FRANCISCO FATTORUSO

"No me gustan las cosas mal hechas"

Charla con el bajista que mañana presenta su disco “Khronos”, a las 21 en La Trastienda.

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Francisco Fattoruso. Foto: Fernando Ponzetto

El año pasado, Francisco Fattoruso juntó a músicos uruguayos y argentinos y abrió las puertas de Vivace para que un reducido público pudiera ser parte del proceso de grabación de Khronos, tercer disco que presentará mañana en La Trastienda. El show es a las 21.00 y estará junto a la banda Los Cuerpos y a varios invitados, y las entradas están en Red UTS.

—Grabaste Khronos con público, en vivo pero en el estudio. ¿Cómo viviste esa experiencia?

—Fue un experimento que no sabíamos cómo iba a resultar, y resultó muy bueno. Hicimos lo mismo que haríamos en cualquier grabación, con la excepción de que la gente veía lo que sucedía. A veces llegaban y nos quedábamos media hora charlando de un arreglo musical, pero la invitación era para que justamente se vea el proceso.

—Este disco lo compusiste poco antes de grabar. ¿En qué momento las piezas instrumentales tienen nombre?

—Cuando hago canciones, con letra, enseguida tengo que ponerle título. Con las instrumentales es mucho más difícil. Yo sabía que el disco se iba a llamar Khronos por una cuestión de sincronización entre músicos, ingenieros, los que estaban filmando, el público. Pero las canciones se llamaban "K1", "K2". Una vez que están prontas escucho, cierro los ojos y visualizo. De ahí el título.

—De tus años en Estados Unidos nacieron los Martes On Fire y esta forma de grabar un disco. ¿Es complicado trasladar ese aprendizaje hasta acá?

—A veces realizarlo es difícil. De hecho, hacer este disco fue casi imposible. Pero en el arte es muy importante pasar todo el conocimiento adquirido. Mi padre, mi tío, Rada, Jaime… Hay un montón de músicos que vivieron fuera y adquirieron una cantidad de información, que al volver influyó mucho. Jaime vino de Holanda con una cabeza que ayudó mucho a la música en este país; gracias a él se establecieron un montón de normas que estaban en el aire.

—¿Identificás algún momento clave en tu camino musical?

—Cuando tenía seis años vivíamos en Río y en la escuela nos mandaron comprar una flauta dulce, y que de deberes practicáramos "Asa Branca" de Luis Gonzaga. Cuando le pedí a mi padre que me enseñara se re emocionó y me lo enseñó en el piano primero, y gracias a eso empecé a tocar el piano.

—¿Cuándo empezaste a tomarte en serio lo de ser músico profesional?

—Cuando tenía 15 años empecé a tocar cada vez más, a los 17 ya había grabado con mi padre, después grabé con Rada y antes de cumplir 18 ya tuve mi primer trabajo y me mudé solo.

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—¿Cómo llegaste al bajo?

—Cuando tenía 11 mi hermano mayor me regaló uno eléctrico y empecé a tocar. Ya tocaba piano y guitarra; el bajo no me gustaba pero le agarré la onda.

—¿Te reconocés como bajista o como músico en general?

—Bajista principalmente.

—Pero sos un buen guitarrista.

—Toco la guitarra profesionalmente, pero por una cuestión de identidad, hace años decidí no ofrecerme como guitarrista. Estudio la guitarra, y hago cosas en el estudio más que nada.

—Y tocás el bajo casi como si tocaras la guitarra.

—Sí, hay una influencia directa, porque de hecho en un momento estudiaba más guitarra que bajo. Está muy presente.

—¿Y cantás solo cuando la música te lo pide?

—No tengo un caudal firme de voz para ser cantante exclusivamente, pero me gusta expresarme a través de la voz. Ahora hice la música incidental para una película que se estrena en setiembre, Los modernos, y ahí canté. Mucha gente ni va a saber que soy yo cantando.

—No estás en L.H.O.N, el último disco de Illya Kuryaki, pero suena a música uruguaya.

