JOAQUÍN SABINA

Canciones vitales que hablan de uno mismo

El español está en plena forma creativa en su nuevo disco, el confesional Lo niego todo.

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Joaquín Sabina. Foto: Difusión

Lo niego todo, su décimoctavo disco, muestra a un Joaquín Sabina, introspectivo y reflexivo sobre el paso del tiempo y la construcción de un personaje público que lo convirtió en una figura de la música iberoamericana. Lo niego todo está dicho con la picardía habitual y es su mejor disco desde 19 días y 500 noches, su clásico de 1999.

"Solo Leonard Cohen, ha hecho obras sobre la vejez absolutamente tristes, pero ha sido porque nunca fue joven, desde que empezó fue un señor mayor", le dijo a Sabina a El País español. "Toda la vida he tenido encima eso de envejecer con dignidad y no es la primera vez que hago ese verso. Hay una canción que escribí cuando tenía 20 años que dice que envejecer con dignidad es una blasfemia. Somos una generación que nos planteamos envejecer sin dignidad, seguir siendo jóvenes aunque por dentro estuviéramos hechos mierda".

Ese tipo de cosas las dice en un disco —el primero con material original desde 2009 y producido por Leiva del grupo Pereza— que lo encuentra en buena forma poética y con ganas de rockear. Con tanta exposición pública, uno se había olvidado que lo suyo siempre fue lo de cantautor rockero.

La presencia de Ariel Rot, el argentino que fundó el rock español con Tequila y lo hizo aún más masivo con Los Rodríguez, certifica ese espíritu de melodías originales, estribillos pegadizos y guitarras amables pero que saben administrar cierta furia y camuflarse en un par de baladas que son marca de fábrica. También está en la plantilla Carlos Raya, de Fito & Fitipaldis, una banda influenciada por el sonido clásico de Sabina. Acá puede rendir tributo a su maestro.

"Lo niego todo", la canción, es un ajuste de cuentas con su pasado. "Ni ángel con alas negras/ ni profeta del vicio/ ni héroe en las barricadas/ ni ocupa, ni esquirol/ ni rey de los suburbios/ ni flor del precipicio/ ni cantante de orquesta/ ni el Dylan español", dice allí en una poesía confesional que le va muy bien. Algunas letras son compartidas con el escritor Benjamín Prado, con quien ya había trabajado en sus útimos discos.

La biografía oficial indica que Sabina nació en Úbeda, Jaén el 12 de febrero de 1949, por lo que acaba de cumplir 68 años. Tiene una carrera que empezó en la década de 1970 y a fuerza de buenos discos y una imagen de poeta bohemio consolidó una obra que lo convirtió en uno de los grandes artistas de la música en español. Cierta tendencia autodestructiva de poeta maldito aumentaron el peso de su leyenda, un dato que ha sabido explotar.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

En Uruguay empezó a conocerse a través del programa Trovadores de nuestro tiempo que Washington Benavidez tenía en CX 30, con su disco de 1980 Malas compañías (el de "Calle Melancolía" y "Pongamos que hablo de Madrid") pero su consolidación popular se fue edificando a partir de Hotel dulce hotel, su quinto disco de 1987. A ese le siguieron El hombre del traje gris, Mentiras piadosas, Física y química, Esta boca es mía, Yo mi me contigo y 19 días y 500 noches. Desde entonces ha seguido produciendo discos, sorteando además algún quebranto de salud quizás producto de una vida de excesos que nunca ocultó.

Su vínculo con Uruguay es grande, quizás porque encontró acá cerca en Buenos Aires, uno de sus hogares artísticos. El año pasado, agotó seis funciones del Auditorio Adela Reta con su gira conmemoración de 19 días y 500 noches. El tour de Lo niego todo lo traerá a Montevideo en diciembre, tras varias fechas en el Luna Park porteño.

"Mis canciones se han intelectualizado, incluso, excesivamente", le dijo a El País español. "En este disco, teniendo cuidado de no perder rigor, he tenido que desintelectualizarme".

No está claro cómo hizo eso pero Lo niego todo, que se editó el viernes pasado y por ahora se puede escuchar en Spotify, está lleno del romanticismo urbano típico de Sabina. Y lo hace en plan confesión como en la notable Quien más, quien menos donde dice cosas como "Quien más, quien menos/ pagó caras 500 noches baratas/ y cambió a la familia por dos mulatas/ de culo obsceno".

Hay, además variedad de ritmos, que también es una característica del anfitrión. Están las clásicas rumbas, un reggae de título desalentador, ¿Qué hago aquí? pero letra contundente, alguna ranchera y hasta una canción con letra de Pablo Milanés (Canción de primavera) pero el tono general es rockero.

Todo el disco es de rimas e imágenes inspiradas. Alguien ha querido ver algo del último Leonard Cohen, pero con esa voz cada vez más cascada y esas cosas para decir, Lo niego todo está lejos de un testamento. Es más un ajuste de cuentas personal y, si la biología ayuda, la promesa de mejores cosas.

Tres discos importantes

Malas compañías

Es de 1980 y fue su segundo disco. Escuchado casi 40 años después, es otro Sabina más calmo con otra poética pero ya capaz de dejar clásicos como "Calle Melancolía", "Pongamos que hablo de Madrid" y "Gulliver"

Mentiras piadosas

¡Qué buenas canciones! En este disco de 1990 están "Eclipse de mar", "Pobre Cristina" y con esas dos le basta para estar entre lo mejor de Sabina. Está producido por Pancho Varona, Antonio García de Diego y él mismo.

Vinagres y rosas

La etapa más reciente, o al menos la que siguió a 19 días y 500 noches, quizás no sea tan conocida. Una pena porque Sabina siguió produciendo discos interesantes. Este es de 2009 y tiene canciones como para pelear un lugar entre sus mejores.

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