DIEGO CAPUSOTTO

El mismo humor desde otro lado

Una entrevista exclusiva con Diego Capusotto que vuelve con sus personajes este lunes por TNT.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Diego Capusotto. Foto: Difusión

Peter Capusotto, un engranaje más en la máquina del entretenimiento alienante", dice la placa y le sigue un anuncio engolado: "Queridos descamisados: hay algo que se eleva en el cielo de la televisión por cable de los trabajadores, en el ‘on demand’ de los más humildes... ya acontece Peter Capusotto, y con él la duda de no saber si este producto televisivo es una herramienta para la liberación o solo otra artera maniobra de la oligarquía mediática".

La que habla es la imagen de Eva Perón del edificio Ministerio de Desarrollo Social argentino, y a su lado se eleva sobre un cielo despejado el propio Capusotto en su papel de presentador con su característico gorro, agitando las manos cual alitas y con la cara de nada de angelito.

El sketch de promoción no puede ser más acertado en un año en que el histriónico frontman todoterreno y el director de orquesta de excepción que son Diego Capusotto y Pedro Saborido, continúan la trayectoria de su programa con una jugada muy comentada: dejaron la TV Pública, que los contuvo durante diez años, por la señal de cable TNT para hacer sus estrenos. Allí , "en el canal que pasa el Oscar" como dice la promoción, estrenan su nueva temporada a las 23:00.

"Estoy acá para anunciarles que vuelvo a la Selección argentina. Confirmado. Como jugador, claro. Así de breve es mi anuncio porque bueno, cuando uno vuelve a la Selección vuelve al juego. ¿O no? Y también para redundar en lo que dijo Pedro con quien estoy un 98% de acuerdo, con el 2% no y luego lo voy a hablar en privado con él y no con ustedes porque a él lo conozco y a ustedes no", dice Capusotto y hace reír a los periodistas, luego de que Saborido expusiera los motivos de la "mudanza" de canal en conferencia de prensa y antes de partir volando a seguir trabajando en un producto televisivo que intentan que "siga siendo artesanal".

Diego Capusotto, poco antes del estreno, habló con El País.

—Con esta temporada Peter Capusotto y sus videos cumple 11 años. Sin adelantar los personajes, ¿qué disparadores creativos tiene? ¿Cómo evita el desgaste?

—Los disparadores en nosotros nunca dependen de la coyuntura, o sea no estamos pendientes de lo que pasa para decir: "Ahora tenemos que hablar y salir a decir lo que nos parece". Simplemente cuando terminamos un ciclo si nos quedan 20 o 15 ideas que no se hicieron, eso nos da pie como para continuar. De alguna manera nuestros personajes son miembros de una gran familia, se desprenden unos de otros y son colocados en una situación especial que les pertenece. Ese es el juego que nos encanta hacer porque si agotáramos todas las ideas no sé si haríamos otro ciclo, no sé si nos divertiría hacerlo. Entonces hay un material que uno va juntando y por ejemplo, en este ciclo aparecen personajes que escribimos hace tres o cuatro años, no es que en ese momento escribimos la historia, pero surgió y lo descartamos, no quisimos hacerlo y ahora sí, y cuando aparece esa mecánica es porque el programa está vivo para nosotros. Además, siempre trato de decirlo, la cantidad módica de programas que nosotros hacemos en comparación con lo que era Chá-chá-chá o Todo por dos pesos hace que Peter Capusotto tenga una continuidad que esos programas no tuvieron, porque aquellos tuvieron un desgaste que si bien en algún momento este va a tener, antes de tenerlo preferimos pararlo.

—Por ahora lo siguen haciendo.

—Si hay una decisión de hacerlo es porque sigue vivo, y un programa podrá gustarte más o menos, pero para nosotros no hay una época mejor a otra del programa, sino que el programa antes era otra cosa con personajes que irrumpían menos tiempo, lo que siempre va a ser más intenso que cuando el personaje tiene un desarrollo, aunque el desarrollo sea para mejor. Está claro que si hoy algo nos conmoviera más que el programa lo hubiéramos charlado con Pedro (Saborido) y estaríamos haciendo otra cosa.

—¿Dejar la TV Pública influyó en el programa?

—No, porque el programa va a seguir siendo lo que nosotros queramos que sea, y además estamos en un lugar en el que ya venimos circulando hace cinco o seis años. Simplemente hubo una decisión de hacerlo más corto, de media hora y de un gusto que de repente no se podía hacer en la TV abierta, en donde no —aunque finalmente sí nos llamaron— no sabíamos si nos iban a llamar ni si íbamos a arreglar para hacerlo con la TV Pública. Lo que sí en un canal de aire íbamos a tener una exigencia que el programa no lo permite. No porque no quiere ser intoxicado por una idea ajena, sino que haría que se cayera en un minuto y medio. Entonces nos pareció que este era un mejor lugar.

—¿Hay temas que les sean intocables o que les cueste tocar?

—No encuentro tema que no podamos tocar. Generalmente los temas que no nos causan gracia no los hacemos, pero no es una cuestión de temas que no podemos tocar porque no hay un tema moral. Para nosotros es más importante cómo se cuenta que el tener una especie de límite de lo que se puede contar o no. Finalmente, la raíz de lo que uno está contando siempre es trágica. Es cierto que lo suaviza un poco el contexto humorístico que te pone en un lugar casi de resistencia frente a la angustia, pero hay algunas cosas que a lo mejor no te causan tanta gracia como para colocar en el programa y no lo hacés, pero tampoco sé qué es lo que no me causa gracia, porque hay muchas cosas que en un principio nos causan gracia y a los dos minutos tenemos otro parecer. Entonces lo que elegimos contar en el programa no tiene que ver con un concepto moral, que no lo tenemos, ya que preferimos tener un concepto más ético que moral.

