MÚSICA

Peyote Asesino: bailando aunque pase el tiempo

Fernando Santullo y Carlos Casacuberta hablan de lo nuevo de una banda con historia.

Peyote Asesino
Peyote Asesino. Foto: Matilde Campodónico

Aunque un tango diga que no, 20 años es mucho: en este caso, casi es el tiempo que pasó desde que Peyote Asesino dejó de tocar hasta la actualidad, el tiempo que pasó la banda sin editar nuevo material, los años que corrieron entre regresos esporádicos y proyectos personales, crecimiento, cambios, mudanzas.

O sea, 20 años es mucho, y eso se nota en “Bailando samba”, el tema que el icónico grupo de hip hop de la década de 1990 lanzó la semana pasada y que es muy distinto a su historial. A grandes rasgos, el rock y la guitarra quedan de lado para darle paso a lo electrónico, a un beat acelerado sobre el que Fernando Santullo suelta sus versos directos, austeros de imágenes, referencias y metáforas, puestos en forma de canción con un estribillo que es muy pegadizo.

Peyote Asesino superó las expectativas. Foto: Fernando Ponzetto
"Bailando samba"

“La canción lo dice: a cada paso que doy, soy. La manera de ser del Peyote Asesino es dando un paso”, dice Carlos Casacuberta en el estudio de Juan Campodónico, quien prefiere no estar en esta ronda de entrevistas para que hablen las dos voces de Peyote, una banda que cambió pero que sigue haciendo bailar a los montevideanos como siempre. Eso lo demostró el viernes pasado en una Trastienda agotada, y repite este viernes a las 21.00 (quedan localidades en Red UTS) porque en el fondo, la esencia sigue siendo la misma. Hay ritmo y hay que moverse, y hay más música por venir.

—“A cada paso que doy, soy”, decían, pero Peyote en todo este tiempo aprendió a ser de distintas maneras, y por primera vez en 20 años hay material para mostrar.

Fernando Santullo
: Sí, y fue ocurriendo bien despacio justamente porque no queríamos cargarnos grandes responsabilidades. Sí nos dimos cuenta que pasaban cosas que iban más allá que pasar canciones viejas. “Vuelta a empezar”, una canción que tenemos en gateras, apareció así: Pepe se puso a insistirnos para tocar un pique porque lo estábamos tocando mal, y a partir de ahí armamos una canción. Vimos que había una vibración artística y fuimos encauzando todo eso hacia nuevos temas.

—Antes de los últimos Teatro de Verano dijiste en charla con El País, Fernando, que lo que había quedado después de la primera pausa de Peyote fue “un cadáver hermoso”, que no hubo margen de error.

F. S.:
Ahora tal vez tenemos tiempo para hacer cosas horribles (se ríen).

—¿Pero eso les pasa por la cabeza cuando trabajan material nuevo?

Carlos Casacuberta:
Hay personas que realmente envejecen muy mal; no es nuestro caso (se ríe).

F. S.: Si cuando estás haciendo música vas a estar midiéndote en términos de si la estás cagando, no salís de tu casa. Cuando hacés música, lo hacés con la ilusión y la esperanza de estar haciéndolo de la mejor manera posible. Con esta canción, habrá gente a la que le guste y gente a la que no; es el riesgo de hacer una actividad artística.

C. C.: Más ahora que en cualquier red social encontrás todas las opiniones de todas las personas; y eso es interesante y es abrumador.

—También es cierto que si hubiesen hecho algo parecido a los discos anteriores, se los iba a criticar por repetirse.

F. S.:
Exacto, yo lo que creo es que hay un montón de gente increíblemente aburrida, que hagas lo que hagas va a encontrar algo para criticar.

—Ustedes decían que hubo quienes los criticaron entre el primer y el segundo disco, que a la distancia se toman casi como una sola cosa.

F. S.:
Es que Peyote, para adentro mío, es una cosa extraña, porque esas canciones tienen cierto gancho pero son unas rarezas demenciales. Hay una cosa angular en la música de Peyote que para mí tendría que haber sido tremendo gol en contra, y sin embargo no fue así. Entonces escucho esta canción y digo: esa cosa angular, rítmica, poderosa, incómoda, está. Y me gusta encontrarme en ese lugar.

C. C.: La energía que ponemos no es una sola cosa. Ya en aquella época las canciones se podían ver de muchos lados. Realmente había personas que escuchaban al pie de la letra, “tengo una bala y puede ser para vos”. Había un sentido del humor enorme y estábamos llenos de gente que decía: “me cago de risa porque lo que ustedes hacen desarma todo ese personajismo”. Pero nosotros también éramos personajes ahí arriba, con una gran ironía, con sarcasmo. “Pero no asumís ninguna posición clara sobre las cosas”, nos decían. Bueno, te estoy mostrando costados distintos de las cosas.

—Sin embargo, “Bailando samba” tiene un mensaje directo, sin tanto humor y sin tanto personaje.

F. S.:
¿Y no te parece humorístico cómo el tipo dice eso? O sea, “No me pidas que tenga respeto después de que vos me clavaste en el teto”.

C. C.:
En México le dirían autogol a eso, ¿cómo reconocés que te clavaron en el teto? ¿Dónde está tu autoestima? Pero yo soy el que te trae la rima y te deja bailando samba. ¡Pero no hay ninguna referencia musical más lejana a nostros que el samba, Brasil, Río! Hay muchos costados, muchas cosas que fuerzan; yo no la escribí, la escribió él que capaz la hace en escritura automática, buscando la rima.

F. S.: Una rima que fuera muy estúpida también, porque con Peyote estaba eso de buscar la rima resalada.

C. C.: A ver, rimá con Michael Landon. Era todo así.

F. S.: Claro, y yo cuando rapeo siempre me burlo de los raperos que dicen “socotroco, socotroco, socotroco”. Esta vez fue un “socotroco” atrás de otro, porque también quería romper con la forma de rapear más del Peyote.

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