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Blade Runner 2049: Cómo hacer una secuela y triunfar en el intento

Hoy se estrena un nuevo capítulo de uno de los clásicos del cine

Blade Runner 2049
Blade Runner 2049

la principal diferencia entre la primera y esta nueva versión es el tono. Blade Runner -la de 1982, la dirigida por Ridley Scott, la que es un clásico- era, con su diseño del futuro, su fotografía, la música de Vangelis y la mano de Scott, un film noir con detective que se topa con el tsunami de una femme fatale tirando a dócil. Ese alcance, el de vigorizar un género clásico, aportó lo suyo, para que Blade Runner sea una de las grandes películas de la historia de cine.

En Blade Runner 2049 todo es talle extra large: los escenarios, las ideas cinematográficas, las actuaciones, las pretensiones. Hay, otra vez, un detective, una femme fatale dócil (y mucho más virtual), un “halcón maltés” y un aire de serie negra, sí, pero la diferencia es el tono: la primera era intimista, ésta es expansiva.

Eso no es un juicio de valor. Para que quede en actas, Blade Runner 2049 es una gran película, una experiencia cinematográfica con un mazo de ases en la manga, donde las imágenes están diciendo cosas, ya sea con un escenario, la iluminación o, una vez más con la música.

(Perdon la interrupción pero Hans Zimmer es el creador de bandas de sonido más importante desde John Williams; este año metió Dunkerke y ahora ésta, las dos firmadas a medias con Benjamin Wallfisch, un heredero destacado).

Blade Runner 2049
Trailer de la pelícuila "Blade Runner 2049"

Como ya está avisado desde el título, la acción esta vez transcurre 30 años después de la primera. Las cosas no han mejorado y Los Angeles sigue siendo un lugar lluvioso, poluto, incluso más feo. Allí anda el detective de turno, K (Ryan Gosling), que es un caza replicantes que es, a su vez, un replicante.

Por las que no han andado por esas calles hay que avisar que los replicantes son unos cyborg bien humanos usados para distintos fines. Son en general inmortales pero no tienen nada que ver con Terminator: pueden ser emotivos, vulnerables, mesiánicos, sensuales y, si la ocasión lo amerita, letales.

K carga con algunos de esos estados de ánimo. Trabaja para una entidad de gobierno que intenta eliminar a los replicantes díscolos y que tiene el rostro de Robin Wright, o sea Claire Underwood de House of Cards. Su némesis es una corporación, Wallace, que es presidida por un Jared Leto ciego en plan The Matrix.

Nuestro héroe, siempre acompañado por su novia de holograma Joi (Ana de Armas), va tras una anomalía: el hijo de una replicante, una contraindicación que no venía incluida en el manual de fábrica. El Estado tiene interés en que eso no se difunda y por eso manda un cazareplicantes tan aplicado y la empresa privada quiere explotar la novedad y por eso manda a una asesina implacable, Luv (Sylvia Hoeks).

Se sabe, porque ha sido una de las estrategias de marketing, que en alguno momento se cruza con Rick Deckard, el cazador ahora retirado interpretado, otra vez, por Harrison Ford. También aparecen actores e imágenes de la primera parte y varias escenas de aquella, valga la redundancia, replicadas.

Blade Runner 2049. Foto: Difusión
Villeneuve, Scott, Ford y Gosling en una pausa de la filmación. Foto: Difusión

Para contar eso, el director Dennis Villeneuve se aprovecha de que es uno de los grandes narradores cinematográficos de hoy. Desde su primera película (Polytechnique, de 2009), este canadiense ha ido asentando un estilo que tiene tanto de Kubrick como de Christopher Nolan). Con Incendios, La sospecha y Enemy consolidó su potencial, y se elevó a la categoría de maestro con Sicario y La llegada, los últimos capítulos de una saga que puede leerse como un estudio de la condición humana desde lo mundano a lo divino.

El valor más notorio de su cine, es la imaginación visual al servicio de una historia tanto intimista como tirando a universal. En algunos casos se ha apoyado en sus fotógrafos (Roger Deakins en Sicario y Enemy) o en sus directores de arte (Patrice Vermette en La llegada, por ejemplo).

Blade Runner 2049 con Deakins en la cámara y el diseño de producción a cargo de Dennis Gassner (otro canadiense que tiene un Oscar por Bugsy y otras tres nominaciones), la película se asegura una pinta atrapante. Es así que el uso de los colores, de las luces, de unos escenarios de mirada panorámica, la desolación de un mundo (las ruinas de Las Vegas es una obra maestra en sí misma), es una parte fundamental del encanto de Blade Runner 2049, una experiencia arrebatadora que, conviene avisar, roza las dos horas y media. Serán, eso sí, las dos horas y media mejor invertidas en cine en un buen tiempo.

Esa duración hubiera sido más leve, cierto, si se hubieran resumidos algunos detalles, alguna línea de acción y concesiones comerciales que bien podrían haberse evitado, Pero Blade Runner 2049 es una fiesta. Y se sabe que incluso las grandes fiestas pueden tener algún ratito de tedio. Acá, igual, escasean.

Como en la de 1982, una parte importante del encanto se lo lleva su visión de un mundo posapocalíptico, en los que un árbol es una rareza y Los Angeles, una gran favela. Las esposas maternales pero virtuales, la omnipresencia de la publicidad, el control gubernamental, y el insaciable apetito de una corporación liderada por un megalómano son hoy, eso sí, más fáciles de avizorar que algunos de los pronósticos de la original.

Algunos intentos de darle un contenido religioso a la historia (que Villeneuve dejaba más claro en La llegada) van quedando diluidos. Están claras, eso sí, las implicancias de una historia que tiene a una madre inesperada concibiendo a un hijo que podría liderar a una nueva raza.

A Villeneuve, sin embargo, esta vez le interesa concentrarse en la historia y en cómo contarla y es allí, donde Blade Runner 2049 excede la categoría de secuela digna: es una gran película por sí misma. Igual de bella, igual de preocupante.

Villeneuve Del futuro al pasado más remoto

El director canadiense Denis Villenueve, uno de los directores más cotizados de Hollywood en la actualidad, podría pasar de un futuro distópico al Antiguo Egipto. Ayer se supo que después de Blade Runner 2049, Villeneuve negocia dirigir una película sobre Cleopatra. Es un viejo proyecto de Sony por el que ya han pasado directores como James Cameron, David Fincher o Ang Lee. Y también se hablaba mucho de que Angelina Jolie interpretaría a la reina egipcia, aunque no está claro que ahora siga siendo la opción principal para ser la protagonista.

Crítica

Blade Runner 2049 [****]

Estados Unidos/Reino Unido/Canadá, 2017.
Dirección: Dennis Villeneuve.
Guión: Hampton Fancher y Michael Green, sobre una historia de Fancher sobre personajes creados por Philip K. Dick
Fotografía: Roger Deakins.
Música: Benjamin Wallfisch y Hans Zimmer.
Diseño de producción: Dennis Gassner.
Con: Ryan Gosling, Robin Wright, Mark Arnold, Ana de Armas, Jared Leto.
Duración: 143 minutos.
Estreno: 4 de octubre.

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