Crónica de los Premios Platino

Y el cine latino le ganó al frío

Punta del Este fue el escenario ideal para una fiesta del cine plagada de varias estrellas internacionales.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La película colombiana consiguió 7 premios de sus 8 nominaciones. Foto: Reuters

Luego de que acabara la transmisión de la gala, mientras los invitados brindaban y bailaban al son de la música de Ruben Rada, el comentario más escuchado en los pasillos del Centro de Convenciones era unánime: la ceremonia celebrada en Punta del Este fue la mejor de las tres ediciones de los Premios Platino.

Aunque Santiago Segura acertó al decir que se extrañó el calor de aquella primera entrega en Panamá y más aún la de Marbella, el reencuentro entre colegas, el buen trato con los casi 300 periodistas presentes y las sorpresas de la gala hicieron que los 1.600 invitados olvidaran la advertencia del ciclón.

El clima de la ceremonia fue cálido, incluso para aquellos que sufrieron las consecuencias del frío. La actriz Inma Cuesta dio decenas de entrevistas con el cuello rígido de tantas contracturas. La más reciente de las "chicas Almodóvar" llegó acompañada de su padre, un tapicero que dejó su pequeño pueblo para codearse con algunos de los colegas más queridos de su hija, como Ricardo Darín, su compañero en Kóblic.

Es que a lo largo de los tres días que duró el evento la mayoría de las celebridades expresó el buen ambiente que había en el aire. Así fue que Javier Cámara llegó agotado pero con una sonrisa de oreja a oreja preguntando dónde estaba su amigo Darín, al tiempo que advertía a la prensa: "Soy todo vuestro, pregunten lo que quieran". Y después alentó a los periodistas a tomarse una foto con él. Dos, por si la primera salía mal.

Otro que se sintió como en casa fue Imanol Arias. Es la tercera vez que acompaña estos premios y ahora trajo a su novia, la fotógrafa Irene Meritxell, que se pasó la velada fotografiando a los famosos en la alfombra roja mientras él hacía tiempo contra una pared.

A pocos metros del protagonista de Cuéntame estaba el baño (mixto). Allí uno podía cruzarse sin más con galanes como Eduardo Noriega o Hugo Silva o Mariano Martínez o Joaquín Furriel. Toda una sorpresa para el que faltó la noche anterior a una fiesta que reunió a todos los invitados en la discoteca Ovo donde Furriel demostró cuánto le gusta Daft Punk.

Aunque no bailó reguetón Edward James Olmos fue otro de los aliados infalibles de los Platino. Como recordó Segura, con Miami Vice marcó un mito: fue el primer latino que Hollywood contrató para interpretar un personaje de policía en lugar de un narco, "a pesar de que tiene la cara", remató el autor de Torrente.

Es que ni en el junket de prensa ni en la alfombra roja los famosos fueron caprichosos. Las únicas que no se dejaron ver hasta el día de la gala fueron Natalia Oreiro y la "China" Suárez. Oreiro zafó de la ausencia previa deslumbrando con un vestido blanco diseñado por ella. Fue una de las que más demoró en recorrer el extenso pasillo acordonado por fotógrafos y cámaras a los que incansablemente les lanzó besos. No había manera de escabullirse. Hasta Darín, el homenajeado de la noche, contestó cada pregunta. Hasta le consultaron cuál había sido la última película que vio y dijo que Florence, "los buenos actores como Meryl Streep y Hugh Grant no tienen nacionalidad", agregó.

El más hábil para evitar las cámaras fue Guillermo Francella, que se quedó con el premio al Mejor Actor por El clan. Fue el último en llegar y los pocos medios que quedaban en la entrada debieron conformarse con un par de declaraciones. Adelantó parte del discurso que luego dio en el escenario: el personaje de Arquímides Puccio fue un verdadero desafío para una carrera que se mantiene cada vez más cerca del drama. "Fue muy angustiante", dijo, aunque luego bromeó acerca de encarnar a un secuestrador tan terrible.

Larga vida.

El mensaje de los protagonistas fue claro: larga vida a los Platino, porque como repitió Darín una y otra vez, "no se necesitan millones de dólares para hacer una buena película, solo hace falta confiar en nuestras herramientas y mejorar la visibilidad de nuestras obras".

Un deseo que también expresó Cristina Gallego, la productora de la gran triunfadora de la noche, El abrazo de la serpiente. "Sin la ayuda de los gobiernos para mejorar los hábitos de consumo de nuestro cine, somos campesinos produciendo productos orgánicos frente a multinacionales", dijo y fue ovacionada.

La noche estuvo cargada de mensajes fuertes. Así se logró una excelente combinación entre glamour y peso político. Las directoras del film brasileño Que horas ela volta?, —que recibieron la estatuilla por Educación en Valores de manos de Rigoberta Menchú—, lanzaron un "fuera Temer". Dolores Fonzi aprovechó su premio como Mejor Actriz por Paulina para protestar por la violación de los derechos de las mujeres. Pidió libertad para Belén, una joven tucumana que está presa acusada de haber asesinado a su bebé. Los productores de El botón de nácar, galardonado como el Mejor Documental, pidieron revolver la memoria para vengar a los que siguen desaparecidos. Mientras que uno de los protagonistas de El abrazo de la serpiente —que lució una vincha de plumas— tomó el micrófono para celebrar al indio americano, que también estuvo representada por otra de las películas favoritas: la guatemalteca Ixcanul, que se alzó con el Platino a la Ópera Prima.

