Perfil

Un novelista con gusto por la historia y la conspiración

¿Quién es Javier Sierra, el autor de la novela ganadora del Premio Planeta?

Javier Sierra posa luego de recibir el Premio Planeta 2017. Foto: AFP
Javier Sierra posa luego de recibir el Premio Planeta 2017. Foto: AFP

Debía ser un nombre potente para que, por un lado, no quedara sepultado por el ruido sociopolítico generado por el traslado de Barcelona a Madrid de la sede editorial, y, por otro, para que garantizara buenos números tras dos meses en que las ventas de libros han caído, al menos en Españam un 25%.

Y la maquinaria del premio Planeta dio con la fórmula al otorgar la 66ª edición del galardón, con sus 601.000 euros de bolsa, al turolense Javier Sierra, sin duda el rey del thriller conspirativo español, con El fuego invisible, con el mítico Santo Grial como eje de la trama. No olvidándose del otro gran espectro de la lectura en España (las mujeres la practican en un 66,5%, casi 10 puntos más que los hombres), la finalista (que recibirá 150.250 euros) fue la madrileña Cristina López Barrio con Niebla en Tánger, donde la monótona vida de una joven muda deviene en una trepidante intriga tras acostarse una noche con un misterioso desconocido.

Dominador de los códigos del género como solo pueden hacer clásicos como Dan Brown, Sierra (Teruel, 1971) se ha labrado con poco más de media docena de títulos un notabilísimo lugar bajo el sol del thriller de enigmas con sustrato histórico, hasta el extremo de que le han llevado a ser el único escritor español hasta la fecha que ha entrado en la lista de los libros más vendidos en Estados Unidos. Fue en 2006, en sexta posición, con la versión inglesa de La cena secreta (2004), título que, junto a El ángel perdido (2011), conforman las dos grandes tarjetas de presentación del escritor.

Hay libros de Javier Serra, el ganador del Planeta, en Uruguay donde aunque “no es un best seller, se vende”, dijeron  fuentes de la editorial. Por ahí están La pirámide inmortal (490 pesos) y En busca de la edad de oro (420 pesos). El fuego invisible, se espera en librerías locales entre diciembre y enero.

Sierra, al contar la trama de su ya octava novela, le dio un poco de emoción a la multitudinaria gala literaria (unos 950 invitados) del premio mejor dotado de las letras españolas, alejada del crispado clima sociopolítico que vive Cataluña por el proceso secesionista y por la decisión del Grupo Planeta de trasladar su sede social y fiscal a Madrid.

Las declaraciones del presidente del séptimo conglomerado editorial del mundo, Josep Creuheras, en la tradicional rueda de prensa previa del día anterior al fallo y la presencia como máximas autoridades políticas de perfiles poco significados -la presidenta del Congreso, Ana Pastor, y, por parte de la Generalitat, de los consejeros de Empresa y Conocimiento y de Cultura, Santi Vila (amigo personal de Pastor de cuando negociaban las infraestructuras) y Lluís Puig, respectivamente-, desactivaron las expectativas de los más de 250 periodistas presentes y facilitó que se rebajara notablemente la tensión.

Como mandan los cánones, es un joven profesor e investigador universitario el protagonista de El fuego invisible. Afincado en Dublín, pasa unos días en Madrid. Será aquí donde se verá envuelto en peligrosas pesquisas que le llevarán a seguir el rastro del mítico Santo Grial. “El fuego invisible es la fuerza de la palabra”, resumió Sierra, que aseguró que la novela “gira en torno a una palabra inventada en el siglo XII: Grial. Y de la pregunta de dónde vienen las ideas”.

Un ritmo narrativo trepidante y una tremenda erudición sobre el tema (el autor suele haber estado in situ en los lugares donde transcurren sus tramas) marcan una novela que en realidad engarza con el sello Sierra, bien definido ya en 1998, cuando debutó con La dama de azul donde, utilizando la figura de la monja del siglo XVII María Jesús de Ágreda, detenida por la Inquisición, juega con sus famosas bilocaciones para urdir una trama con espías psíquicos de la CIA y expertos del Vaticano.

El éxito que se intuía en Las puertas templarias (desde su aparición, en 2000, ha estado ininterrumpidamente en librerías) se ratificó con La cena secreta, que construyó a partir de unos supuestos mensajes crípticos en el lienzo de La última cena de Da Vinci y que le lanzó mundialmente a la fama, publicándose en 42 países y vendiendo más de tres millones de ejemplares.

Investigador de enigmas. En 2011, con El ángel perdido (11 meses, 55 ciudades y siete países para la promoción de la historia de una restauradora de la catedral de Santiago de Compostela que se ve atrapada por una trama internacional a partir de dos antiguas piedras con poderes sobrenaturales) no hizo más que crecer la fama de quien empezó su trayectoria como periodista y con especial debilidad por los enigmas del pasado. Ello le llevó a dirigir la gran revista española sobre el tema, Más allá de la ciencia, con solo 27 años y a colaborar asiduamente en el espacio televisivo de Iker Jiménez Cuarto milenio.

Llegó incluso a tener espacio propio, Arca secreta, en Antena 3 TV. Esa afición se tradujo también en algunos libros de ensayo, como Roswell: secreto de Estado (en realidad, su primer título, de 1995, donde defendió con polémica la ocultación por Estados Unidos de unas pruebas con supuestos extraterrestres). El maestro del Prado (2013), sobre un hombre que desvela misterios en los cuadros de la pinacoteca madrileña, y La pirámide inmortal (obra basada en una anterior suya sobre la estancia de Napoleón en el interior de Keops) completan la bibliografía de ficción de quien ha sido calificado como el Dan Brown español, pero mejor documentado.

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