MARISA MONTE

Ser libre para crear y amar

Es de las artistas más importantes de la música brasileña, una categoría que se sabe tiene estándares muy altos. Con una carrera solista que inició en 1988 y con proyectos como Tribalistas (que la reunió con Arnaldo Antunes y Carlinhos Brown y la consolidó como una artista de trascendencia internacional) Monte es un referente ineludible de la canción brasileña. Dos años después de su primera visita a Uruguay, Monte vuelve al Auditorio Adela Reta con una única función el 28 de agosto.

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"Mi música tiene la firma mía, no es parecida a nada. Foto: Leo Aversa

El interés local en su música es tan grande que ya quedan pocas entradas. Antes habló en exclusiva con El País.

—En su música pasa de un tango al samba, del rock a la bossa nova, ¿En qué género se reconoce más?

—En la música brasilera, que incluye justamente toda esa variedad. Desde el comienzo de mi carrera convivir con esta riqueza musical ha sido una constante. Trabajo con la música brasilera y estoy en contacto con la música del mundo. Es que hablar de Brasil y su música es hablar de variedad: somos millones de personas, muchas regiones, muchos estilos. Todo esto siempre formó la identidad de mi repertorio, nació naturalmente.

—¿Cómo define su música?

—Es una música particular. Tiene una firma mía. Busco tener una expresión propia, que no sea parecida con nada, que sea mía realmente, que sea lo que yo siento. Y que respete mi individualidad dialogando con la música brasilera y todas las influencias que recibo del mundo y de mis colegas. Es una música "marisística".

—De Maysa a Billie Holiday, de Elis Regina a Gal Costa, siempre la han comparado con otras cantantes, ¿Se molesta con eso?

—No (se ríe). Siempre me han comparado con grandes cantoras, así que es un elogio. Creo que son mujeres únicas, importantes en su tiempo, lo tomo bien. Luego de la comparación me descubren a mí, eso es bueno.

—Pareciera que siempre trabajó para borrar la distinción entre "alta" Música Popular Brasileña y otros géneros más populares, ¿Lo hace a propósito o es fruto de sus investigaciones musicales?

—Los límites no son muy favorables a la creación y a la libertad. No distingo entre música alta y géneros populares. Creo que uno tiene que ser libre. Libre para crear, para amar. No hay un estilo musical que no me guste porque creo que en cada uno pueden encontrarse cosas buenas y malas. No tengo preconceptos con ningún estilo ni con las formas.

—¿Es por eso que en sus discos hay instrumentos de todo tipo? Hay sonidos del koto, kalimba, ukelele, cuíca, chelo, fagot, trompeta, marimba, vibráfono, órgano Hammond, tuba o arpa.

—Exactamente. Intento ser abierta, hacer un trabajo abierto, hacer un trabajo sin preconceptos.

—¿Esta podría ser una característica "marisística"?

—(se ríe) Sí, una característica "marisística" y de mucha gente más. No es exclusivamente mía, sino de muchos brasileros. El brasilero es muy abierto, este país es muy grande, tiene muchas influencias diferentes, tanto internas como externas. Nuestra cultura se formó con inmigrantes y por eso tiene muchos estilos, combinaciones inusitadas. Para nosotros la mezcla cultural es algo natural y Brasil bien puede ser un ejemplo para el mundo en esto. Es una reacción a la globalización. En un momento de tanta segmentación, separación e intolerancia, Brasil todavía es una muestra que se puede integrar la cultura. A través del arte uno puede inspirar a las personas.

—Ha trabajado Paulinho da Viola, Adriana Calcanhotto, Carlinhos Brown, Arnaldo Antunes, Julieta Venegas, entre otros...

—Sí. Tengo grandes parceiros. Pretendo siempre cultivar y ampliar ese universo.

—¿Cómo los elige? ¿Qué la une a ellos?

—Lo más importante es la admiración mutua. Eso despierta naturalmente un deseo de dialogar. Tengo grandes parceiros establecidos desde hace mucho tiempo y parceiros jóvenes. Hay parcerías que se renuevan porque siempre es bueno tener gente que uno admira cerca. Uno puede comparar su propia sensibilidad con la de otro, hacer crecer la trayectoria de todos.

