entrevista con roberto Suárez

“El cine es algo fijo, y yo soy un bicho de teatro”

Hoy se estrena Ojos de madera, la primera película de un gran director de teatro uruguayo

Roberto Suárez
Roberto Suárez. Foto: Francisco Flores

Hoy se estrena Ojos de madera, en la Sala Nelly Goitiño, y con ella se cierra una etapa de más de 20 años, que fue lo que duró este largo proyecto liderado por Roberto Suárez.

En algo más de una hora, el espectador vive una pesadilla, que tiene algo de Luis Buñuel y algo de fantasmagoría fellinesca. Con muy buena fotografía, una historia triste muy bien contada. Tickantel, $ 180.

-¿Qué significa para vos estrenar Ojos de madera?

-Sacarme un peso de arriba. Fueron muchos años: la escribí a los 24, y tengo 47 años. Ya el contenido de la película había cambiado en mí. Por suerte, con la edición de Guillermo Casanova, pudimos hacer un acercamiento del contenido. El cine es algo fijo, y yo soy un bicho de teatro. Siempre quiero cambiar cosas.

-¿Por qué se llama Ojos de madera?

-Tiene que ver con el cuento de Pinocho. Hay algo cosificado en el protagonista. Un silencio, una inmovilidad de muñeco. Él no vive la vida, se la hacen vivir. Es muñeco del entorno.

-¿Cuándo nació la película?

-Tenía 20 y pico de años y fui a un cumpleaños infantil, y el payaso tenía como un peso siniestro. Y me hizo pensar cómo algo familiar se puede volver turbio, ominoso. Y eso me llevó a pensar en lo siniestro, de no pertenecer a tu familia.

-Hay actores en la película que ya han fallecido, como Elena Zuasti...

-Sí, varios actores fueron falleciendo en el transcurso de la película. Tiene algo de maldita. Nos pasaron muchas cosas.

-¿Por qué te interesa tanto el tema de la locura?

-Contando un extremo contás a lo humano. Lo pienso ahora. Cuando escribí Ojos de madera no pensaba así.

-¿Te pesaría que esta película deje al espectador triste?

-No. Es una película triste. Hoy, a mi edad, no haría esta película. Pero ya hecha, está bien así, que se lo banque.

-¿En la obra de teatro El hombre inventado sentís que alcanzaste un punto de excelencia?


-No, al contrario, la odié. Porque primó más lo estético que la profundidad conceptual. Más allá de que quiero mucho a todos los que participaron en el proyecto, hubo un enfrentamiento entre la institución y el concepto anárquico de la teatralidad.

-¿Volverías a trabajar con la Comedia Nacional?


-No. No volvería a trabajar con ningún grupo cerrado. Ahora lo digo: capaz que después cambio de opinión.

-¿Por qué en tu teatro suele haber animales?

-Creo que es la confrontación con el alma humana. Me gusta la ingenuidad del animal, en contraste con el alma perturbada del humano. También hay algo de sacrificio: el cerdo siempre va a ser sacrificado. Es natural en el humano asesinar al animal. Y no cualquier animal: el cerdo tiene una estética que es brutal. Vos mirás un cerdo y sabés que va a ser sacrificado, va a ser comido. ¿Existirá algún cerdo que muera de viejo? O el ganso, que tiene la elegancia del cisne pero no llega a cisne. ¿Pero por qué en nuestra escala tiene más valor un cisne que un ganso? El ganso es más sacrificable. Y los peces: los de colores están condenados a ser nuestra televisión. Eso de apagar las luces y prender la pecera. Una vida de espectáculo obligada. Me genera una gran simpatía teatral.

-¿Vas a seguir haciendo cine?


-No sé, más no que sí. Me gusta el cine pero mi gran pasión es el teatro.

planes

El espectáculo que dura un año y los autómatas

Roberto Suárez es uno de los grandes directores teatrales uruguayos, de los más innovadores. Y sus proyectos siempre van a más. “Una de las ideas que tenemos con mi equipo es rehabilitar el Teatro Odeón, lo vamos a reconstruir. Y allí vamos a hacer una serie de cinco obras, que se llaman Mi entierro, que es una secuencia teatral que dura un año. El espectáculo dividido en cinco partes”, adelanta Suárez sobre este plan que espera concretar en un año y medio, en el edificio de Paysandú 767.

El teatro de este artista sumerge al espectador en un mundo alienado, a veces fantasmagórico, en el que es común encontrar muñecos.

“Tengo ganas de trabajar para adultos, el mundo de lo inanimado. La idea es hacer un universo donde no hay humanos. Y sin embargo, poder contar una historia dramática. Y me gustaría que la manipulación esté detrás de la máquina. Y esa frialdad, ese universo siniestra del objeto con alma, nos parece interesante como una exploración del relato. El proyecto se llama Hugo, y es de autómatas. La historia va a ser muy divertida, y el espectáculo para una única persona. Vos te sentás en un carro y el carro te lleva por una casa, partiendo de la premisa que una casa tiene el mismo formato que una mente humana”.

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