BENJAMÍN VICUÑA

Un galán que cruza fronteras

Entrevista exclusiva con el protagonista de El hilo rojo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El actor chileno Benjamín Vicuña. Foto: Difusión.

La primera vez que Benjamín Vicuña apareció en la televisión uruguaya fue a mediados de los 2000 con Destinos cruzados, una ficción que trató de aprovechar el éxito que había tenido Machos en la época en que las producciones chilenas empezaban a ser el fenómeno que hoy son las telenovelas turcas. Estaba lejos, por aquel entonces, de ser un actor de proyección internacional con un currículum que año a año se amplía. Estaba más lejos aún de convertirse en el objetivo preciado de los paparazzi.

Pero esa es otra historia.

"No es algo buscado", dice Vicuña en conversación telefónica con El País respecto al alcance que ha logrado su trabajo. "Se dan oportunidades que he sabido aprovechar, y reconozco que también la vocación de actor la entiendo como una cosa errante", dice. Atiende desde Chile, en el tramo final de otro día de rodaje para la serie Un diablo con ángel, que protagonizará para Televisión Nacional. Le toca interpretar a un tipo "vividor, sinvergüenza" y tantos otros adjetivos negativos, al que la vida le da una segunda oportunidad después de sufrir un accidente. Tiene que aprovecharla encontrando el amor, de la mano de un ángel al que, claro, solamente él ve.

"Es un recorrido bien bonito", dice el actor, que alterna esa filmación con otra en Colombia: la de 2091, la primera serie de ciencia ficción latinoamericana. La produce Fox y su estreno está previsto para este semestre.

—¿Te cuesta todavía compatibilizar proyectos que incluyen viajar todo el tiempo?

—Es difícil, sobre todo con mi deber de estar todos los fines de semana en Argentina por mis hijos. Estoy permanentemente arriba de los aviones y eso es muy exigente, pero es parte de mi trabajo, lo que más me gusta.

—Supongo entonces que no tenés el miedo a volar que tiene tu personaje, Manuel, en la película El hilo rojo.

—(Se ríe) No, pero cruzar la cordillera todas las semanas… Hay días en los que uno dice: ¿por qué diablos elegí esto?

El hilo rojo es una de las últimas películas de la filmografía de Vicuña, y el próximo jueves se estrena finalmente en las salas uruguayas, casi dos meses más tarde que en Argentina, donde ha sido un éxito absoluto de recaudación.

Allí Vicuña interpreta a Manuel, un enólogo que conoce a Abril (Eugenia Suárez), una azafata que lo cautiva. Tras un prometedor encuentro inicial sus caminos se separan, y vuelven a encontrarse recién siete años después, cuando cada uno está en pareja y con hijos.

Este drama romántico dirigido por la argentina Daniela Goggi (Abzurdah) se basa en la leyenda asiática que dice que hay un hilo rojo que conecta a dos personas, y que puede tensarse o enredarse pero nunca romperse. Es el destino.

"Es un disparador que a todos nos mueve y conmueve: cuando uno conoce a alguien que presiente que viene de otra vida, y lo difícil que es cortar con eso. Personalmente comulgo con la idea y es un placer ser parte de una película con la que tienes una convicción", dice.

—¿Qué tiene que tener un proyecto laboral para que le digas que sí a la oferta?

—Son muchos factores. Principalmente la intuición es la que marca la diferencia, pero lo más importante siempre es el guión, el equipo de realizadores, la proyección, las ventanas de exhibición. Pero como actor tengo la libertad de elegir diferentes géneros y proyectos: así como hice El hilo rojo, un drama romántico, venía de filmar con Elena Anaya La memoria del agua, que es un drama muy intenso sobre la muerte de un hijo, o Karadima que habla sobre abusos sexuales en la iglesia. Uno tiene el derecho y la obligación de reinventarse, es la gracia de ser actor.

