Canciones que le dieron voz a varias revoluciones

Hoy en el Adela Reta los chilenos Quilapayún están de cumpleaños, El País charló con uno de sus fundadores

Quilapayún
Quilapayún, 50 años que se festejan en el Auditorio

Pasaron 50 años desde que los chilenos de Quilapayún sorprendieron con su folklore revolucionario tan acorde con aquellos tiempos. Fue así que integraron al cancionero regional “El pueblo unido jamás será vencido”, “Qué dirá el Santo Padre” o “La muralla” y obras ambiciosas como la Cantata de Santa María de Iquique.

Hoy a las 21.00, Quilapayún vuelve a Uruguay a presentar su concierto de celebración de los 50 años de carrera. Es en el Auditorio Adela Reta con entradas que van de 800 a 1.800 pesos.

El País charló con Eduardo Carrasco, líder histórico de este grupo chileno.

—¿Se acuerda de la primera vez que Quilapayún tocó en Uruguay?

—Uff, claro. Fue muy curioso, era la primera vez que salíamos de Chile para América Latina, así que íbamos con mucha expectativa. Resultó que nos bajamos del avión y de ahí nos llevaron directamente a un barrio donde había un escenario callejero y ahí nos subimos y cantamos. Lo divertido era como que esperábamos algo diferente y nos sentimos como si no hubiéramos salido de Chile. Fue decepcionante, sí, pero emocionante de descubrir el vínculo estrecho entre nuestros países. Y después fuimos con Víctor Jara a El Galpón que no se si existe todavía...

—Sí, claro.

—Bien. Ahí hicimos un recital bien bonito que se grabó y salió en disco. Ir a Uruguay siempre fue emocionante.

—Y ese vínculo con Uruguay se afianzó en el exilio.

—Por supuesto. Hicimos mucha cosa con los uruguayos. Con Zitarrosa hicimos un recital inolvidable en la Piazza San Marco de Venecia y cantábamos por Uruguay viendo las cúpulas de la iglesia.

—¿Cuál es el secreto de las canciones de Quilapayún?

—Somos como una reliquia en el sentido de que el tiempo en lugar de ir destruyendo o quitando el valor a lo que hacemos, lo ha ido acrecentando. Las canciones tienen un valor emblemático que no le dimos. Con el tiempo se van vinculando a esperanzas y nuevas luchas la hacen válidas. Canciones como “El pueblo unido” son cantadas en distintas ocasiones. Fue válida para los pueblos en dictadura y hoy es tomada para otras causas.

—Cambia la coyuntura pero quedan las canciones...


—Las canciones son las pocas cosas que quedan incólumes con el paso del tiempo. Cambian de significación y por eso siguen vivas. la Cantata Santa María de Iquique era una cosa cuando nosotros la hicimos en 1970, se transformó en otra cuando ganó Allende, fue otra cuando la cantábamos en el exilio y en otra cuando volvimos a Chile. Siempre tiene un sentido nuevo.

—Aquellas canciones estaban enmarcadas en la construcción de una utopía en la década de 1960. ¿Sigue siendo la misma utopía para ustedes?

—Para nada. De hecho, cuando nos iniciamos teníamos cosas que estaban muy ligadas a la situación política chilena, al marxismo, la situación del mundo. Todas esas cosas pasaron. Pero las canciones son como el concentrado de los ideales. Lo que tenían de permanente esas luchas está en las canciones. Las luchas que vimos en esos años no eran una equivocación, aquellos sueños no se disolvieron cien por ciento porque tenían un anhelo de justicia siempre válido.

—Y en 1982 proclamaron “la revolución y las estrellas”.

—Eso sigue vivo. Esa idea es nuestra principal motivación de nuestro canto. Lo que se destruyó con esa forma de ver los cambios, fue entender que la revolución era una cosa economicista. Eso era falso. Los seres humanos no solo vivimos de pan. Para nosotros ahora la revolución no puede ser de la misma manera: el objetivo, finalmente, es cultural. Cambiamos.

—Y esos cambios son los que veremos en este show en Uruguay.

—Sí, verán lo que mantiene vivo a Quilapayún: la esencia del cambio y que tratamos de ser consecuentes con eso.

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