Repique y pandero

Unificar territorios y sus ritmos con un disco poético

Daniel Drexler presenta Uno, mañana en el Solís

Daniel Drexler
 “Creo que es el disco más montevideano que hice y lo grabé en Río”r

A Daniel Drexler le gusta el “cambio de chip” que implica la salida de un disco. “Cuando estoy demasiado tiempo en la ruta, llega un momento en el que quiero estar en casa, y cuando estoy demasiado tiempo en casa, quiero estar en la ruta”, cuenta a El País. El músico terminó de grabar Uno, su séptimo álbum de estudio, y se prepara para presentarlo mañana en la sala Zavala Muñiz del Teatro Solís, a las 21.00.

Si a los 15 años le preguntaban, estaba seguro de que quería ser médico. Sus padres son otorrinolaringólogos y su hermano mayor, Jorge, había elegido la misma carrera. Seguir la tradición familiar parecía lo correcto: “Me encanta la biología, me fascina la ciencia, entonces me veía muy cómodo ahí”, explica. Pero el primer indicio de que la cosa iba por otro lado lo vivió a los 18 años. Se subió por primera vez al escenario con su banda de la facultad y al bajar sufrió un ataque de pánico; hoy en día entiende que lo que vio fue revelador: “Es como probar la fruta prohibida y decir que no existe”. Vivió en una tensión continua hasta los 34 años, cuando finalmente decidió dedicarse a la música.

—¿Cómo evaluás hoy haber tomado esa decisión?

—Demoré 25 años para sentirme asentado en esta profesión. Lo busqué con muchísima perseverancia y fue complejo el salto. Es una vida muy dinámica, intensa, con muchos altibajos emocionales, pero yo elegí vivir en estas coordenadas y me encanta.

—A Uno lo grabaste en Río de Janeiro, ¿qué te llevó a ese destino?

—Fui a tocar a San Pablo con el músico Marcelo Jenecí y luego me preguntó con quién iba a grabar la canción que cantamos juntos (“Al menos un segundo”). Y sugirió grabarla con Alexandre Kassin (productor de Caetano Veloso y Gilberto Gil, entre otros). Aunque para mí eso estaba en otra dimensión, grabamos unas canciones, se las mandamos a Kassin, y dijo: “Adorei”. Todo estaba apuntando para ese lugar.

—¿Es la admiración por la música brasileña la que le da fuerte presencia a la percusión?

—Sentí en un momento que había canciones que estaban pidiendo exuberancia tropical y Río es el icono en ese sentido. Pero el mundo percutivo de Montevideo es absolutamente fascinante para mí, y es fundacional y mis canciones tienen ese pulso. Me fui con la duda de si no iba a haber un conflicto entre esos dos mundos, y pasaron cosas mágicas. “La rambla de Montevideo” es un candombe que tiene el pandeiro de Marcos Suzano, percusionista de Gilberto Gil, la batería de Martín Ibarburu y a Johnny Neves en chico, piano y repique.

—¿Dónde nace la necesidad de cantarle a Montevideo?

—De darme cuenta de la riqueza, la alegría y la bendición que significa haber nacido en esta ciudad. Creo que es el disco más montevideano que hice y lo grabé en Río.

La ciencia y la música en "Uno"

A los 34 años Daniel Drexler se dio cuenta de que había un hilo conductor entre la ciencia, a la que había dedicado su vida hasta ese entonces, y la música, la que le había despertado temores y con la que estaba en tensión a todo momento: el sonido. Ideando un aparato para el tratamiento del zumbido de oído con estimulación acústica durante el sueño, notó que los dos campos dialogaban entre sí de una forma muy fluida, y “de eso precisamente habla Uno, de unificar territorios que parecen disociados”.  También en el acople entre los ritmos de Brasil y Uruguay que se da en el disco está ese “uno”.

—De la cita a Rubén Darío en el díptico del disco a la canción “Febril remanso”, ¿es muy importante la poesía para vos?

—La poesía para mí es un universo quijotesco, si ser músico es complicado, escribir poesía es salir a embestir molinos de viento. Le dediqué la canción a amigos poetas que quiero mucho y a un grupo de chat que se llama No mames con la rima, cuya consigna es escribir en décimas. Es un universo que te saca de la locura del día a día, y mi intención es tratar de vivir la vida en una dimensión poética.

—¿Cómo venís preparando esta llegada al Solís?

—Es el Solís. La Zavala Muniz, pero el Solís en fin. Toqué solo una vez ahí y me parece una sala preciosa. Estoy armando un show diferente y es una alegría empezar la presentación de un disco por Montevideo; hacía mucho que no lo hacía.

—¿Cómo es tu relación con el público uruguayo?

—Es un público muy especial. Es aparentemente frío y diametralmente opuesto al de Buenos Aires, que no tiene filtro. Pero con los años uno aprende a valorarlo. Me pasa, por ejemplo, que voy a tocar a una ciudad del interior a la que fui hace 15 años y me piden canciones que toqué la vez anterior y que pensé que habían pasado sin pena ni gloria. Cuando mirás las cosas en perspectiva, te das cuenta de lo que vale un pequeño gesto suyo.

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