—En El hilo rojo interpretás a un seductor entre tierno e ingenuo; un rol que has hecho en varias oportunidades. ¿Tiene que ver con tu personalidad?

—Le encontramos esa veta adorable, tierna, torpe: el antihéroe. Quizás el antihéroe es un personaje que hoy en muchas películas y series existe; uno busca la posibilidad de darle una particularidad. En el caso de Manuel, la particularidad es la manera de vincularse con sus afectos, su hija, con este amor que lo sobrepasa. Estoy contento con el personaje, y más con lo que descubrimos, la historia.

—Tu personaje de Farsantes tenía algo de antihéroe, con el riesgo extra que tiene construir a un homosexual para una serie diaria de televisión.

Sobre todo instalar en televisión abierta un debate inteligente y serio sobre la sexualidad, sobre la elección independiente de los géneros, además de que era una serie que hablaba sobre el amor. La verdad que me dejó muy contento con lo que generó, con lo que se dio. Y trabajar con Julio Chávez, que es un monstruo, fue un placer.

—¿Fue complejo construir a un heterosexual casado que está luchando para no enamorarse de un hombre?

—Fue lo más difícil. Era un personaje con muchos miedos, heterosexual maduro y casado que se enamora de su jefe. Yo había asumido desafíos de ese calibre en Fuera de cámara, una película que hice en España con Javier Cámara y Lola Dueñas, y que tenía un desafío importante porque era un futbolista homosexual, un contraste por lo que significa en un mundo machista.

Desafíos.

La memoria del agua, la película anterior a El hilo rojo, encontró a Vicuña recreando un drama que le tocó vivir personalmente: la muerte de un hijo. "¿Por qué acepté ese papel? Porque creo que la carrera de un actor se construye en relación a desafíos y riesgos que uno toma", explica. "La hice con mucho amor, a modo de tributo a mi hija y a las personas que han sufrido la pérdida y vivido el duelo. Quise experimentarlo sin ningún morbo y sin ningún riesgo psicológico. Es una película luminosa que me tiene más que orgulloso, y fue algo que voy a recordar toda la vida", confiesa.

—Volviste a hacer de malo para Un diablo con ángel. Del villano de Herederos de una venganza, que es con el que más se te recuerda, ¿qué aprendiste?

—Que los personajes no se pueden juzgar, que hay que comprenderlos y quererlos, y eso te da una libertad. Luego, de ese villano, algo que se mantiene en Farsantes, es tratar, humildemente, de escapar de los lugares comunes. Si bien en Farsantes mi personaje empezaba a vivir su homosexualidad, no quería caracterizar un personaje amanerado ni mucho menos. En el caso de Herederos, trataba de encontrarle sus razones: el personaje estaba completamente enamorado, y de ese lugar se justificaban todas sus terribles maldades.

Argentina, Chile, México, Colombia y España son países presentes en el mapa de desafíos laborales de Vicuña, a quien parece que le cuesta estar quieto. "Descubrir lugares es algo que me gusta", confiesa. "Creo que la vocación del actor y del viajero tienen mucho que ver", agrega Vicuña, quien cree además que en la internalización de su carrera han tenido que ver dos factores fundamentales: su vida personal y la consolidación del mercado audiovisual latinoamericano.

"Ojalá cada día se hagan más producciones apuntando a ese gran público", dice.

—¿Y Uruguay?

—He estado los últimos ocho veranos de mi vida y es un lugar maravilloso. Tengo una admiración por el pueblo uruguayo, su onda y humildad y por lo que significa para la región. Ojalá algún día tenga el pretexto de trabajar para instalarme un tiempo; me fascina.

Mediático.

El hilo rojo se estrena recién la semana que viene, pero se está hablando de la película hace más de seis meses y no precisamente por su contenido. En diciembre, dos meses después de que trascendiera que se había separado, Carolina "Pampita" Ardohain dijo haber encontrado a su ya expareja, Vicuña, con la China Suárez en una situación comprometedora. ¿Dónde? En un motorhome en el set de filmación.

