Entrevista

“Sin la Ossodre no habría Ballet Nacional”

Una charla con Diego Naser, el nuevo director de la Orquesta Sinfónica del Sodre

Diego Naser
Diego Naser, el nuevo director de la Ossodre. Foto: Fernando Ponzetto.

Con 36 años, Naser se convirtió en el nuevo director de la Orquesta Sinfónica del Sodre, tras la salida de Martín García. Para Naser es una coincidencia que tenga la misma edad que el primer director de la orquesta, Lamberto Baldi. Si bien partició en la Ossodre como músico, “me parece paradójico que la primera vez que la dirija va a ser como su director titular”, dijo a El País.

—¿Cómo ve su nuevo lugar de trabajo?

—Se pueden mejorar muchas cosas desde el punto de vista artístico, pero hay algunos temas de fondo que son de la gestión que son importantes de resolver. Y no están lejos de resolverse, mientras uno se pare desde un lado constructivo de buscar soluciones y no poner problemas a cada solución. Soluciones hay. Al Sodre si bien se lo conecta con problemas, por otro lado hay que reconocer que el Sodre nunca tuvo tanta visibilidad.

—Es tema de conversación...

—Eso es muy interesante, y revela lo importante que es para el país. Muestra un montón de situaciones que son altamente positivas. Estamos en un momento donde podemos lograr cambios históricos para la institución y donde hay también apoyo político para lograrlo. Puede pasar que si a uno le dan la sartén por el mango a veces se marea o se desbalancea, pero el Sodre tiene todo para hacer.

—¿La gente se ha olvidado de la Ossodre?

—Se ha dejado un poquito en el olvido la participación que ha tenido en el crecimiento de los cuerpos estables, directamente en el ballet.

—¿La orquesta es el corazón del Sodre?

—Si no existiera la Ossodre no habría ballet porque hay obras que no las podes hacer sin orquesta. No podrías tener conciertos corales, operas, conciertos sinfónicos, nada. Y están la Orquesta Juvenil y el conjunto de música de cámara está a cargo de la Orquesta. Entonces, ubiquémonos en esa situación, la Ossodre fue el primer cuerpo estable por lo que estamos en una situación muy positiva. Tenemos el Ballet que está haciendo una carrera fabulosa, ha tenido un crecimiento exponencial vertiginoso en mucho sentido. Tenemos todo para ganar.

—Las instituciones son tan buenas como sus personas.

—Va por ahí. Para eso se necesita la colaboración de la gente e informar con datos históricos. Hay que bajar la pelota y hablar de las cosas que importan. Tenemos un Auditorio envidiable, un ballet que viaja por el mundo, una Orquesta Juvenil que toca por el mundo, una orquesta sinfónica que te prepara un ballet, una ópera, un concierto sinfónico en dos semanas, es una hazaña eso. Y entiendo el peso de la responsabilidad.

—Va a ser el articulador.

—Voy a ser el nexo entre los cuerpos, que es lo que le falta al mundo, comunicación. Ya no puede ser decir: “yo quiero hacer esto o aquello”, sino “qué vamos a hacer”. Porque no se puede entender el ballet independiente de la orquesta ni al revés, todos dependemos de todos. Y la gloria de la institución y del ballet va a impactar en la gloria de la orquesta, es obvio. El ballet no puede bailar sin orquesta, es así. Lo mismo con el coro, necesitamos que funcione y el coro funciona. A nadie le gusta estar en una institución chueca. Como si tuvieras un hospital, cardiología te anda bárbaro, ¿pero si te agarrás una pulmonía y se te mueren todos los pacientes? No. Entonces no seas malo, el Sodre es una institución enorme y por suerte los tiempos institucionales no responden a los personales.

—¿Eso no genera lentitud a la hora de tomar decisiones?

—Si y no. Hace siete años no hablabas del ballet, y hoy tenés un ballet bailando por todo el mundo. Eso no lo hace solo una persona. Si eso no es dinamismo. Lo mismo con el Auditorio Nacional.

—Los tiempos son lentos...

—No lo veo así. Si lo vas a comparar con el tiempo personal donde decís, a este lo echaría ya, sí, son lentísimos. Pero por suerte, porque mañana podes ser vos el echado y el Estado te provee de ciertos elementos que te protegen. Que de repente tenés un sindicato que se le va un poco, o mucho, la mano, no lo voy a negar. Pero por lo menos no estamos en el Lejano Oeste: la gente tiene derechos. Prefiero pelearme porque te echaron y no querés irte a pelearme porque te echaron, te dejaron en la calle, no sabés por qué lo hicieron y te trataron como un esclavo. Europa no apunta a ese modelo tampoco. Trabajé muchos años allá y no se apunta a un “te uso te tiro”. Y una orquesta es como un vino, lo añejás, lo educás, lo criás, lo tratás bien y tenés una sonoridad diferente. Una orquesta o un cuerpo de baile es un cuerpo vivo, cambia. ¿Pensás que un artista trabaja igual si se le murió el padre o si viene de un cumpleaños de 15? El cuerpo estable es la sumatoria de todos esos ánimos. Es un grupo humano y sin cintura podés tener crisis que en realidad no son tales.

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