COLDPLAY

La música como el vehículo de las emociones

La banda británica y su nuevo material discográfico, el EP “Kaleidoscope”.

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Coldplay. Foto: Difusión

Nuevo material discográfico, una gira que la traerá cerca —se presentará en el Estadio Único de la ciudad de La Plata el 14 y 15 de noviembre— y el "título" de la banda de rock más escuchada en el mundo. Las cosas le siguen yendo bastante bien a Coldplay.

Hace poco, el cuarteto sacó Kaleidoscope, un EP de cinco canciones en el cual figura, casi que previsiblemente, "Something Just Like This" —el megaéxito de The Chainsmokers en el que Coldplay colaboró— en una versión en vivo.

Y la semana pasada, la empresa de música por streaming Spotify comunicó que había hecho un estudio: había elegido bandas de rock y contabilizado la cantidad de reproducciones de sus canciones. El resultado arrojó que a nivel mundial, los temas de Coldplay superaban en reproducciones a nombres como los de Red Hot Chilli Peppers, Rolling Stones, Queen, Green Day y Nirvana, entre las 20 agrupaciones que entraron en ese estudio, donde también se incluía a The Beatles.

La noticia generó indignados que exclaman que Coldplay no es "rock". Los criterios que estas personas usan para determinar qué es y qué no es rock son completamente arbitrarios e incoherentes, pero aún así persiste la noción de que estos cuatro británicos son unos "vendidos" y bla bla bla.

La cosa, según esta manera de razonar, sería más o menos así: Coldplay no es rock porque hace temas "blandos" (baladas con piano y cuerdas, con un sonido más o menos contemporáneo)y porque se junta con Rihanna o The Chainsmokers, gente de otros palos musicales.

Pamplinas, obvio. Hay una larga tradición de gente (Rolling Stones, Queen, Bruce Springsteen, Tom Petty y se podría seguir) que han grabado baladas con pianos (y vientos, y cuerdas, y sintetizadores), que han hecho canciones con gente de otros palos musicales y nadie les cuestiona sus credenciales rockeras.

Lo que es incuestionable es que Coldplay se ha sabido mantener como una banda relevante para el gran público desde hace 17 años, cuando salió el primer disco, Parachutes y su gran éxito "Yellow".

En ese entonces, no era fácil imaginar que la banda, nacida tras la estela que había dejado el brit pop, iba a convertirse en algo tan grande, aunque se insinuaba. Había en el sonido y las canciones del grupo algo que tenía un aire a grandilocuencia, a dimensiones nada modestas. Los temas parecían haber nacido entre reverberaciones en una gran catedral.

El segundo disco —A Rush of Blood to the Head (2002) refinó y amplió lo demostrado en el debut y se escuchó con mayor claridad que Coldplay, más allá de la evidente influencia de U2, también tenía un componente único en su estilo, y que buena parte de ese rasgo pasaba por la manera en la que Martin interpreta su propio material.

Martin no es tan exuberante (o agotador) como Bono. Ni tan arrogante e imponente como Liam Gallagher, que se ha cansado de insultar a Martin sin que éste se inmute. En vez de eso, el cantante de Coldplay emplea su voz —que a menudo se va hacia el registro más agudo— para, como él dice, comunicar emociones: "La música para mí es una forma de comunicar emociones. Para otros, es una manera de protestar", le dijo a un diario de India el año pasado.

De gira mundial y con un disco editado hace dos años (A Head Full of Dreams), Kaleidoscope es una triquiñuela para mantenerse en el candelero mediático y sumar puntos para que la gente vaya a los conciertos.

A juzgar por la reacción del público argentino —seguramente habrá uruguayos que emprenderán el viaje— ante el anuncio del concierto en La Plata (se agregó una nueva fecha por la demanda de entradas), el EP surtió efecto.

Más allá de eso, las nuevas canciones demuestran que Coldplay parece estar en un período de transición musical, a medio camino entre despedir a A Head Full Of Dreams y empezar a vislumbrar lo que será el próximo álbum.

Lo que vendrá es imposible de dilucidar, claro. Pero a juzgar por las canciones nuevas en Kaleidoscope, puede que Coldplay tenga alguna que otra sorpresa. La primera canción, "All I Can Think About You" tiene, atípico para Coldplay, un tono casi ominoso, al menos durante buena parte de la misma. Eso se va diluyendo hacia el final, cuando parece que la banda abriera las ventanas del estudio y empezara a entrar toda esa luminosidad que siempre la caracterizó.

Pero el cambio es bastante brusco cuando llega la segunda canción, "Miracles", un tema en el cual participa el rapero Big Sean, lo que parece una concesión hacia aquella parte del público que ve con buenos ojos casi cualquier cosa que venga con la palabra "feat". Aún así, se trata de una canción con olor a hit.

Todo termina con una balada con piano ("Hypnotised"), pinceladas electrónicas y la voz de Martin yendo hacia el registro agudo que ya había presentado en "Yellow".

Porque ya no alcanza solo con hacer música

Ahora, las bandas y los artistas casi que deben tener distintos chiches tecnológicos para que llenemos nuestros smart phones. A principios de este año, Coldlpay sacó la aplicación "Hypnotised" y lo hizo en colaboración con Brian Eno. "Si estás leyendo esto en uno de nuestros shows, tienes que iniciar la apliación cuando empiece la canción Hypnotised, y sonará mágicamente", dice la descripción de la app en Google Play.

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