El zucará

“Esto se trata de que la música da paz y cura”

El músico se presenta el domingo en la Sala Zitarrosa para repasar sus 50 años de carrera

El zucará
El Zucará, el domingo en Sala Zitarrosa. Foto: Archivo

Es de Rocha pero hace 16 años vive en La Paloma, un lugar que lo inspira y conecta con la naturaleza. De eso, del sueño de un mundo mejor y de experiencias que tuvo en su vida -como avistamientos de ovnis- habla su nuevo disco, La casa nueva. El domingo en la Zitarrosa, donde repasará sus 50 años de carrera desde el dúo que lo bautizó para siempre. Charla con Víctor Julio González.

—Va a festejar los 50 años de carrera, una celebración que empezó el año pasado. ¿Qué cuenta como el inicio de Los Zucará?

—Nosotros empezamos cuando nos conocimos, porque a la semana estábamos ensayando. Y nunca paramos, tocamos 28 años hasta que falleció Humberto Piñeiro.

—O sea que cuando se conocieron ya había muchas ganas de hacer algo.

—Se ve que sí. Él era montevideano y fue a Rocha a visitar a la madre, pero tenía todo acá: su trabajo, una novia que recién lo había dejado y lo tenía muy compungido. Había compuesto su primera zamba con eso, y yo lo conocí en esa etapa. Él ya tenía cierto caminito hecho en el canto cuando lo conocí; yo en el folclore no, porque había arrancado como baterista.

—¿Haciendo qué?

—Primero armamos una orquesta, y el único instrumento que sonaba era un piano, los demás tocábamos todos percusión. Se llamaba Victorito y sus Junior Star.

—¿Y qué hacían?

—Música internacional, todos los ritmos, de todo un poco. Y después integré, tocando la batería en serio, una orquesta también que se llamaba The Hot Swingers. Después de eso ser uno de Los Zucará, era gracioso.

Julio Víctor González. Foto: Difusión.
El Zucará interpretando la canción "Los sonidos del silencio"

—¿Cómo se conocieron con Piñeiro?

—Ya no estaba tocando la batería, y él se estaba preparando para actuar en el canal local. Yo llegué a la casa de un amigo a buscar la batería y Humberto estaba cantando; mientras yo caminaba para la casa al fondo escuchaba una voz preciosa. Cantaba una zamba de Zitarrosa, no me olvido más. Y cuando terminó de cantar yo, que estaba parado en la puerta, le dije: “¿De dónde saliste?” (se ríe). Él me miraba medio raro, diría: “¿y este gringo?”. Además me había bajado de un Mercedes, que había pocos.

—Ustedes venían a grabar a Montevideo, pero ahora puede hacer un disco en Rocha. ¿Cómo es eso?

—Está muy bueno, son las cosas buenas de toda esta modernización. Ahora se puede grabar en cualquier lado. Este disco que va a salir ahora, La casa nueva, está todo grabado en la Usina cultural de allá. El problema de las usinas es que hay tanta gente para grabar que las horas son escasas; es más, en este período, yo paré el disco como dos años. Porque hace seis o siete años que empezamos a grabar este disco. Ahora quiero mostrar lo nuevo mío, que en realidad lo nuevo es lo de los últimos 20 años, desde que se fue Humberto.

—Para varias generaciones de músicos rochenses usted es un músico de referencia, casi una leyenda.

—Eso para mí es hermoso. A mí todo el mundo me quiere y esa es la riqueza más grande que tengo, todos reconocen mi trabajo, el que hice y el que sigo haciendo.

—Y además del virtuosismo y la calida de la obra, se destaca su dulzura, lo que transmite que tiene que ver con esto que hablaba antes.

—Es una búsqueda también, un propósito. Y eso me encanta, me encanta que la gente reciba eso. Me gusta mucho cuando después de un recital alguien me dice que sale con una paz que cuando entró, no la tenía. Y eso me encanta, se trata de eso. La música da paz y cura.

—Las canciones de La casa nueva hablan del sueño de un mundo mejor, que ha sido el mensaje de su música desde siempre, aunque desde diferentes puntos de vista.

—Por supuesto. La idea de tomar el poder por las armas del Che Guevara, que en algún momento era lo más grande, hoy en día es la misma: no desde las armas, sino de cambiar el mundo de ese sueño, que antes era la rebeldía y hoy se transforma en otra cosa. Y creo que la mente y el corazón pueden tener tanto poder si se unen, que es lo que está pasando: cada vez hay más gente en esta tendencia de la espiritualidad y la defensa del planeta, la ecología. Porque si no cambiamos, estamos.

—En La casa nueva versionó la canción “Mi revolución”, de Cuatro Pesos de Propina.

—Me encanta, por esa misma idea. Hay un hilo conductor en el disco; a veces parece que no, pero si escuchas atentamente vas a encontrar la misma energía en todo el disco.

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