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Canciones que buscan la luz que llega luego de la tormenta

La viajera, la pebeta de barrio, la que tiene temas pendientes y alguna otra menos conocida que ande dando vueltas por ahí. Todas las facetas que Malena Muyala fue mostrando a lo largo de su carrera de cantora de ley se entreveraron, se cruzaron en un temporal, y dieron forma a una nueva.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Intensidad: es la principal característica del último disco de Malena Muyala. Foto: M. Bonjour.

Esta Malena Muyala de 2015 es la mejor que se ha escuchado, aunque seguramente sea peor que la de 2020. Porque si algo demuestra esta mujer con cada disco, con cada show, es que tiene demasiado para dar.

Temporal, el disco que lanzó hace un par de meses, es uno de los discos del año a nivel nacional. Más allá de la natural y constante evolución artística de la artista y de que es el primero que sólo tiene composiciones suyas, el sonido general de este álbum es tan impecable y limpio que sorprende.

Puede que la sorpresa sea menor cuando se descubre que el productor y director artístico de este proyecto es Gustavo “Popi” Spatocco, quien fuera mano derecha de la genial Mercedes Sosa durante años. A lo mejor hay una trampa, pero al terminar Temporal uno termina por encontrar un parecido entre la uruguaya y la argentina.

Un parecido que de algún modo tiene que ver con los paisajes sonoros que se recorren. Si bien Muyala cuenta historias muy suyas, pasea por los patios de su infancia y por sus recuerdos más profundos, el ambiente más folclórico que tanguero hace un guiño evidente al Río de la Plata, y un poco más allá.

Hay tangos, claro, pero esta Malena se vuelca cada vez menos a ese género, o cada vez más a los demás: milongas, candombes, zambas, cuecas y hasta un poco de pop.

“Luz”, el corte de difusión, fue producido por el innovador Juan Campodónico, que aportó su brillo y sus programaciones para sacar a Muyala de sus lugares más comunes, pero las combinó con un fino cuarteto de cuerdas. Obviamente es uno de los temas más llamativos de este repertorio de 12 canciones, que tiene varias joyas.

Una es “Brisas”, un vals entrañable en el que la autora recuerda sus primeros años en el hogar familiar de San José. Otra es “Barro”, un tango que se insinúa hacia la electrónica con un arreglo de cuerdas bellísimo de Spatocco, la otra mitad de esta impecable producción.

Y así se puede seguir, despedazando este Temporal que funciona tan bien como una unidad (porque nunca pierde la armonía más allá de su variedad de climas y estados), así como funciona por partes.

“Confesión” es otra gran canción, una muy oscura que procura buscar la luz (no parece ser casualidad que anteceda a “Luz” en el álbum); también la desgarradora “Insistir” y “Vestigios”. En fin, desfilan las buenas canciones en Temporal, canciones con tanto cuerpo que se sostienen tanto en un disco como en un show. Son buenas por el trabajo musical, pero también por el lírico.

Muyala, que desde su primer disco venía mostrando con cautela su condición de compositora, se destapa con la madurez necesaria para defender este repertorio intenso. Y resulta ser una habilidosa poeta, que desde un lugar muy íntimo y sencillo logra describir con precisión y belleza situaciones, sensaciones y paisajes.

Se podría hablar más de este disco pero si no se escucha, no funciona. Pues cuando pasan las 12 canciones es muy fácil entender por qué la ahora cien por ciento cantautora lo llamó Temporal. Su nivel es muy bueno, su sonido también, pero la cuestión final pasa por las emociones, que van y vienen con cada tema, con cada golpe de percusión o cada acorde de un bajo muy poderoso.

Tiene poder este disco, que sobresale entre las ediciones nacionales aunque tenga poco de nacional, más allá de algún ritmo tradicional. Y ese poder le permitirá seguir creciendo.

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