MÚSICA EN URUGUAY

La banda sonora de un presente

En el Día de la Música, un vistazo al momento de una música uruguaya activa y creativa.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Fotos: Difusión

Hoy en Montevideo hay 20 espectáculos musicales repartidos por escenarios, desde los más grandes a los más pequeños, de artistas nacionales e internacionales.

La cifra es casi la misma del sábado pasado, apenas superior a la de hace 15 días y prácticamente idéntica a la del último sábado de agosto, lo que habla de un movimiento bastante regular en la escena local.

Hoy que es el Día de la Música, la ópera La Traviata va por la segunda función en el Auditorio del Sodre; la banda argentina La Beriso toca por primera vez en el Teatro de Verano y Trotsky Vengarán adelanta su nuevo discocon entradas agotadas (igual que ayer) en Bluzz Live. Hoy es el Día de la Música, sí, y eso es el puntapié inicial para este vistazo a la escena musical montevideana que, a pesar de sus eternos problemas, vive seguramente uno de sus momentos más creativos.

En eso hay varios factores, que van desde la constante aparición de nuevos artistas a la generación de espacios donde tocar (ver recuadro), y sobre todo tiene que ver con la autogestión: los artistas necesitan mostrar lo suyo y saben adaptarse a las condiciones de un medio al que, por supuesto, todavía le queda para mejorar.

Montevideo Sound City, el festival que se hizo un frío domingo de julio en el Auditorio Adela Reta, fue una buena foto de lo que está pasando ahora. Una foto un poco mainstream de la que participaron desde Buenos Muchachos a Alfonsina, pero que le hizo justicia a la actividad intensa tanto en materia de bandas de rock y hip hop como de cantautores.

Lo de mainstream tiene que ver con que en la grilla no se incluyó a ningún artista de la escena independiente que tiene a la cabeza al colectivo Esquizodelia. Ahí están pasando muchas cosas porque hay gente con ganas de hacer, y la tecnología les ha dado la maravillosa oportunidad de grabar discos en una habitación y poder desparramarlos por internet.

Eso ha consolidado a Alucinaciones en Familia, el nuevo grupo de Pau O Bianchi que abrió la última edición de los Premios Graffiti con una presentación provocadora y que, además, terminó consiguiendo tres estatuillas. Y los Graffiti también son considerados mainstream, así que el triunfo de este grupo, cuyo disco homónimo lanzado en diciembre de 2015 tiene casi 20.000 reproducciones en YouTube, es reflejo de lo que pasa en una cara que es cada vez más visible: la de ese under joven.

De hecho, cuando esta banda presentó su álbum en Bluzz Live, más de 100 personas quedaron sin entradas. Es un dato importante.

En esta movida indie se produce tanto material que es difícil contabilizarlo porque, además de lo que genera cada banda, los integrantes de una suelen cruzarse con los de otra, juntarse, grabar y editar.

Hay otro fenómeno a destacar. Es el de Molina y los Cósmicos, esta banda dividida entre Castillos y Aguas Dulces que logró reconocimiento en Estados Unidos, es casi de la casa en varios lugares de Brasil y su segundo disco, El folk de la frontera, fue presentado a sala llena en La Trastienda. Nicolás Molina, su líder, trabaja a diario en una panadería.

Con todo esto, el universo del cancionero local está creciendo enormemente, y los sellos, con menos compulsión, también aportan lo suyo. Bizarro por ejemplo, antes de fin de año estará sacando siete discos nuevos, de los cuales tres son óperas primas: el de El astillero (que ya está en plataformas digitales), el de Las malas lenguas y el de Papina De Palma. Montevideo Music Group, por su parte, tiene previstos más de 10 lanzamientos entre material inédito, discos en vivo y recopilatorios, más que nada de folclore y música tropical.

Según la última actualización de la Cámara Uruguaya del Disco, en 2014 se vendieron 344.048 copias de discos, vinilos y DVDs, y el 57 por ciento fue de música nacional.

Números.

En todo el año, por ejemplo, Bluzz Live tiene agendados 140 shows, un promedio de un show cada dos días y medio. Y, solo en septiembre, hubo en las distintas salas de Montevideo alrededor de 194 recitales: todos los días hubo algún espectáculo musical.

Este año, además, Peyote Asesino volvió e hizo cuatro conciertos con entradas agotadas, dos en el Teatro de Verano y dos en La Trastienda. También agotó entradas Traidores (primero en Bluzz Live, después en La Trastienda y ahora va por la Sala del Museo el 28) y La Triple Nelson todas las veces que tocó en la ciudad: fueron dos en La Trastienda, dos en Bluzz Live y la última en el Solís.

Entre los artistas más activos resalta Trotsky Vengarán, que cerrará el año con al menos 10 fechas en la capital. Rossana Taddei y Alberto "Mandrake" Wolf han hecho casi 20 conciertos en estos nueve meses que lleva 2016, y los Buenos Muchachos también han tocado hasta cansarse, jugando además con distintos formatos y versiones. Son apenas referencias visibles de un momento musical que está funcionando, moviéndose y, sobre todo, sonando fuerte.

Los escenarios y un problema que todavía se mantiene

La situación que atraviesa Paullier y Guaná reavivó la polémica respecto a las salas, los ruidos sociales o molestos y las habilitaciones. Este restaurante y bar fue clausurado por Jefatura el pasado 14 de septiembre aunque según la Intendencia está todo en regla, lo que genera que una de las salas de conciertos con más actividad de toda la ciudad esté de puertas cerradas una vez más, ya que ha venido enfrentando esto sistemáticamente. Por estos días, también Pulpo Rojo tuvo que enfrentar una situación parecida pero sus puertas ya se encuentran abiertas y está funcionando con normalidad.

El panorama de los escenarios para recitales en Montevideo es un tanto curioso, sobre todo para los públicos pequeños. En Paullier y Guaná entran poco menos de 200 personas, en Bluzz Live poco más de 300, y después para encontrar una sala en la que el público pueda estar de pie (que no sea sótano o algo similar) hay que saltar a La Trastienda, que tiene una capacidad que ronda los 800 espectadores. Después lo que hay son salas de teatro (la Camacuá que hace poco se sumó al circuito, la de Agadu, la Zavala Muniz y la Hugo Balzo, la Zitarrosa y eventualmente El Galpón) donde las capacidades son más equilibradas. Pero allí el recital se presencia desde una butaca, lo que no siempre es lo deseado por parte de la banda y del espectador.

Entonces están apareciendo otros bares, como el caso del Fénix, Pulpo Rojo, Tundra Bar, Tinkal y en eso entra El Tartamudo, que ofrecen conciertos para pocas personas donde se está sentado pero en una mesa, o bien en la barra, y se puede tomar una copa mientras tanto. Es una propuesta intermedia, que aún no colma las necesidades de muchas de las bandas que están en actividad.

El famoso asunto de los ruidos ha hecho que el circuito se mantenga acotado, y el diálogo entre vecinos y propietarios siga siendo tenso en muchos casos.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te puede interesar
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)