Cine

8 Apellidos catalanes: esa exitosa fórmula española

La secuela de "8 Apellidos vascos" se estrena hoy en Uruguay; El País habló con su director.

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8 Apellidos catalanes fue la película más taquillera de 2015 en España.

La película más vista de 2015 en España no fue Star Wars: El despertar de la fuerza , ni Los juegos del hambre-Sinsajo o la de los Minions, sino que fue 8 Apellidos catalanes, la secuela de 8 Apellidos vascos (2014), uno de los largometrajes más exitosos de ese país (el tercero más visto en la historia de España). 8 Apellidos catalanes se estrena hoy en Uruguay, donde la anterior también fue uno de los grandes éxitos de la temporada pasada.

Desde acá, igual, puede parecer un fenómeno difícil de entender. Ambas son comedias sencillas, de desencuentros y romance, como tantas. Pero la clave está en su humor teledirigido hacia el español. Vistas por un uruguayo que no conozca mucho de la cultura española o de su historia, varios chistes pierden su gracia y otros tantos se quedan por el camino por la pronunciación cerrada de los actores.

Las dos películas se centran en las diferencias culturales entre andaluces, vascos y catalanes. Aunque claro, en ambas el amor puede más que la rivalidad entre las regiones. En la primera, Rafa (Dani Rovira), que nunca ha dejado Andalucía, sigue a Amaia (Clara Lago) hasta el País Vasco. Allí deberá hacerse pasar por vasco para ganarse la aprobación de Koldo (Karra Elejalde), el padre de su novia.

En la segunda parte Amaia y Rafa se han separado, pero él no ha podido olvidarla y planea reconquistarla. Sin embargo ella está comprometida con Pau (Berto Romero), un catalán soberbio y con un estilo entre new age y hipster. El casamiento inminente no hace más que darle coraje a Rafa, que viaja hasta Cataluña, donde se celebrará la boda para intentar reconquistar a su chica.

Pero no es un casamiento cualquiera. Pau le ha hecho creer a su abuela Roser (Rosa María Sardá), que Cataluña finalmente es independiente y que el matrimonio entre él y Amaia será el primero desde que Cataluña se separó de España. Mantener esa mentira será todo un dolor de cabeza.

A su vez Koldo, que se enamoró de la madre de Rafa, Mercedes (Carmen Machi) en la primera, deberá recuperarla en la segunda. Además se suma un enredo amoroso con la organizadora de la boda (Belén Cuesta).

Si se quitan todos los detalles de las regiones de España y se hace una remake con actores estadounidenses o británicos, la película perdería todo su encanto. Los mejores momentos se centran en esa rivalidad catalana/vasca/andaluza.

Por ejemplo, cuando se dice que en la boda se le va a hacer un boicot a todos los productos españoles, salvo al jamón serrano y el vino. O cuando Rafa intenta hablar en catalán simplemente dejando las palabras sin terminar.

También tiene la virtud de estar bien actuada, sobre todo por Elejalde, al que el personaje de bruto pero con un corazón de oro le sienta perfecto (la escena en la que intenta hacer palmas de flamenco es de lo mejor de la película), y por Romero, que hace de un artista moderno y casi hipster, el personaje más universal de la película.

Tampoco hay que dejar de lado el trabajo de los guionistas (Borja Cobeaga y Diego San José) y del director, Emilio Martínez Lázaro, que supieron ver que los españoles necesitaban una comedia que les hablase a ellos.

Más allá de que la película sea buena o no, el hecho de que sea una historia global pero a la vez local, que hace que los espectadores se sientan identificados, es un mérito. Y además lo hicieron bien y lograron reírse de un tema que tiene su lado oscuro y que ha dejado una herida en el país.

El riesgo es que el resto del mundo no la entienda.

A días de su estreno en Uruguay y a meses de haber batido récords en España, como el de la película más vista de 2015 o ser el estreno más exitoso del año, Emilio Martínez-Lázaro, su creador y director, contestó un cuestionario de El País vía e-mail.

—8 Apellidos Catalanes es la película más vista de 2015 en España, ¿te parece que la crisis ha influido para que el público se incline a la comedia?

—Puede que algo, pero semejantes cifras indican que hay algo más. Otras comedias han ido tan mal como siempre.

—¿Cree que es necesario hacer películas de comedia que le haga al público olvidarse un poco de la realidad?

—No. Es una cuestión de elección, al menos para mí. Y desde luego, nada más lejos de mis intenciones que intentar que el público olvide la realidad. Precisamente estas comedias se basan en aspectos muy conflictivos de la realidad española.

—¿Se planteó en algún punto volverla más universal o siempre apuntó más que nada al público español? ¿Cómo fue la recepción en otros países?

—Forzosamente se ve en España de otra manera más intensa. Aquí es donde suceden esos conflictos. Pero el humor de la película es universal. Está basado generalmente en algo tan esencial a la cultura de occidente como por ejemplo las primeras comedias del sonoro en Estados Unidos. Son conflictos románticos y de identidad territorial y cultural. Algo que pasa en numeroso países, aunque no en todos, desde luego.

—El personaje de Berto Romero, Pau, es el más universal, una especie de hipster, ¿dónde ha encontrado inspiración para crearlo?

—En Cataluña hay hipsters. Pero en Madrid también, y en otras ciudades. Nunca me baso en la sociología elemental para construir los personajes. Aunque no descarto que inicialmente la idea del hipster en el guión viniera de retratar al catalán moderno.

—La secuela tiene más personajes principales, más desencuentros. ¿Es un desafío poder profundizar en los seis? ¿Fue más difícil de rodar?

—Tiene las dificultades propias de una mayor complejidad de personajes y situaciones con idéntico tiempo de proyección. Pero la primera tenía la enorme dificultad de su sencillez. Seguramente es más difícil lo de la primera.

—¿Está pensando en una tercera parte?

—De momento tengo otro proyecto, y luego ya veremos.

Un director experiente y popular en España.


Emilio Martínez- Lázaro nació en 1945 en Madrid y comenzó a hacer películas en 1971, cuando codirigió Pastel de Sangre. El éxito llegaría poco después, en su segundo largometraje, Las palabras de Max (1978), que fue saludada por la crítica y ganó un Oso de Oro a Mejor Película en el Festival de Berlín.

Después de sus inicios en el género de terror y drama, se volcó a la comedia. Desde entonces ha estado asociado a las comedias familiares, ligeras y sencillas. En años recientes se ha vuelto uno de los directores que más ha conectado con el público español, logrando récords de taquilla con sus últimos trabajos. Las comedias musicales El otro lado de la cama (2002) y Los 2 lados de la cama (2005) tuvieron buena recaudación, pero bastante inferior a lo que fue el fenómeno de 8 Apellidos vascos.

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