—Sí. Ellos se jugaron un montón a hacer algo totalmente libre y los felicité, porque es muy difícil hacer eso cuando le tenés que entregar a un sello los cortes y que compitan, no sé, a la par de Justin Bieber. Y que ellos digan: "esta música es nueva, largala y uno de los temas va a explotar", lleva mucho valor.

—¿A la música uruguaya ahora cómo la ves?

—Estoy muy contento con todo lo que está ocurriendo. Hay un mercado muy grande, que se autoexpande. Antes la gente iba a ver a Buitres o a Níquel, que tocaban en un lugar grande una vez por año, y hoy hay una lista muy larga que toca acá y en Argentina y que llena, con gente que los sigue de verdad. Eso no sé si pasó alguna vez en Uruguay. Está muy profesional.

—Con la cumbia has sido particularmente crítico. ¿Por qué?

—A mí me gusta toda la música, no me gustan las cosas mal hechas. El negocio es el que mueve la pelota, entonces si algo está mal hecho pero es negocio, se va a vender y no se puede frenar. Y no es directamente con los que hacen la cumbia. Justin Bieber toca horrible la batería, pero en su disco llaman al mejor baterista para grabar. Los que quieren invertir en Justin Bieber de entrada quieren que sea un producto de calidad, y eso es lo que no se hizo con la cumbia. Rombai y Márama ahora tienen un show que está diseñado de principio a fin, que es lo que tiene que ocurrir. Yo no pienso que tienen que ser los mejores cantantes, porque Katy Perry canta muy mal y yo iría a ver el show de Katy Perry.

—En contrapartida, vos no hacés un producto comercial pero tenés un gran equipo.

—Es que como soy productor, me afecta por ese lado. Cuando hago mi música, la produzco inconscientemente, y cuando estoy produciendo a otra banda trato de que sea la mejor. Me lleva el cuádruple de trabajo, sin exagerar. Podría producir muchas más bandas por año si quisiera ganar más dinero, pero no es bueno. Es una búsqueda con respeto hacia el arte, y por eso mi disgusto más allá de la cumbia, que ha agarrado un nombre malo. A mí me gusta toda la música; cuando salió la cumbia villera me encantó porque eran tipos de una villa, malandras, andaban en un auto robado, hacían música con instrumentos muy pro y era re deforme lo que tocaban. Pero era sincero.

Un árbol genealógico que lo convierte en un privilegiado y en un agradecido.

Hijo de Hugo Fattoruso y de la cantante brasileña María De Fátima, sobrino de Osvaldo Fattoruso, ahijado de Milton Nascimento, sobrino de corazón de Ruben Rada y el Lobo Núñez: así se arma más o menos el árbol genealógico y artístico de Francisco Fattoruso.

—¿Te sentís un privilegiado por haber nacido en ese ambiente o es lo natural para vos?

—Me siento muy agradecido, porque si bien es natural, la oportunidad que genera haber nacido en esas condiciones me expuso siempre a grandes músicos y a buena música. Eso ayudó a que me pudiera formar de manera muy fuerte, y tiene peso en lo que hago.

—¿Te ha pesado venir de dónde venís, ser hijo de?

—No, es muy natural.

—Una de las invitadas del show de mañana es Julieta Rada, con quien has dicho que tenés una relación casi de primos.

—Sí, porque Rada siempre fue una figura muy importante en mi vida, y muy familiar. Muchos años viví en Montevideo pero ni mi madre ni mi padre estaban acá, y Rada y el Lobo Núñez me cuidaron. Con Rada empecé a tocar, siempre me dio muchas oportunidades para grabar y siempre conviví con sus hijos. Fui muy amigo de Lucila en un momento y cuando la iba a visitar siempre estaba Julieta jugando con unas muñecas, o Matías escuchando discos en el cuarto.

— ¿Generaste relación de pares con Rada o Núñez, o siguen siendo "tus tíos"?

—Los siento como tíos, porque fueron por momentos la figura paterna que tenía y los tengo muy arriba.

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