Harvey Weinstein

Una estrepitosa caída para un poderoso de Hollywood

El productor estrella fue despedido de su propio estudio por acoso sexual

Harvey Weinstein en 2017
Harvey Weinstein en 2017. Foto: AFP

Sexo y Hollywood. Cualquiera se frotaría las manos. Sexo, Hollywood y Harvey Weinstein, el productor y distribuidor de cine más poderoso del mundo fuera de una major. Palabras mayores. Carne de titular por todo el mundo. Hasta el presidente Donald Trump decidió dar su opinión el sábado sobre el escándalo: “Conozco a Harvey Weinstein desde hace mucho tiempo, no me sorprende para nada”.

Tenía sentido el ataque: durante décadas Weinstein ha sido uno de los grandes recaudadores de fondos para las campañas demócratas. Incluso Malia Obama, la hija mayor del expresidente, ha sido becaria en su empresa hasta finales del pasado verano. Varios senadores y congresistas han enviado las donaciones que les hizo el productor a ONG que luchan contra los abusos sexuales. El fin de semana, lo que quedaba del consejo de administración de The Weinstein Company, encabezado por su hermano Bob, anunció su despido. Ahora nadie parece saber nada de Harvey Weinstein, impulsor de la carrera de Tarantino y productor de películas como Shakespeare apasionado o El Artista.

La tormenta estalló el jueves, cuando The New York Times publicó un amplio reportaje sobre la cara oculta de Weinstein como depredador sexual. Entre los detalles, que en al menos ocho ocasiones, desde mediados de los 90 hasta 2015, el productor había llegado a acuerdos extrajudiciales con sus víctimas de acosos y abusos. A cambio de dinero callaron. Una secretaria, tres asistentes, actrices, modelos... Otras sí han tenido la valentía de dar el paso adelante. Ashley Judd contaba en el diario neoyorquino cómo durante el rodaje de Besos que matan Weinstein le citó para una reunión de trabajo en el hotel Península en Beverly Hills. Allí Judd se encontró al productor que, vestido solo con una bata, le propuso darle un masaje en el cuello o si quería mirarlo mientras se duchaba. Judd logró huir, no como algunas de las asistentes del cineasta. Entre quienes firmaron esos contratos de confidencialidad están la actriz Rose McGowan, que recibió 100.000 en dólares en 1997, o la modelo italiana Ambra Battilana, la última que le denunció, en 2015.

Tras la publicación de la historia, Weinstein remitió un comunicado en el que pedía perdón por su comportamiento, confesaba recibir terapia y aseguraba: “Estoy tratando de hacer las cosas mejor, pero sé que todavía me queda un largo recorrido”. Finalmente, anunciaba que se retiraba temporalmente de la copresidencia de su empresa The Weinstein Company, que a partir de ahora lidera su hermano Bob.

Sin embargo, ese alejamiento del cine no ha silenciado la historia. En The New York Times, Judd decía: “Hasta ahora las víctimas habíamos hablado de esto entre nosotras, pero es hora de que lo hagamos público”. Muchos miembros de la industria del cine llevan desde el viernes recalcando: ¿cómo puede ser que algo que toda la industria conocía no haya salido a luz antes? ¿Ninguna víctima pensó que al callar estaban permitiendo que siguiera con sus abusos? La misma McGowan escribió en Twitter: “Mujeres de Hollywood, ¿dónde están? Vuestro silencio es ensordecedor”. De las grandes estrellas de Hollywood, solo Jessica Chastain, Brie Larson, Lena Durham y el director Judd Apatow han entrado en el debate, apoyando a Judd y McGowan. Ha habido más apoyos de la clase media, de buenos intérpretes que no son de la lista A, como Mark Ruffalo, America Ferrara, Thomas Sadoski, Amber Tamblyn, Ellen Barkin o Seth Rogen. El resto, silencio.

Weinstein (Nueva York, 1952) siempre ha navegado por mares de controversias. Con su hermano Bob creó Miramax —nombre que fusiona el de sus padres, Miriam y Max—  en 1979, con la que revolucionaron el cine indie. Después de vender la empresa a Disney (agobiados por las deudas), fueron despedidos de ella en 2005 y fundaron The Weinstein Company. En ese camino han logrado más de 80 oscars y cerca de 350 candidaturas a los premios de Hollywood, incluidas las películas extranjeras que distribuyeron en Estados Unidos. Su nombre está detrás del éxito de El artista, La vida es bella, El tigre y el dragón, Cinema paradiso, El paciente inglés, La dama de hierro o Shakespeare apasionado, que le reportó, como productor, el único Oscar ganado por él mismo. Los Weinstein impulsaron las carreras de los creadores del cine indie de los ochenta, como Steven Soderbergh, Quentin Tarantino (su hijo dilecto) o Kevin Smith, que acabó repudiándole. Porque Weinstein se considera a sí mismo un cineasta, y Smith acabó harto de sus presiones. En Hollywood al productor le conocen como El castigador o Harvey Manostijeras, por su tendencia a volver a editar las películas que importa sin consultar a los directores.

La Academia de Hollywood ha cambiado varias veces sus reglas para poner coto a sus agresivas campañas en los Oscar. Él mismo estuvo detrás de la promoción para las estatuillas de Meryl Streep, Kate Winslet, Penélope Cruz, Jennifer Lawrence o Gwyneth Paltrow. A pesar de eso, hace dos años en una visita a Madrid dijo: “Lo importante no es el marketing, sino las películas”.

Hoy, si quiere volver al cine, necesitará su mejor campaña de promoción.

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