Capusotto elogia el humor uruguayo. Foto: Difusión
Capusotto elogia el humor uruguayo. Foto: Difusión

—¿Cómo fue la creación de un personaje reciente y uruguayo como es James Bo?

—Creo que causó mucha gracia el hecho de que refiere al James Bond que nosotros tenemos en el imaginario. Hubo un juego de palabras que de repente gustó y supongo que mezcla algo de lo absurdo con lo ingenioso. En el caso nuestro de Argentina es como el Perón que inventó el rock nacional. Acá nos preguntamos cómo sería también un James Bo rioplatense, adónde está nuestro imaginario de ser ese súper agente que nunca seremos, y en eso creo que puede haber una concordancia entre argentinos y uruguayos que genera una empatía de humor también. Y si fuera un súper agente argentino no sería un triunfador, le iría mal, o sería un triunfador por un ratito y al tiempito se le desmoronaría todo, porque es nuestra historia también. En nuestro humor hay una cercanía con Uruguay y hay giros en ese sentido porque nosotros conocemos quizás más de Uruguay que de otros países limítrofes, y porque supongo que hay una mirada muy parecida inclusive de muchos uruguayos que han venido a la Argentina a hacer lo suyo también. Puede haber capaz diferencias en el tono, pero yo creo que sí hay una impronta rioplatense y de hecho hay una línea de personajes uruguayos que vienen desde la etapa de Chá-chá-chá.

—Sí, ahí fuiste el Batman uruguayo…

—Yo me acuerdo que fui el Robin uruguayo y en la convención estábamos todos los países, es cierto. Pasa que a veces lo que hace que metas un personaje es que te suene gracioso como puede ser un Batman uruguayo. Y no tiene que ver con esa especie de supremacía con respecto a otros de otros países, que es muy típico de nosotros los argentinos, pero que no es nuestro caso, porque un Batman argentino es igual de ridículo y porque nosotros, o yo por lo menos, nos criamos con muchos humoristas uruguayos de Telecataplum, que en los 60 yo era como recién nacidito, pero sí me acuerdo de Hiperhumor", en los 70. Y de toda esa banda no veías una diferenciación entre lo uruguayo y lo argentino, sino que había una cosa como unida también.

—En Uruguay hace ruido esa apropiación a través del uso de la palabra "rioplatense" que se hace en Argentina de artistas y personalidades uruguayas. En James Bo, hacés mención a eso parodiando con figuras como Perón y el papa Francisco…

—Todos tienen sus fantasmas, diría Lacan, y los argentinos no escapamos a eso y tenemos nuestro arquetipo, que es lo que pasa con James Bo como personaje. Por ejemplo, en el caso de los argentinos, está eso de que hay un argentino paseando por París y dice: "Qué lindo país. Esto sí que es un país ¿no?", y siente que es más parisino paseando por París que un parisino mismo. Como el uruguayo te puede decir "el paisito", pero que cuando vas a jugar a la pelota "el paisito" se convierte en un gran país que como es chico con respecto al otro lo caga a palos, una especie de: "Ahora vas a ver qué paisito tenemos". Cada uno tiene su fantasma que lo persigue con respecto a su lugar de origen y a dónde proyecta el deseo de ser, que eso lo tiene cualquier ser humano, y que en referencia al país implica qué país quisiéramos ser y cuál no. Por ejemplo el argentino que dice: "Mirá, si acá vienen los yankis y ponen la bandera, si nos ayudan todo ok". Pero, ¿y quién te dijo que vienen a ayudarte? Si ponen las banderas no vienen a ayudarte.

Un humor heterodoxo.

El camino de Diego Capusotto en el humor argentino no transita por los lugares más comunes, aunque él no se priva de recurrir a situaciones y planteos cotidianos. Luego de hacerse más o menos conocido como parte del programa Chá Chá Chá, siguió junto a Fabio Alberti y otros en Todo por dos pesos, otro programa amigo de lo extraño y gracioso. Cuando concretó su propio programa, se convirtió en uno de los más singulares comediantes de la televisión porteña, con personajes irreverentes, ridículos y siempre graciosos.

"El humor no cambia la realidad".

—Una vez me dijiste que el "humor transforma la realidad". ¿Lo seguís pensando?

—No, no. Eso es un error. La transforma para uno, pero no, y eso un error mío no tuyo, ¿eh? El humor no transforma la realidad de ninguna manera, son puntos de fuga de la realidad de alguna manera, e implica entender la realidad de una forma muy personal. Pero no se puede transformar la realidad a partir del humor, la única forma de transformar la realidad es con una ebullición que excede mucho más que a un programa y al humor en general. Sobre todo cuando el humor está hecho por gente que no está pasando dificultades, anímicas puede ser, pero no económicas ya que uno no está en un espacio social postergado.

—Decías que la coyuntura no influye en el aspecto creativo. ¿Habrá un dejo de la política actual en el ciclo?

—Sí, desde luego. Pero eso tiene que ver con la alienación, con que hoy los medios de esclavitud están dados más por los medios y por una especie de ficción que está contada de una manera que es casi inmodificable y donde es casi imposible que eso pueda discutirse. Esto de la confrontación muchas veces lleva a un estado de demencia que no es la confrontación natural que existe entre diferentes pareceres, que no hay manera de que no suceda finalmente. Pero bueno, las estrategias políticas funcionan porque hay un ciudadano que está contado por otro: cuando eso deje de pasar se acaban un montón de problemas. Por eso digo que la realidad es inmodificable, porque finalmente está ese momento en el que van a decir: "¡Guarda! Me parece que se dieron cuenta de la estafa".

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