—¿La música brasilera se hace en parcerías? Parece que esa fuera una constante de los músicos de su país.

—Sí, es una característica bien brasilera. Crecí escuchando grandes discos que eran hechos en colaboración entre artistas. Chico y Bethania, Gil y Jorge Ben, Gil y Rita Lee, Caetano y Joao Gilberto, para nosotros es muy natural este tipo de parcerías en algún momento de la obra de alguien. Eso es bien brasilero. Lo percibí con Tribalistas. Cuando empezaron a entrevistarme en el exterior, percibí cómo esto sorprendía a los periodistas del exterior, como era algo raro en el mundo. Sorprende algo que para nosotros es muy natural.

—¿Cuál es la diferencia de cantar algo propio a interpretar letras de otros?

—No hay ninguna. Son músicas. Hay algunas mías que son muy conocidas que creo que ya pertenecen a todos, ni siquiera las considero mías más.

—Habló de Tribalistas, que fue un proyecto sumamente exitoso y que vendió millones de discos en el mundo. Sin embargo uds con Brown y Antunes nunca volvieron a grabar otro disco. ¿No anda con ganas?

—Nunca dejamos de trabajar juntos. Cuando grabamos Tribalistas, trabajábamos juntos desde hacía 10 años. Desde Tribalistas a hoy ya hicimos como 50 músicas juntos, que fueron grabadas por Arnaldo, por Carlinhos, por mí y por otros artistas. No nos veíamos como un grupo, Tribalistas fue un proyecto. En el propio disco una música habla de eso, del descompromiso que teníamos con la continuidad como grupo. Esa canción dice: "Tribalistas es un antimovimiento que se desintegrará en el próximo momento". Es una libertad que tenemos. Podemos hacer algo juntos o no. No tenemos nada contra, pero tampoco tenemos compromiso alguno.

—Digamos que trabajan sin obligaciones, ¿la libertad es lo más importante?

—Sí. También la amistad, el respeto, la felicidad de estar juntos. Todo esto me parece importante. Nunca dejamos de lado nuestra parcería en cuanto a nuestra relación creativa, al contrario, haber hecho un proyecto como Tribalistas solo reforzó nuestra parcería y nuestra historia común, que es impresionante.

—¿Cómo es su ciclo creativo? ¿Cómo surge?

—De la práctica cotidiana de la música, del día a día. Uno sale a la calle, ve algo y eso le queda rondando en la cabeza, luego inspira. El encuentro con alguien, una idea, generalmente de cosas muy espontáneas que van ocurriendo. Alguien toca el piano, otro la guitarra, hacemos una cantarola, surge una letra, un ritmo, todo va tomando cuerpo. A veces nos encontramos para componer y todos llevamos ideas, escritos, trabajamos algo que empezamos solos y terminamos juntos. Surge todo naturalmente. La creación tiene vida propia, esa es la verdad. Aparece donde quiere, como quiere y sobre lo que quiere. Sucede naturalmente.

—¿Qué música suena en su casa?

—Mucha cosa, guitarra, piano, de un nocturno de Chopin a jazz clásico, canciones de Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Paulinho da Viola, samba clásico. Escucho cosas de vanguardia, artistas ultra-jóvenes que están empezando, un poco de todo. No faltan clásicos de siempre de pop internacional, Bob Marley, The Beatles, Stevie Wonder...

—¿Qué conoce de la música uruguaya?

—Conozco bien a Jorge Drexler y de hecho me gustaría trabajar con él. También trabajé con Luciano Supervielle, de Bajofondo.

—Tiene un hijo y una hija de seis y siete años. ¿La música infantil ya se coló en su casa y en su repertorio?

—Claro, diría que incluso antes de que ellos nacieran. Es lindo dialogar con lo infantil y proponer temas que puedan ser cantados por los niños. Creo que apareció en Tribalistas, en dos temas que hablan del mundo infantil. También canté en un proyecto bautizado Vinicius de Moraes: Arca de Noé, músicas para niños, colaboré con músicos que me hicieron encontrarme con el mundo infantil.

