ENTREVISTA

Dani Umpi: “Nunca sabés dónde puede estar tu público”

Charla con un artista polifacético, que tiene nuevo disco y un texto suyo en el Solís

Dani Umpi
Dani Umpi. Foto: Ariel Colmegna

Por estos días, Dani Umpi estuvo recorriendo todos los medios uruguayos porque tiene varias novedades de las que hablar. Por un lado acaba de editar su nuevo disco de estudio, Lechiguanas; y por otro, su cuento El vestido de mamá estrena en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís una versión teatral, que va hoy y mañana (entradas en Tickantel). De eso y más va esta conversación.

—¿El vestido de mamá es tu primer texto llevado al teatro?

—Yo había tenido un par de experiencias antes, pero no tengo mucho vínculo con el teatro. Y en esto no participé, pero con el tiempo me sentí parte del equipo porque me encantó cómo quedó.

—¿Qué tiene de diferente el montaje al texto?

—Es que el texto es corto, entonces no sabía cómo iba a adaptarse. Y es una obra para niños pero habla mucho de los padres, toca muchos puntos porque se habla mucho de cómo ser padres. Y también hay una exploración del niño de un montón de cosas. Y cuando nos dijeron que el principal no iba a ser un niño nos pareció raro, pero al final quedó genial porque el actor es el de Art Attack, que tiene una cosa de niño televisivo.

—Me llamó la atención que en la gacetilla se aclarara que la obra no aborda directamente el tema de la identidad sexual. ¿Es necesario?

—Creo que la obra es un puntapié para hablar de identidades y juegos con varias identidades, porque es un niño que está probando cosas. Cuando armamos el libro sí discutimos mucho el perfil que le íbamos a dar al personaje, porque en la literatura infantil hay un vacío con esos temas, y cuando se tratan generalmente es sobre el niño que se siente niña, o muy de los colores. Este personaje tiene cosas estereotipadas de lo masculino, como jugar al fútbol; usa vestido y tacos pero de otro lado. Igual, es una obra que incluye muchos debates.

El vestido de mamá
Avance de "El vestido de mamá", que se estrena hoy

—¿La obra tiene algo infantil?

—Sí, pero para mí es más para grandes. Yo lo veo como esos cartoons que son para niños, pero tienen chistes para grandes. Tiene varias capas.

—Que un texto tuyo llegue al Solís, ¿es especial para vos?

—Obvio, me encanta. Uno siempre quiere que se vea acá las cosas que se hacen.

—Viajaste mucho en el último tiempo. ¿Por cuál de tus áreas de trabajo viajás más?

—Ahora se está mezclando mucho, y yo también lo estoy mezclando. Fui en febrero a Arco, a la feria de arte en España; hice una performance donde cantaba y mostraba el trabajo de plástica. Estoy experimentando más que en otros momentos, donde capaz estaba todo más dividido.

—¿Qué lugar te sorprendió más de los que recorriste?

—Quedé muy interesado en Colombia, porque no le saco la onda, pero me parece muy interesante todo. Todo lo que es nuevo me gusta.

—Acabás de editar un nuevo disco solista, Lechiguanas. ¿Por qué elegiste ese nombre?

—Las lechiguanas son avispas chiquititas, de las zonas donde hay más calor, y tienen una miel medio tóxica. Es re referencia del interior. Y hay un personaje de la película Nazareno Cruz y el lobo, de Leonardo Favio, que se llama Lechiguana y me encanta; cuando hago la elaboración de mi personaje drag, me gusta esa cosa de la vieja loca y bruja (se ríe). Yo lo veo como un disco darkie; también tiene que ver con el interior de uno. Viste que en la tapa estoy sin peluca ni nada. Es un disco más personal, con cosas más mías.

—¿Sentís que este disco se demoró mucho?

—Mucho, porque tuvo algunos tropiezos que al final jugaron a favor. En un momento mi manager y el sello (Contrapedal) se fueron a México, fui dos veces allá y tuve la idea de grabarlo en México. Pero fue imposible. Entonces las canciones maceraron y estuvo bueno, porque no sé cómo hubiera sido el disco si hubiera sido grabado en México. A veces uno se encandila con cosas, y no te das cuenta que tenés todo más cerca. Igual hice un montón de cosas en el medio, soy muy hiperactivo.

—¿Tu primer contacto con lo drag cuándo fue?