El escándalo mediático se desató —hasta se lo vinculó con Natalia Oreiro, con quien compartió elenco en Entre caníbales— y, desde entonces, Vicuña ha tratado de evitar el tema del modo más amable posible. Apenas publicó un comunicado breve en Twitter cuando la bola de nieve empezó a crecer, y cuando se confirmó que estaba saliendo con su colega se limitó a alguna frase del tipo "nos estamos conociendo".

Como buen profesional, a Vicuña de lo único que le interesa hablar es de su trabajo.

—Si pudieras elegir, ¿preferirías que la película no se hubiese visto afectada por tu relación con la China Suárez y lo que eso acarreó?

—Afectada tiene una connotación especial. Creo que la película es lo que es, fue lo que fue, estamos felices de lo que logramos contar y del equipo maravilloso que se pudo armar, y sin duda de los resultados. Entonces la anécdota queda un poco de lado frente a la presencia de la película, que habla por sí sola y va a quedar. Esa es la gracia que tiene el cine, que trasciende incluso a nosotros.

—Se habla del "precio de la fama". ¿Crees que ser actor implica pagar cierto precio?

—No. Me parece una frase por ahí hasta cruel, tiene que ver con un sentido de culpa. ¿Pagar qué? Si uno ama profundamente esto. Más bien hay consecuencias o daños colaterales que uno no identifica como parte de esta vocación, pero hay que concentrarse en lo importante que en mi caso es un amor feroz por mi profesión, por contar historias, encarar personajes. El resto trato de ubicarlo en un lugar menor.

—¿Cómo hacés para mantener tu foco en eso?

—Básicamente uno sabe que la fama es algo pasajero, que es un rol prestado y que la vida pasa por otro lado, no por el aplauso, el reconocimiento, el éxito o el fracaso. Para mí, la vida tiene que ver con el afecto, los hijos, el descubrimiento de otros planos, la vida espiritual, y con el trabajo que es un goce.

Las cuentas pendientes.

"Soy una persona bastante realizada", reconoce Vicuña, que más que objetivos pendientes tiene deseos que flotan. "Tuve la suerte de poder construir un teatro y hoy tenemos cinco salas en Chile, y estamos construyendo una sala de cine. Como gestor y emprendedor estoy realizado", dice refiriéndose al proyecto del Centro Cultural Mori, que fundó en 2005 junto al actor Gonzalo Valenzuela.

"Después he producido y actuado películas, he hecho series de televisión y teatro... Me encantaría el día de mañana dirigir, pero no hay nada que hoy me vuelva loco", admite.

TRES ESTRENOS QUE SE VIENEN.

El hilo rojo - Película / 21 de julio en Uruguay.

Drama romántico basado en la leyenda oriental del hilo rojo, que asegura que dos personas están conectadas por un hilo que no puede romperse. Vicuña es Manuel, un enólogo que se enamorará de una asistente de vuelo (China Suárez) y luchará con esa pasión a través del tiempo y de los obstáculos. Dirige la argentina Daniela Goggi, responsable de Abzurdah.

Permitidos - Película / 18 de agosto en Uruguay.

Comedia argentina dirigida por Ariel Winograd. Cuando Camila (Lali Espósito) bromea con su novio Mateo (Martín Piroyansky) sobre un permitido con el que cada uno podría engañar a su pareja, no se imaginan lo que les pasará después. El permitido de Camila será justamente Joaquín Campos, un galán famoso al que interpretará Benjamín Vicuña.

2091 - Serie / Sin fecha de estreno.

Serie de ciencia ficción producida por Fox, cuyo estreno está previsto para este semestre. En el futuro la raza humana estará al borde de la extinción tras haber agotado todos los recursos naturales que tenía disponibles, y en lucha contra la robotización. Vicuña protagonizará junto a Manolo Cardona, Angie Cepeda, Christopher von Uckermann y Cristina Rodlo.

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