MIRADA SOBRE UN RÉGIMEN

Un español curioso fue a explorar otro planeta

Documental sobre Corea del Norte que es éxito en Netflix.

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Alvaro Longoria en Punta del Este está compitiendo por The Progaganda Game. Foto: R. Figueredo

El productor y documentalista español Álvaro Longoria estuvo en Punta del Este ya que fue nominados a los Premios Platino por su segundo trabajo como director, el documental The propaganda game, uno de los contenidos más exitosos de Netflix. Rodado en Corea del Norte, Longoria investigó cuánto de verdad hay en los terribles rumores acerca de la manipulación y represión del gobierno de Kim Jong-un.

—Produjo las películas de Soderbergh sobre el Che Guevara, documentales de Oliver Stone, e incluso La zona, del uruguayo Rodrigo Plá. ¿El cine político es su principal interés?

—Es lo que más me interesa. Me encanta la política y más aún la historia, eso me apasiona como estudioso y como cineasta, y creo que los documentales políticos son documentales de historia. Las casi 60 películas que produjimos con Morena Films desde hace 16 años siempre tienen un mensaje que intenta hacer una diferencia: denunciando o intentando poner el foco en algo.

—Dirigió dos documentales sobre pueblos gobernados por líderes particulares.

—Me apasiona la idea de que una persona pueda convertirse en un líder absoluto. Conseguir que todos te sigan ciegamente me fascina. Es algo rarísimo, pero pasa. Son personas con un magnetismo y atraviesan ciertas circunstancias que los ponen en ese lugar. También me interesan los experimentos políticos, el caso de Corea del Norte para mí es ver lo que hubiera podido ser el mundo casi en una urna. Poder ir ahí, mirar, levantar la bandera de lo prohibido, me motivaba.

—En su film anterior, Hijos de las nubes, la última colonia, Javier Bardem era el rostro que investiga frente a cámara. Esta vez usted se quedó con el protagónico.

—Fue una necesidad absoluta porque yo sabía desde el principio que la estructura de la película debía ser la de un diario. Allí estás muy controlado, rodeado siempre por gente que escucha lo que dices. Además, tienes una presión brutal para manipular tu opinión hacia lo que ellos quieren que tú pienses. La única manera de salirnos de eso era que me pusiera delante de la cámara y contara un poco el tipo de cosas que nos estaban pasando desde un punto de vista más personal.

—¿Qué opina de Alejandro Cao de Benós, el español convertido en relacionista del régimen que lo guía en su visita?

—Como personaje nos dimos cuenta de que es poco profundo, y por eso iba a ser muy difícil para el público empatizar con él. Por lo tanto, sería más fácil empatizar con alguien común, como yo, que hace las preguntas que haría cualquiera.

—Parece un personaje de falso documental por lo poco sólido de su discurso.

—Es una curiosidad, es un personaje único. He investigado y en la historia nunca ha habido un personaje así: es una especie de embajador de un régimen ultracomunista e hiper cerrado. Hay una relación oficial absoluta entre él y el gobierno, porque como se trata de un país cerrado al mundo, este personaje es un contacto con el exterior. Pero su discurso siempre está en esa barrera en la que no sabes si de verdad representa algo o solamente se representa a sí mismo.

—¿Qué tipo de emociones tuvo durante su estadía?

—Estuve ocho días y me parecieron seis meses. Fue muy intenso porque todo el rato tienes la sensación de que te están manipulando. Y a mí me manipularon totalmente. Cuando salí de ahí tenía una opinión distinta a la que tengo ahora: ¡al final la propaganda funciona! Y eso es fascinante. Si yo caí en una semana, imagínate lo que debe ser vivir así toda una vida.

—Así que tuvo que desintoxicarse antes de editar el material que rodó, digamos.

—Empecé haciendo el rodaje allí y luego busqué a quienes habían salido de Corea del Norte y te dan escalofríos escuchar sus cuentos. Para el que se opone, es un régimen muy duro. Para el que aguanta, la vida puede ser cómoda y razonable.

—¿No temió ser acusado como tantos otros extranjeros y no poder salir del país?

—No, porque retienen extranjeros a modo de propaganda anticapitalista. Conocí a un americano con perpetua a trabajos forzosos, pero lo soltaron al año. Y los trabajos forzosos eran que cada día debía ir a una granja para cavar durante una hora y luego volver al hotel. Es todo una gran patraña, pero dentro funciona. Yo creo que es un teatro con 25 millones de actores que se ha ido volviendo una realidad. Ir a Corea del Norte es como viajar a otro planeta.

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