—Yo iba mucho a los boliches gays y me encantaba eso de los transformistas. Iba mucho a Espejismo, y había concursos, una noche de talentos que era genial. Eso por un lado, y después que todos los artistas que me gustaban eran así, performáticos, tipo Marilyn Manson, Annie Lennox, Alaska.

Dani Umpi
"Tebas" de Dani Umpi

—¿Y Lady Gaga?

—Me encanta, ella popularizó la creación camp, la cosa icónica; y a la vez manejan todas las cosas que me interesan, de la creación de una entidad. A veces parece Liza Minelli, a veces Kiss, y a la vez es ella, muy auténtica. Y me parece una gran compositora, "Bad Romance" es excelente. Es como lo que estaba esperando; gracias a ella muchas cosas de estas son más populares, porque antes tenías que explicar lo que estabas haciendo y toda esa visión, ese tipo de creación. Ahora no. Y eso que acá hay murgas y todo.

—¿Te ha cansado tener que explicar lo que hacés?

—Sí, yo siempre tuve que explicar mi obra, y a la vez explicar arte contemporáneo. Ahora hay más, pero igual cuesta muchísimo. Por ejemplo, Kevin Royke es talentosísimo, pero acá a la gente le van gustando otras cosas. Son gustos.

—De hecho, hay público que tiene muy bien valorada tu obra plástica, y otro que considera que hay cosas tuyas que son hasta ridículas.

—Sí, pero eso está bien, por eso hay muchos artistas. Y está bueno que uno se centre en encontrar su voz, en encontrar su camino. Todo lo demás te ayuda porque siempre te nutre el feedback, pero en el fondo tenés que decidir qué hacer y por dónde hacerlo. Si te ponés a satisfacer esas voces a las que en el fondo no les interesás tanto, te perdés, salís del eje. Yo siempre me sentí muy cómodo en el arquetipo de bufón, y no creo tanto en la genialidad del artista, sino en que los artistas se van colocando en lugares. Hay un lugar que uno lo habita, y ahí vas yendo y viniendo. Y ese lugar de bufón siempre me gustó, ese lugar que no se sabe bien cómo tomarlo, y es la frontera. Tampoco voy a pretender que a todo el mundo le guste lo que yo hago, porque si me pongo a pensar, soy un amargado. Lo que a la gente le gusta, a mí me parece malísimo.

"Siempre me sentí muy cómodo en el arquetipo de bufón"

Dani UmpiArtista

—¿Qué no te gusta?

—No me gusta cómo cantan los cantantes de pop melódico, por ejemplo, a los que le ponen 10 en no sé, La voz. Yo no puedo cantar así y no me interesa tener ese registro. Y a la gente sí le gusta. Me gusta que se hagan malabares y todo con la voz, pero con afinar ya está. Después cada uno tiene su color.

Lechiguanas es un disco superligero, bailable, y a la vez profundo.

—Sí. A mí siempre me pasó que como no vengo de la música, sino de otro lado, el ambiente musical siempre fue bastante desconfiado. Y siempre me daba como cosa. Y en este disco me largué a hacer algo muy ambicioso, y creo que le gustó más a la gente de la música. Porque está muy jugado a lo musical.

—¿Qué dice el estribillo de "No podrás"?

—(Tararea) "No podrás, grita un niño en un altar". Tiene muchas imágenes esa canción; es como una canción de poliamor, de amor libre, de pareja abierta que va conociendo a otros. Y el estribillo también es esa cosa de imágenes malas, de un tipo controlador, una mina celosa, un niño que se rebela en un altar, la televisión.

—Es un collage.

—Exacto. Hay otras más románticas, pero todas tienen un tinte personal.

—¿Y qué es Niteroi?

—Una ciudad que queda frente a Río de Janeiro. Estuve en una muestra colectiva que se hizo en un museo redondo que hay, de Niemeyer, y ahí hice la canción esa, como si fuera un estudiante que se enamora. Pero yo era más grande, ya había terminado la facultad.

—En "Punta 92 2002" decís: "hablábamos de ser famosos". ¿Qué tanto tiene que ver eso contigo?

—Bueno, yo no viví esa historia, pero me imagino un enamoramiento adolescente en los noventa en Punta del Este. Y yo en los noventa no iba nunca ahí, lo veía en la tele. Pero me imaginé la historia de dos, porque también la música es con programaciones de house noventero. Hay una cosa de drogas, de comerse el mundo, muy de ese momento. Me imaginaba eso, dos enamorados en Punta del Este comiéndose toda esa fantasía. Hay algo muy gracioso que a mí me hace acordar al pueblo, a Tacuarembó, pero con otra plata (se ríe).

