Entrevista

“Escribir es un acto de rebeldía”

Una charla con el escritor español Javier Cercas sobre la vida del escritor, su nuevo libro y lo que pasa en Cataluña

Javier Cercas
Javier Cercas. Foto: Marta Calvo

Con Soldados de Salamina se convirtió en un best seller que tenía la profundidad y el tono de la gran literatura. Desde entonces este extremeño-catalán, como se define, no ha parado de escribir y de conquistar lectores. Estuvo en Uruguay para presentar su última novela, El monarca de las sombras (Random House, 490 pesos), en la que vuelve a los años de la España franquista a partir de una historia familiar de un tío-abuelo fascista. Sobre el acto de escribir e, inevitablemente sobre lo que está pasando en España, Cercas charló con El País.

—Más allá de los autores que venden, hemos perdido el contacto con muchísima literatura española...

—Eso es una desgracia total. Nuestros políticos no se dan cuenta que el mayor capital económico, cultural y político es la lengua. Lo ignoran por completo. Imaginate un Instituto Cervantes de todos los países de la lengua española; sería de una potencia brutal. Pero nadie se lo plantea por el puto nacionalismo y los putos intereses de las elites políticas. En el ámbito literario ocurre eso: es catastrófico que los buenos escritores no nos podamos leer en todo el ámbito de la lengua. No sería quien soy sin los escritores latinoamericanos.

—¿Cuál fue el primer libro latinoamericano que le impactó?

—A mí, Borges me cambió la vida. Hay escritores que son importantes en determinado momento y después te alejas de ellos, pero a Borges siempre vuelvo. Es el escritor en español más importante desde Cervantes.

—¿Le siguen sorprendiendo cosas?

—Antes que nada soy un lector pero el deslumbramiento de la adolescencia ya no se da, pero releo mucho.

—¿Cómo lidia con el acto tan solitario del escribir y después darte cuenta que estás traducido a más de 30 lenguas?

—Para cualquier persona es bueno tener el ego controlado y para un escritor aún más. El amor propio es una cosa buena. Me encanta tener lectores y que de mis libros se hagan películas, pero eso no cambia nada. El éxito consiste en escribir los libros que quieres escribir. A mí, hasta los 40 años, me leían mi madre y algunas de mis hermanas y nunca me quejé. Me parecía normal, lo raro es esto de ganarme la vida escribiendo libros.

—¿Y cómo es la popularidad de un escritor?

—La popularidad de un escritor no es popularidad. La gente es muy generosa, sí, y por eso se lleva muy bien la popularidad de un escritor.

—¿Qué no le debe faltar cuando se sienta a escribir?

—Té y Coca Cola son las únicas dos cosas imprescindibles. Y por las mañanas corro, eso también es indispensable.

—¿Cuál es el mejor consejo que le dio un escritor?

—Es que he conocido pocos escritores. Onetti decía “los que quieran ser escritores que se den prisa pero los que quieren escribir que no tengan ninguna prisa”. Y ese es un excelente consejo.

—Leyendo sus libros pensaba por qué España siempre vuelve a la Guerra Civil que pasó hace 80 años...

—Es que no pasó hace 80 años. La Guerra Civil no duró tres años: duró 43. Mis libros hablan de la digestión del pasado más duro, pero eso no sólo atañe a España si no a todos los países porque todos tienen un pasado duro con el que hacen lo que pueden. Mis libros no hablan del pasado, hablan del presente. La única forma de hacer algo útil con el futuro es tener el pasado siempre presente.

—Y eso lo practica en sus libros...

—La primera rebelión es afrontar el pasado con todas sus consecuencias y sin edulcoraciones. Eso es lo que he intentado en El monarca de las sombras. En el anterior, El impostor, era mostrar cómo cuando se trata del peor pasado, lo que hacemos es inventarnos un pasado heroico, épico que nos halague. En el nuevo libro es ir al pasado más duro. En mi caso es mi familia franquista y así intentemos entenderlo (no justificarlo), asumirlo de verdad y afrontarlo con el mayor coraje posible. Eso cuesta mucho trabajo.

—Entonces sus libros son una declaración de rebeldía...

—Totalmente. Escribir es un acto de rebeldía pero de rebeldía en serio, no de anuncio.

—Es inevitable hablar de lo que está pasando en España...

—Eso es muy doloroso. Es la rebelión de los ricos. Y yo estoy del lado de las rebeliones de los pobres. Cataluña es la zona más rica de España y desde que el mundo es mundo son los ricos los que se quieren separar de los pobres. La primera mentira es que todos los catalanes se quieren separar. Nunca han sido más de la mitad los separatistas. El poder de la mentira es mayor que nunca, Trump y el Brexit son triunfos de la mentira y en Cataluña puede triunfar la mentira. ¿Sabés cuánta gente fue hospitalizada el día de ese referéndum? Dos y una por un infarto. Y de esas falsedades hay toneladas. El gobierno catalán lleva años propagando mentiras.

—¿Cuál es la solución?

—Soy muy pesimista. No hay nada más tóxico que una mentira.

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