OBITUARIO

Daniel Viglietti: el compromiso de la canción

A los 78 años murió uno de los grandes de la música latinoamericana

Daniel Viglietti
Daniel Viglietti por Arotxa

Daniel Viglietti, quien falleció ayer a los 78 años, fue un cantor comprometido. Artísticamente fue fiel a los lineamientos de la canción latinoamericana que él ayudó a fundar en la década de 1960. A esa generación y al cancionero nacional, aportó obras como “Gurisito”, “A desalambrar”, “El Chueco Maciel” y “Negrita Martina”.

Políticamente -un aspecto que tiñó su compromiso artístico- se mantuvo a la izquierda del espectro, siendo un militante hasta la última hora: en su programa de este fin de semana en El Espectador, Tímpano, dedicó un editorial a criticar el papel del Estado en la resolución de los crímenes cometidos durante la dictadura.

En el programa también había anunciado un concierto para el 1° de diciembre en el Teatro El Galpón. A fines de setiembre se presentó en el Antel Fest de Piriápolis y el viernes actuó en Las Piedras.

Este 2017 que se ha mostrado particularmente inclemente con su generación cultural: también fallecieron Coriún Aharonián, Graciela Paraskevaídis y Washington Benavides, tres nombres muy vinculados a la carrera de Viglietti. Murió, según fuentes cercanas, de un infarto durante una operación quirúrgica.

Había nacido el 24 de julio de 1939 en un universo de música: su padre fue el guitarrista Cedar Viglietti y su madre la pianista Lyda Indart. En ese entorno resultó obvio que se dedicara a la música culta. Estudió guitarra con Abel Carlevaro y se perfilaba para ese lado.

Sin embargo, la década de 1960 y el paradigma artístico que derivó de los estremecimientos políticos (la revolución cubana, claro) de esos años, cambiaron su rumbo.

La década de 1960 y el compromiso artístico que derivó de los cambios políticos de esos años, marcaron su carrera.

Su primer disco, Canciones folklóricas y 6 impresiones para canto y guitarra, editado en 1963, parecía combinar esos dos mundos. Pero ya al año siguiente, para el segundo disco, Hombres de nuestra tierra, se volcó directamente a una música de raíz folklórica uniéndose creativamente al poeta Juan Capagorry. Nunca perdió su clasicismo en la guitarra: fue uno de los grandes instrumentistas uruguayos en una tradición de grandes instrumentistas. Su presencia en escena sentado con su guitarra y con un atril como un concertista es un sello de la música nacional.

En el camino de la música latinoamericana lo influyeron artistas como Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra, con los que luego compartiría escenario y, además, entrevistaría en su faceta como comunicador. Además de Tímpano, conducía Párpado en TV Ciudad. Tenía particular afición por las palabras esdrújulas.

Su primer gran disco es de 1968, Canciones para el hombre nuevo, título que era una declaración de principios y un testimonio de su tiempo. Grabado tras una visita a Cuba , el disco incluía canciones de protesta propias (“A desalambrar”, la canción que da nombre al disco, “Milonga de andar lejos”) y adaptaciones poemas de Falco, Vallejo, Alberti, Lorca y Guillén.

“La circunstancia histórica me exige decir, no sólo cantar”, anunciaba en la contratapa de Canciones para el hombre nuevo. Ese fue un compromiso que mantuvo inalterable durante 50 años, más allá de modas musicales y políticas.

Antes de partir al exilio (que lo tuvo en Buenos Aires y 11 años en Francia), ya había construido una carrera sólida con trabajos como Canciones para mi América, Canto libre Canciones chuecas y un favorito personal, Trópicos, un disco de canciones ajenas tirando a experimental grabado en Cuba. Una buena parte de su discografía ha sido editada o reeditada por el sello Ayuí y sus discos se pueden escuchar en los servicios de streaming.

Durante su exilio no publicó discos, aunque su carrera musical siguió avanzando a lo que sumó una presencia fuerte en la resistencia a la dictadura. Su regreso al país fue saludado por un concierto multitudinario en el Franzini. Esa vuelta también estuvo marcada por su espectáculo de 1985 junto a Mario Benedetti, A dos voces.

Desde la década de 1990 se había transformado en un intérprete de su repertorio más clásico: su último disco de estudio, Esdrújulo, es de 1992, y en 2004 publicó Devenir que incluía canciones inéditas. Había confesado que se le daba más cantar que componer.

Aunque su cancionero está marcado por otro tiempo y otro mundo, su influencia -artística, ética y en algunos casos política- marcó a artistas como Numa Moraes, Fernando Cabrera, Eduardo Darnauchans y Ruben Olivera. Su impronta es notoria en la Nueva Trova cubana, principalmente en Silvio Rodríguez,

En un reportaje no hace tanto para la televisión venezolana, se lo presentaba como “cantor y luchador social uruguayo”. Y esa es una definición cierta que además lo pondría, seguro, muy orgulloso.

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