TAYLOR SWIFT

El lado oscuro de una chica que se anima a arriesgarse

La cantante pop cambia el rumbo de su música con Reputation, su nuevo disco

Taylor Swift
Taylor Swift. Foto: Difusión

Después de mucho tiempo de espera, Taylor Swift está de vuelta. La cantante le sacó todo el provecho que pudo a su elogiado, premiado y vendido 1989, pero cuando las canciones empezaron a ser una evidencia demasiado clara de sus asuntos personales, la prensa empezó a ocuparse demasiado de su vida privada. Que cuantos novios tenía, que cada cuánto se separaba, que si se peleaba con tal o cual famoso, que si su leal squad (el séquito de amigas celebridades que tiene) es de verdad o un invento.... Taylor Swift fue, por un par de años, la estrella más mirada del pop.

Y eso acarreó acción y reacción. Por un lado, ese personaje de niña buena, sensible y talentosa que Swift había construido a lo largo de sus discos, y que había podido sostener cuando pasó del country al pop, una transición que puede no ser tan fácil (fíjense en Demi Lovato, Selena Gomez, Miley Cyrus o Justin Bieber), empezaba a verse demasiado artificial del otro lado. ¿Es que se puede ser tan perfecta?

En respuesta a eso, la propia cantante empezó a sentir que todo ese mundillo que brillaba a su alrededor, le estaba jugando en contra y había empezado a encandilar.

En el medio, su cruzada libertadora contra los servicios de streaming en defensa de los derechos de autor, su breve relación con el actor Tom Hiddleston y más líos mediáticos con Kanye West, el más enemigo de sus enemigos, fueron gotas que hicieron que el vaso se desbordara y ya no hubiera vuelta atrás. Y para cortar el reguero de agua, a la estadounidense no le quedó más que vaciarlo y volver a servirlo.

Entonces, cuando terminó la gira de 1989 Swift desapareció. Dejó de exponer toda su vida en las redes sociales, de ser presa fácil de los paparazzi, de tocar y de editar música. Y cuando el foco mediático parecía olvidarla, llegó la primera señal de que algo estaba por venir: a mitad de año puso en cero sus redes sociales y dejó, definitivamente, el pasado atrás.

Después de una primera tanda de canciones con poco sabor, el 13 de noviembre Swift editó Reputation, un disco tan esperado por sus fanáticos como por los escépticos que queríamos ver con qué salía ahora la actual jefa del pop. Y aunque no subió el disco a los servicios de streaming, en una semana batió su propio record y celebró la venta de más de un millón de copias.

Look what you make me do de Taylor Swift
"Look What You Made Me Do"

Reputation tiene a grandes rasgos, dos maneras de mirarlo. No está, es cierto, a la altura de 1989, que fue su despegue del country y su consagración absoluta como compositora pop. Más bien es un disco bastante desparejo y excesivamente largo (las 15 canciones suman unos 55 minutos en total), que atraviesa varios momentos chatos. Pero va por un nuevo camino y saca a Swift de su zona de confort (con todo controlado y acomodado a la medida por su equipo, sí), y la pone a experimentar sobre colchones electrónicos, tomando cierta distancia de las guitarras y los teclados.

La intención del quiebre es explícita, y de eso ya hablaba su “Look What You Made Me do” que fue uno de los cortes de difusión, con esa línea —trillada pero eficaz— en la que la cantante avisaba que la vieja Taylor no podía atender el teléfono, “porque está muerta”. Hoy, esos versos son su única descripción en Instagram, donde la siguen más de 100 millones de personas y donde se ha dedicado a agradecer los comentarios elogiosos de su flamante trabajo.

Los temas siguen esa línea rupturista a través de dos vías. Por un lado, la música la pone a buscar recursos en otros rincones del pop, en zonas más oscuras que apelan más a lo rítmico que a lo melódico, que era el elemento clave de tanto hit en 1989, y que seguramente sea la explicación para la falta de hits que hay acá. Y por otro lado están las letras, que finalmente parecen hablar de una Taylor Swift real, que tiene sombras además de luces, que también puede enojarse y no estar siempre en la postura de niña inocente.

En Reputation, sus canciones hablan de amor y de corazones rotos desde un lugar que parece tener que ver con el sufrimiento real y no sólo con ese despecho caprichoso y hasta molesto. Y si bien está nuevamente la Taylor enamoradiza en por ejemplo “Gorgeous” (vamos, que la otra Taylor no está muerta del todo), aparece un costado sensual hasta ahora no revelado, que hace de “Dress” un pasaje bastante interesante del disco.

Con todo, esta vuelta de Swift tiene altos y bajos y entre tanta capa y vuelta, hay que darle un tiempo para terminar de procesarla. Es un riesgo el que corre (también es un riesgo hoy no estar en streaming, pero la jugada le salió bien una vez más), y por momentos no queda bien parada. Pero todo no puede ser color de rosa y a juzgar por estas letras, Taylor Swift lo sabe. La persona que había detrás del personaje empieza a aparecer, y no está tan mal.

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