—¿Sus hijos ya se vinculan a la música?

—La música es parte de nuestra vida. Ellos están acostumbrados a ver músicos en casa, nos ven tocando, disfrutan.

—Hace shows, graba discos, giras en todas partes. Es cantante, compositora, productora. ¿En qué lugar se siente más cómoda?

—Me siento cómoda en esa posibilidad de variedad, de hacer cuestiones diferentes, de sentir la música desde distintos lugares. Me parece bien interesante el poder ocupar muchos papeles distintos.

—En una entrevista, declaró que podría ser otra cosa que no fuera cantante, incluso tuvo un perfil empresarial cuando producía artesanías.

—Sí (se ríe). Me encantaba ese perfil de hacer cosas manuales, ese perfil emprendedor. Todavía hago adornos para la casa (de tejido o crochet), pero también hice caravanas y me gustaba ver la producción en serie. Más allá de eso, que me permitió hasta hacer un viaje a Europa de muy joven, me gusta saber trabajar bien en grupo, marcar objetivos, hacer buenas parcerías. Eso es lo que me da credenciales para hacer otros trabajos más allá de la música.

—¿En qué otras cosas le gustaría trabajar?

—Me gustaría trabajar en investigación, historia, moda, tengo muchas otras inquietudes. Solo no tengo tiempo, me obligo a elegir. No puedo asumir más compromisos, pero me gusta ayudar a otros. A veces encamino, ayudo, colaboro informalmente.

De regreso.

"Estoy muy feliz por volver a Uruguay", dice Monte de cara al show que dará el domingo 28 de agosto a las 19.30 en el Auditorio Nacional del Sodre. Será una única función y sólo quedan entradas de platea alta y baja, a la venta en Tickantel. Monte traerá a grandes rasgos el mismo espectáculo que hizo en 2014 —fueron tres shows con entradas agotadas en el Auditorio—, con cuatro músicos en escena y un repertorio que repasa toda su carrera. "Fue muy lindo aquella vez, muy bien recibido y nos deja ganas de volver", dijo en la entrevista.

Brasileña de carrera exitosa que da shows incomparables.

En 2014, una de las cantantes brasileñas más destacadas de los últimos tiempos llegó al Auditorio del Sodre (mismo escenario donde se presentará ahora) y terminó haciendo tres shows, todos con entradas agotadas. Por aquel entonces, su canción "Depois" era parte de la banda sonora de la muy exitosa telenovela Avenida Brasil —ambientaba las escenas más románticas entre la pareja protagonista—, entonces sonaba a diario en la casa de miles de personas.

Ese fue un impulso para que su convocatoria fuera tan buena, sí, pero Marisa Monte tiene una carrera sólida que empezó a fines de los ochenta y ya le permitió grabar una decena de discos. Acaba de lanzar Coleçao, una recopilación de 13 temas de su repertorio.

Además de su historial solista, que la llevó a grabar con Cesária Évora, Laurie Anderson, Julieta Venegas y Paralamas Do Sucesso entre otros, formó con Carlinhos Brown y Arnaldo Antunes la banda Tribalistas, un gran éxito de la música brasileña. Las canciones del trío siguen estando presentes en su repertorio, claro.

Monte ha vendido más de 10 millones de discos y ganó cuatro Grammy Latino, entre otros premios.

Toda esa grandeza que revelan su historia y sus números, Monte la lleva al escenario de una manera muy extraña porque es de complexión pequeña y su música en general es sutil. Lo que tiene es una voz poderosa y notable habilidad de instrumentista, que en escena combina con una condición etérea muy propia. Monte parece flotar cuando canta, y a ese mismo viaje lleva al público que la está viendo: es imposible sacarle los ojos de encima con sus atuendos casuales pero vaporosos que ayudan a recrear una escena que casi es salida de otro mundo.

Ver a la brasileña es una de esas experiencias que no deben perderse, no importa si apenas conocen una o dos canciones de su repertorio. Es cierto que el repertorio es bueno y su banda también, pero ella logra atravesar todo con su sola presencia, y ahí está la clave.

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