Andrea Ghidone
Qué lindas las chicas, ¿no? No saben lo bien que se llevan…”, dice irónica Carmen Barbieri, tras la presentación de las vedettes de Fantástica, en el monólogo con el que da la bienvenida al público que llenó el teatro Atlas de Mar del Plata. Gracias a los programas de espectáculo de la tarde, todos saben perfectamente cómo se llevan las chicas de Barbieri, así que el comentario logró su objetivo y fue festejado por el público. Queda una semana para que la temporada de verano llegue a su fin en La feliz y, aunque no lo diga, el rostro de una de esas chicas denota alivio, porque tendrá unos días –no muchos- de descanso antes de iniciar la temporada en Buenos Aires. Y no es por formar parte del “Eje del mal”, que fomentó la ida de Silvina Escudero del elenco. Ocurre que pasaron más de tres meses desde el debut de esta revista y si bien Andrea Ghidone –la chica en cuestión- disfruta cada una de las dos funciones diarias de Fantástica como si fuera la última, reconoce que el ritmo de vida en este último tiempo la tiene agotada entre los compromisos laborales asumidos y su rol de madre de Natasha, de apenas tres años. Sábado Show interrumpió la rutina de Ghidone en Mar del Plata. Un café ubicado en la transitadísima Avenida Güemes de esa ciudad fue el punto de encuentro para conocer un día en la vida de una vedette. —En dos temporadas de teatro de revista, ¿ya se siente reconocida por la gente? —No sé si tanto. Es verdad que la gente me reconoce en la calle porque salgo en televisión, pero por ahora puedo caminar sola. No te diría lo mismo si es en enero, que es una época en la que no se puede caminar por ninguna parte de la ciudad por la cantidad de gente que hay. —Más allá de los escándalos mediáticos, la vida de vedette parece ser la envidia de aquella gente que se levanta a la seis de la mañana a trabajar en una fábrica, ¿lo siente así? —Para mí es un sueño, aunque sería un error pensar que lo nuestro es ir al teatro un rato y después sólo nos preocupamos por estar lindas. No es así. Ahora termina la temporada y estamos muy cansadas. Hay que tener en cuenta que llego al teatro a las 7 de la tarde y salimos a las 3 de la mañana. Después hay que cenar y no llegás a tu casa antes de las 5 de la mañana. Este ritmo es así durante seis días de la semana y los lunes, que es libre, hay sesiones de fotos, móviles para los programas de espectáculo y no hay descanso. —Y además es mamá… —Exacto. Y como toda madre quiero dedicarle tiempo a mi hija. Por eso, prefiero dormir poco y aprovechar el tiempo libre que tengo para estar con ella. —¿Cuánto afecta la distancia en todo esto? —Si no contara con mi hermana (Alejandra) que vino de Uruguay para acompañarme acá, con su hija de ocho meses, este sueño hubiera sido imposible de cumplir. La familia es fundamental para el artista. —¿Cuántos veranos más se imagina haciendo temporada de teatro? —Además de vedette, tengo un arma que es la actuación y confío en que me mantendrá vigente en el ambiente. Soy una convencida que hay que reciclarse, porque las curvas no las tenés toda la vida. Por suerte, Santiago (Bal) me dio la oportunidad de hacer un monólogo en este espectáculo porque sabe que soy buena en la actuación. —Da la impresión que una vedette tiene el techo muy bajo. —-Lógicamente, una vez que llegás a revistas como Fantástica, es posible que la mayoría se pregunte qué hará en cinco, diez años o menos. A diferencia de lo que ocurre con un futbolista que, si es bueno, termina en una Liga de Europa, para mí sería imposible llegar al Lido de París porque, para empezar, tengo que medir un metro setenta y cinco. Y sin tacos. Por eso insisto en que las vedettes debemos reciclarnos desde lo artístico. Al menos, es más importante que lo que muchas piensan. Mirá a Moria... —A propósito, ¿cómo toma los elogios de figuras como Reina Reech, luego de verla en la revista? —Cuando me enteré se me erizó la piel, porque se trata de una persona con la que nunca tuve trato y sin embargo tuvo el gesto de elogiarme. Tanto ella como Moria son los ejemplos que tomo en el momento de armar mi carrera, porque han sabido buscar nuevos rumbos y les fue muy bien. —¿Las considera referentes? —No tengo ningún referente, aunque siento un profundo cariño por figuras como China Zorrilla. Me parece admirable que pese a su condición de uruguaya se haya mantenido vigente durante tanto tiempo. —¿Y Carmen Barbieri? —Es un persona que aprendió mucho sobre la marcha y eso le permitió confirmar el éxito de Vedettísima con Fantástica. Ahora hizo lo mismo con Bravísima: pese a que será la obra del próximo verano, la gente ya habla más de Bravísima que de Fantástica. —Y de los escándalos, ¿están armados? —En Fantástica puedo jurarlo por mi hija que no hay nada armado. Lo que pasa es que se producen por el cúmulo de viejos problemas jamás resueltos. Cuando estallan, los perjudicados somos todos los que estamos ahí. Por ejemplo, cuando Matías Alé y Silvina Escudero faltaron sin aviso fue un caos. Tuvimos que cambiar todo sobre la marcha y hasta ahora no sé como logramos salir a escena. —¿La gente toma partido en los escándalos? —Me han pasado cosas muy graciosas a la salida del teatro con la gente que te espera para sacarse fotos. Es muy común que una persona te pida sacarse una foto con vos e insulte a la vedette que vos no te llevás bien y, a los dos segundos, hace lo mismo pero al revés. Son reglas del juego.
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