—¿A qué círculos musicales te sentís integrado?

—A ninguno, porque por un lado vengo muy de la discoteca, y lo que siempre me interesa es el synth-pop o el electroclash, y acá no hay una escena de eso. Entonces no tenía mucho contexto. Y por otro es innegable que soy muy uruguayo; mis letras parecen de un cantautor del sello Ayuí.

"Es innegable que soy muy uruguayo; mis letras parecen de un cantautor del sello Ayuí"

Dani Umpi

—¿Vas a Tacuarembó?

—Sí. Esta vez no porque vienen mis padres.

—¿Te reconocen cuando vas?

—Sí, igual no tanto. Tengo una popularidad moderada (se ríe), tampoco es que sea tan famoso. Y la gente conmigo es bastante buena onda. No tengo problemas; tengo amigos que son medio famosos que no sé cómo hacen.

—¿Quiénes son tus amigos medio famosos?

—Ah, cuando vas con Leo García, por ejemplo, es impresionante (se ríe). No puede dar dos pasos, y ahora que está operado más.

—¿Cuáles han sido tus escenarios más grandes?

—Estuve en el Vive Latino; este año canté en el World Pride, en la marcha del orgullo de España, que era un evento regrande aunque no estuve en el escenario principal. Pero la escala es mediana.

—¿Sentís o has sentido que para Uruguay has estado adelantado en algunas cosas? Pienso que ahora hay cierto furor con lo drag por RuPaul, también se está generando una escena synth-pop...

—No sé si era adelantado, pero eran mis intereses. Yo saqué mi primer disco en 2005, Perfecto, y ahora me arroba en redes gente de 17 años con canciones de ese disco reviejo. Porque creo que hay una vuelta a ese sonido que a mí me gustaba. Tiene que ver con las modas, con que hay rescates. Porque nunca sabés dónde está tu público: puede estar en otro lado o puede estar en el futuro. Lo importante siempre es hacerlo. Antes no había tanto de electropop; igual a mi acá todo me parece pop, de la cumbia al rock. Y cuando empecé a hacerlo era bastante excepcional, y ahora los que hay son muy buenos, pero excepción también. Pero lo de los drags es increíble, yo no pensé que lo iba a vivir.

—¿Has podido hacer plata con algo de tu trabajo?

—Puedo vivir, y es bastante reciente vivir de lo que hago. Siempre trabajé de otras cosas, desde una casa de cambio a boliches. Y siempre se puede volver a pasar música en un boliche, pero también hay que probar otras cosas. Pasa que si yo tengo un trabajo en una oficina, me muero; tengo una cosa medio hippie, nómade, me gusta estar de un lugar a otro y son opciones. Vivo muy austeramente, no tengo hijos y no pienso tener nada; tengo novio pero no comparto economía. Soy muy solitario en ese sentido.

—¿Ni perro ni gato?

—No, nada que me impida irme. Soy muy desarraigado y muy huidizo. Me asfixio constantemente, de las relaciones, los muebles, ese tipo de responsabilidades. Con el tiempo lo vivo mejor. Ahora estoy más tranqui, pero antes todo me saturaba. Quiero estar en el aire y que nadie me joda.

PERFIL

Vida en movimiento

Desde los 2000, Dani Umpi ha desarrollado su obra en distintos ámbitos. Ha editado discos con un nivel siempre bueno, ha escrito varios libros (Miss Tacuarembó fue adaptado al cine y protagonizado por Natalia Oreiro) y ha expuesto su obra plástica en diferentes países alrededor del mundo. Durante los últimos dos años estuvo “en muchos lugares y a la vez en ninguno”, pero definió su eje en Buenos Aires. Por primera vez tiene un taller, que queda en el Once y le sirve para pasar la mayor cantidad de horas del día: “ahí hago desde contestar mails a stalkear pibes, a hacer obra”, cuenta a El País.

No toca ningún instrumento, empezó a tomar mate viviendo en Buenos Aires. La entrevista con él se interrumpe dos veces, la primera porque viene a saludarlo el realizador Agustín Ferrando Trenchi y su pareja, la fotógrafa Fernanda Montoro; y la segunda por una señora que lo abraza y quiere sacarse una foto con él. A Umpi, la sonrisa no se le borra.

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