Juliette Binoche

Una actriz en una tradición bien francesa

Se estrenó Un bello sol interior, la nueva de la actriz francesa y dirigida por Claire Denis

Juliette Bunoche en Un bello sol interior
Juliette Bunoche en Un bello sol interior

Las estrellas de cine francesas tienen ese qué sé yo. A diferencia de sus colegas de Hollywood, son capaces de combinar los esparcimientos comerciales con los productos prestigiosos. Son tan versátiles como para prestigiar a inversionistas y darle atractivo comercial a los artistas. Ningún director resiste a trabajar con ellas, su talento es innegable, su carisma exquisito y siempre se ganan una categoría aun más exclusiva: musa.

Juliette Binoche es una de ellas, como antes lo fueron Brigitte Bardot, Jeanne Moureau, Catherine Deneuve o Isabelle Huppert. La lista puede llegar a ser más extensa.

Binoche, quien este fin de semana está estrenando en Uruguay, Un bello sol interior de la siempre interesante Claire Denis, ha trabajado con los más grandes y de algunos de ellos se la ha considerado musa. Filmó con Godard, Haneke, Kieslowski, Assayas. Carax, Hsiao-Hsien Hou y Kiarostami, a los que ahora va a sumar a Naomi Kawase. Pocas actrices tienen ese prontuario.

Binoche no para de trabajar y muchos de sus futuros proyectos la vuelven a juntar con directores prestigiosos. Estará en las nuevas de Patrice Leconte (L’art du compromis), Olivier Assayas (E-book), la japonesa Naomi Kawase (Vision) y otra con Claire Dennis, una de ciencia ficción con Robert Pattinson, High Life.

Denis, la directora de Un bello sol interior, está en esa divisional. La crítica internacional, reunida en una encuesta organizada por la BBC, ubicó su White Material de 2009 entre las 100 mejores películas del siglo XXI. Quedó en el puesto 97 lo que es un poco injusto. En todo caso, en esa lista podrían estar 35 Rhums, El intruso, Les Salauds y, extendiendo un poco el plazo, Buena tarea que es de 1999 y es buenísima. Un sol brillante es su primera película con Binoche y en el elenco también está Gerard Depardieu.

“El cine me da placer, ciertamente”, le dijo Denis a The Guardian hace unos años. “Pero para mi hacer películas es un viaje a lo imposible. Cuando hago una película, tengo que ser como un comandante militar, estar a cargo de cada estrategia y cada táctica, pero nunca sé realmente, hacia donde voy”.

Juliette Binoche nació en París de una familia artística. Lo suyo era la actuación y a los 23 trabajó con Godard en la controversial Yo te saludo, María, donde tenía un papel secundario. Su primer protagónico sería su Anna de Mala sangre, el melodrama moderno de Leos Carax, con quien también hizo Los amantes de Pont Neuf.

En 1988 haría su primera película para Hollywood, la adaptación de la novela de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser. Esa carrera transoceánica le permitiría ganar un Oscar por El paciente inglés en 1996 pero también trabajar en la última Godzila, lo que sería una excpeción rara en su trayectoria.

El paciente inglés
Una escena de "El paciente inglés", la película que le dio un Oscar a Binoche

Se sabe, en todo caso, que rechazó Jurassic Park para trabajar con el polaco Krzysztof Kieslowski en la trilogía Bleu-Blanc-Rouge y desde entonces se volvió una de las más grandes estrellas del cine francés de todos los tiempos.

“No es una comedia, pero tampoco una tragedia”, dijo Binoche en Cannes durante la presentación de Un bello sol interior. “Es una mirada sincera sobre nuestro intento de alcanzar al otro”. Su personaje estaba buscando el amor perfecto, aunque se da cuenta que es una meta difícil.

La película, que en Cannes se llevó el premio a la dirección en la sección Quincena de Realizadores, fue recibida como una comedia americana a lo Nancy Meyers (la de Alguien tiene que ceder), algo inédito para Denis.

La crítica internacional ha saludado ese nuevo rumbo de Denis, y ha elogiado la dosis de humor que tiene una película que también podría tener todo un lado dramático.

“Hay gente que también se ríe en los entierros”, dijo Binoche, quien tiene 53 años, sobre las carcajadas que generó Un bello sol interior en Cannes. “Cuando suceden cosas trágicas, suele surgir ese tipo de risa. A mí me parece bonito que nos reconozcamos en la película. En el fondo, eso es lo único que nos une: las emociones que podemos sentir unos y otros son muy parecidas”.

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