LIBROS

Una memoria hecha un ajuste de cuentas familiares

Un suicidio y la historia de Argentina se revuelven en "El salto de papá", el libro del momento de Martín Sivak

Martín Sivak
El escritor y periodista Martín Sivak. Foto: F. Flores

lo primero que se ve del banquero argentino Jorge Sivak es una foto. Está parado detrás del Hotel Nacional de Moscú, posando para la cámara como un boxeador, con los puños en alto. Era un aficionado del deporte. También era comunista. Solo visitó Rusia una vez en su vida, por negocios.

La instantánea ilustra la portada de El salto de papá (Seix Barral, 2017el libro más reciente del periodista y escritor Martín Sivak, hijo de Jorge. En la memoria, Martín narra la vida y muerte de su padre, quien se arrojó de un edificio el 5 de diciembre de 1990. Ese día el Banco Central de la República Argentina formalizó la quiebra de su empresa.

"Me gusta mucho esa foto”, dice Martín mientras mira la tapa de su libro, hoy un best seller en Argentina. Recalca el misterio que hay en el pie de la foto, en el que se refleja, escrito en un marcador negro, una incógnita temporal: “Moscú. 1988 o 1989”.

"Tuve la necesidad de trabajar sobre la incertidumbre”, dice al encontrar una relación entre la anotación y su tarea como escritor. “Sé mucho sobre mi padre. Supe más después de hacer el libro, pero hay muchas cosas que son de una especie de enigma, incluso hasta hoy”.

Martín estuvo siete años trabajando en El salto de papá, viviendo entre Buenos Aires y Nueva York. Allí se doctoró en Historia de América Latina. El libro es su séptima obra. Antes escribió trabajos sobre Mariano Grondona, Hugo Banzer Suárez y Evo Morales. También publicó una investigación, en dos tomos, sobre el diario argentino Clarín.

El salto de papá, aclara Martín, es la primera vez que habla de su vida desde la literatura. Cree que lo que llevó tanto tiempo fue encontrar el tono en cómo hacerlo.

"Desconfío de los libros que se escriben muy rápido. Creo en los libros transpirados”, asegura. “Este libro tiene muchas broncas. Alguien me dijo que era ‘un ajuste de cuentas’ y yo lo negué. Pero me di cuenta que sí, es un ajuste de cuentas familiares”.

Martín confiesa que pensó que no terminaría el libro. Una carpeta titulada “Pa” se robaba su mirada siempre que abría su computadora hasta que decidió que debía encontrar el final. La respuesta, sorprendentemente, se la dio su propio padre, cuando el autor entró en un conflicto con el cementerio en el que descansan los restos de Jorge.

Lo que antecede a ese pleito, es una obra sumamente cautivante, en el que las anécdotas personales de un padre y su hijo se mezclan con una escritura periodística utilizada para narrar parte de la historia política y social de Argentina.

¿El salto de papá es un libro sobre una vida o una muerte?

Es un poco las dos cosas. Es la historia de una vida, de un suicidio y, de fondo, la historia de la Argentina. No es algo que me lo hubiese propuesto. En la escritura del libro acompaño al lector en las vacilaciones y las dudas. En otros libros yo sabía la estructura de entrada. En este, para nada. Hablar del país apareció en la escritura. El caso Sivak (que refiere al secuestro y asesinato de su tío, Oscar Sivak) es algo muy olvidado por los argentinos. Para mí siempre es una historia marginal. Mi padre tuvo relevancia pública por el secuestro de su hermano, pero no fue influyente. Muchos lo leen como la historia de la Argentina. No sé si lo es. Con la salida del libro tomé conciencia de eso, en la lectura de los otros.

Ha presentado a su padre como un “banquero comunista”. ¿Lo hace para hablar de las contradicciones a lo largo de su vida?

Es un giro efectista y simplificador. Si uno escribe es porque es tímido y prefiere escribir a hablar. Me veo diciendo cosas que no son lo que están en el libro y me afecta más que a ninguna cosa. Eso de “banquero y comunista” me salió en una entrevista y objetivamente es así. Era dueño de un banco, comunista y creía y quería cambiar el mundo desde su banco. Administraba las ambigüedad y contradicciones como podía. Iba al banco y después venía Daniel Viglietti a cenar y dormir a su casa. ¿Qué es esa vida?

¿Mientras escribía sintió que convertía a su padre en un personaje y no en el objeto de una biografía?

Me pasó muchas veces. Incluso en caricaturizar a los amigos de mi papá. Eso tuvo algunos costos porque uno se enojo. Pero fue parte del ejercicio, de darme cuenta que el libro no era una conversación conmigo mismo. Esto es algo para interesar a los otros. No es que escriba pensando en quién te va a leer, pero era consciente de que era un libro para que lo leyeran muchos. A mí me importaba eso, aunque no sabía que iba a ser así. Hay una ambigüedad en el retrato de alguien que quise tanto y el personaje de un libro. Hubo una crisis a partir de convertir hechos reales convertirlo en una pieza literaria.

¿El diálogo con su memoria despertó nuevos recuerdos?

Me asustó tener tantos recuerdos. En mi vida estaba tan fascinado y tenía tal idealización de mi padre que yo no tuve “la edad del pavo” para cuestionarlo. Debería haberlo tenido. Obviamente hay una memoria voluntaria e involuntaria. Todo lo que escribí es a partir de lo que pasó. Te inclinás hacia atrás y hay cosas que no pensabas que estaban ahí.

¿Alguna vez sintió la necesidad de abandonarlo?

Me resultó muy agobiante pero dejarlo y no publicarlo, nunca. Hay un momento que cuento en España que no entendía porque no podía terminarlo. Se entregar una nota y un libro. Pero acá no sabía. No es que yo actuaba para el libro pero estaba tan presente que me cuestionaba que era qué, mi vida o el libro. Pensé que no podía terminarlo y me encontré con el problema del cementerio. Y ahí decidí terminarlo.

RECUADRO

La relación con Daniel Viglietti, un amigo de la familia

El músico uruguayo Daniel Viglietti, fue un amigo cercano de Jorge Sivak, padre de Martín. Según contó el escritor argentino a El País, el cantautor iba a ser el presentador original del libro en Uruguay, tarea que finalmente recayó en el periodista Mauricio Rodríguez el jueves 16 de noviembre en la librería Escaramuza. “Me dio pena que en estos últimos meses, que hubo tanta proximidad con Daniel, escenas que me hubiese gustado incluir en el libro”, contó el narrador. “Su último recital en la Argentina fue hace un mes y yo llevé en el auto junto a mi hijo y Lourdes (Villafagna), su compañera. Soy muy malo manejando y nos perdimos yendo a tocar camino a La Plata. Cuando volvimos a las dos de la mañana empezamos a cantar himnos nacionales. Fue una cosa hermosa”.

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