Y no faltaron los chistes y críticas hacia Donald Trump.

Buen timing.

En su afán por cumplir con las exigencias de un show televisivo, los organizadores idearon una excelente puesta en escena de la ceremonia, ágil, dinámica y con la intervención de varios de lo nominados en distintos lugares del escenario.

Por eso también eligieron tres conductores y no dos, como en ediciones anteriores. Natalia Oreiro bailó, cantó, pellizcó y hasta se lanzó en las faldas de Lucas Silva, uno de los músicos nominados.

El mexicano Adal Ramones fue buen compañero para Santiago Segura, que apeló a una postura humorística y sarcástica —un poco a lo Ricky Gervais en los Globos de Oro— que funcionó casi la perfección.

El único momento donde el encare políticamente incorrecto sonó errado fue cuando se refirieron a lo dramáticas que eran las películas nominadas. Está bien reírse de sí mismo, pero al fin y al cabo allí se estaba festejando un cine que quiere separarse de los finales felices de Hollywood.

Como es habitual los Platino aprovecharon la ocasión de la entrega de premios para darle pantalla al amplio star system de estrellas, muchos de ellos celebridades en unos países y desconocidos en otros. En esta edición se acertó al incorporar una breve presentación audiovisual de cada uno de ellos.

Entre los uruguayos, además de Oreiro y Rada subieron al estrado el actor César Troncoso y el cineasta Walter Tournier, el presidente local de Egeda, una de los principales gestores de los premios.

A lo largo de la noche, el cine se mezcló con la música. Cada uno de los cuatro bloques fueron coprotagonizado por actuaciones musicales, algunas en vivo y otras con playback demasiado evidentes: estamos hablando de labios que no sincronizaban con la letra. Por el escenario pasaron Paulina Rubio, Pipe Bueno, Jeancarlos Canela, Gia y Álvaro Soler, entre varios. Los más destacados fueron Jesse & Joy (su versión de Gracias a la vida recibió casi tantos aplausos como Darín) y Diego Torres y Ruben Rada que cantaron a dúo el tango Volver.

Rada demoró en despedirse, porque fue el gran anfitrión de la fiesta que siguió a la ceremonia. De forma creativa e inteligente, una extensísima cuerda de tambores (compuesta por varias comparsas) indicaba el camino desde el escenario hasta el salón donde esperaban mesas y más mesas con platos de comida y tragos. De esa manera, los invitados se convirtieron en los protagonistas de una de las clásicas caravanas que se ven en Palermo. Por primera vez en la noche, no era Uruguay quien los filmaba sino que la inmensa mayoría caminó registrando con los celulares los sonidos de los tambores. Algunos se animaron a bailar, entre ellos Javier Cámara, Eduardo Noriega, Joaquín Furriel y su novia Eva De Dominici.

La procesión musical llevaba a otro escenario donde esperaba Rada junto a su banda, integrada por sus tres hijos. Entre los principales fans estuvo Calu Rivero, que lo alentó desde la primera fila. En ese momento ya no había cámaras prendidas, y como pasa en las películas cuando una fiesta sale bien, casi todos los presentes se despidieron bailando.

Una buena carta de presentación.

La entrega de premios de los Platino marcaron el lanzamiento del Centro de Convenciones de Punta del Este, una inversión que costó 26 millones de dólares y apuesta a potenciar el balneario como un espacio ideal para encuentros de negocios. Los rumores previos a la gala decían que aún quedaba mucho por hacer, pero no se notó. Aunque la prensa ingresó por una entrada en obras, los famosos ingresaron por la entrada principal, perfectamente terminada y embellecida por una buena iluminación. No hubo inconvenientes logísticos de ningún tipo y los distintos espacios utilizados se lucieron y cumplieron con sus funciones.

LAS SORPRESAS DE LA NOCHE

Las ternas reñidas.

La competencia fue dura: todos los films y sus intérpretes demostraron un enorme nivel y contaban con premios anteriores.

Dolores Fonzi - Mejor actriz.

La prensa coincidió en señalar el excelente nivel actoral de las actrices nominadas. Dolores Fonzi saltó de la butaca cuando escuchó su nombre. Lo consiguió por su labor en Paulina (aquí conocida como La patota) film dirigido por su pareja, el director Santiago Mitre, e inspirado en La Mary, un clásico del cine argentino que protagonizó Susana Giménez en 1974.

Guillermo Francella - Mejor actor.

Fue una de las ternas más peleadas y la presencia en la gala de Javier Cámara, Ricardo Darín y Guillermo Francella no permitía hacer pronósticos certeros. El premio fue para Francella, quien recordó el día en que Pablo Trapero lo citó en un bar y le dijo lo que esperaba ver de él en la pantalla. Emocionado, dijo que fue un papel que lo marcó.

Ixcanul - Mejor ópera prima.

Era una de las películas más nominadas y se marchó con un solo premio, pero valioso. De todas formas, Ixcanul se quedó con el público y la crítica en el bolsillo. Fue sin dudas la gran sorpresa de los Platino. Sus actrices pertenecen a una comunidad maya y recibieron felicitaciones de forma permanente. Uno de sus principales aduladores fue Ricardo Darín.

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