarino, criado en Concordia y consagrado en Buenos Aires, cumplirá con su cometido mañana a las 21.00 en Montevideo Music Box (Larrañaga y Joanicó). Como banda invitada estará La Santa, y las entradas están en Abitab desde $ 480.

Coti Sorokin
Coti Sorokin. Foto: Marcelo Bonjour

—Tu último trabajo se llama Tanta magia. ¿Pensás que ha habido algo de magia en tu carrera, o ha sido todo trabajo?

—Más que nada. No reconozco momentos de suerte, más bien momentos de buscar, de dar la cabeza contra la pared, de ir dando pequeños pasos que se fueron agrandando. Pero todo se fue dando de una forma muy orgánica, lógica. Me siento muy contento y orgulloso de haber hecho mi carrera a mi manera; muchas cosas como quise y otras, como pude.

—¿Cambió la sensación a la hora de hacer un disco, desde el primero hasta ahora?

—En absoluto. Es exactamente la misma, en todas las cosas buenas, en esa adolescencia que se siente a la hora de escribir canciones y grabarlas, en esas contradicciones, frustraciones y alegrías. El proceso creativo es traumático, no va sobre ruedas en bajada.

—Recientemente produjiste a Turf, Guasones e Indios. ¿Desde qué lugar te parás para aportarle algo a otro artista?

—Desde mi lugar. No me salgo de mí. Yo lo que tengo para aportar es lo que yo soy, y eso es lo que aporto. Trabajo como si fuera un disco mío; al que le gusta le gusta, y al que no, no le gusta. Así es como trabajo yo, no quiere decir que sea la mejor manera pero es mi manera. Creo que un artista no se puede desdoblar porque es medio esquizofrénico.

"Creo que un artista no se puede desdoblar porque es medio esquizofrénico"

Coti Sorokin

—Pero lo hacés respetando la identidad del otro, porque estas bandas no suenan a Coti.

—De eso se ocupa cada uno. Y bueno, es relativo; mucha gente me ha dicho que escuchaba en tal tema de Indios que había algo mío atrás de "Lucidez", por ejemplo. Eso ya depende del nivel de sensibilidad que tenga cada uno. Evidentemente hay proyectos más afines; si escuchás el de Guasones, creo que hay algo que se escucha que tiene que ver conmigo. Tampoco es una cuestión de ego ni de nada, es mi manera de aportar. Yo no puedo disfrazarme de Quincy Jones, no me interesa.

—Trabajaste con Chano también, que está experimentando con lo urbano. ¿Estás abierto a todo eso?

—La música es una sola, y la canción más todavía. Porque todas las canciones tienen dos estrofas, una parte instrumental... Andá al estilo que quieras y todas están hechas de lo mismo: de palabras con melodía. Una estrofa, otra estrofa, estribillo, puente, las palabras son más o menos las mismas, la temática también, las notas son 12. Ahora, ¿dónde está la magia? En combinar esos elementos.

—Se suele decir que no hay fórmulas para componer un hit, pero has hecho un montón.

—Así y todo, te digo que no hay fórmula (se ríe). Ojalá la tuviera, pero creo que perdería mucho tiempo estudiando cuál sería, y llegaría a un lugar frustrante porque estoy seguro que no lo hay. Creo que es una mezcla de técnica compositiva, buen gusto, sentido del lugar y el momento que se está viviendo. Se conjugan todos esos elementos con otra cosa, que es la más importante y no sé qué es.

—Decís que aportás desde tu lugar, pero cuando estás componiendo una canción para otro, ¿cuánto lugar de la mente te ocupa el otro?

—Desde que soy bueno, ninguno. Pero no es por una cuestión de ego, insisto; es porque estar pensando en eso contamina. Porque una buena canción la puede cantar cualquiera, y puede ser en cualquier estilo, cualquier tonalidad y cualquier idioma. Eso es lo que aprendí en base a mi propia experiencia.

—¿Antes eras malo?

—Claro. Nadie nace sabiendo. Yo pienso que son mejores las canciones que escribo últimamente a las del principio.

"Una buena canción la puede cantar cualquiera, y puede ser en cualquier estilo, cualquier tonalidad y cualquier idioma"

Coti Sorokin

—Sos el autor de “Me muero de amor”, una canción que popularizó Natalia Oreiro. Contame de ese momento tuyo.

—Fue la primera canción que me grabaron. Yo llegué a Buenos Aires con una mano atrás y otra adelante, no me conocía nadie ni yo conocía a nadie, no tenía ningún teléfono. Conocí a una persona, le regalé un disco que había grabado con mi banda en Rosario, y ahí conseguí un teléfono, y mi primer trabajo en un estudio de grabación. Una chica me conoció ahí y me dijo de escribir canciones juntos. Yo tenía 22 años, dos mellizos y trabajaba 20 horas por día; y cuando me dijo: “Hay que escribir canciones”, me fui a la casa y escribimos 10 canciones. Eso se llama hambre. Y uno de esos temas fue “Me muero de amor”. A partir de ahí me dediqué a escribir canciones, porque era lo único que sabía hacer.

—Ya no escribís por hambre.

—Es verdad, pero me sigue generando la misma obsesión.

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